El calor ya no es solo una incomodidad veraniega. Es una amenaza con cifras concretas. Solo en agosto de 2025, la Comunitat Valenciana registró 204 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas, un 20% más que el año anterior. Y el verano de ese mismo año dejó una semana negra —del 18 al 24 de agosto— en la que el calor se cobró la vida de 112 personas en apenas siete días. Con ese telón de fondo, la Generalitat Valenciana ha presentado la Red de Espacios Climáticos, una iniciativa que aspira a convertir bibliotecas, parques, centros culturales y piscinas en auténticos refugios ante las olas de calor.
La iniciativa fue presentada en una jornada divulgativa organizada por la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, con la participación de la secretaria autonómica de Medio Ambiente, Sabina Goretti Galindo, el director general de Calidad y Educación Ambiental, Jorge Blanco, y la investigadora del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) Samira Khodoyar. El acto supone el pistoletazo de salida oficial de la red, que se desarrollará en colaboración con los ayuntamientos de la comunidad.
"Esta iniciativa va destinada a reforzar la protección de la ciudadanía ante los efectos, cada vez más intensos, de las olas de calor y otros fenómenos asociados al cambio climático." - Sabina Goretti Galindo, secretaria autonómica de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana
Anticiparse antes de que llegue la emergencia
La lógica detrás de la red es sencilla pero poderosa: no esperar a que llegue la crisis para actuar. La mayoría de las víctimas de las olas de calor son mayores de 65 años, un colectivo que evidencia una alta vulnerabilidad frente a las temperaturas extremas. Pero el riesgo no se limita a ese grupo. Las personas de mediana edad también se ven afectadas cuando se combinan temperaturas muy altas con posibles factores de riesgo previos. La Red de Espacios Climáticos, precisamente, pone el foco en esas personas que no siempre tienen acceso a un aire acondicionado en casa o que viven solas sin una red de apoyo cercana.
Durante la jornada, los ponentes coincidieron en que el objetivo es "anticiparse a las situaciones de emergencia y garantizar la disponibilidad de espacios seguros, accesibles y preparados para ofrecer confort térmico". Una frase que, en la práctica, significa que cualquier ciudadano pueda saber, cuando el termómetro se dispare, adónde ir y que ese lugar esté preparado para recibirle.
Un mapa de dos tipos de refugios: del parque a la biblioteca
La red contempla dos grandes categorías de espacios. Por un lado, los exteriores: parques, piscinas, zonas verdes y equipamientos deportivos. Por otro, los interiores: bibliotecas, locales sociales y centros culturales. La distinción es importante porque no todos los episodios de calor son iguales. El exceso de calor nocturno, con mínimas por encima de los 25 ºC en muchas zonas, y la persistencia de las máximas por encima de los 40 ºC agravan especialmente la situación, y los expertos subrayan que la mortalidad se dispara cuando las olas de calor son largas, intensas y sin descanso nocturno. En esos casos, un local cerrado y climatizado puede marcar la diferencia.
El sistema ya cuenta con sus primeros integrantes: el Parque El Ullal de Bovetar, en Guardamar de la Safor, y la zona deportiva Colomer, en Traiguera. Dos ejemplos que ilustran la variedad geográfica que se pretende alcanzar, y que serán el punto de partida de una red llamada a crecer progresivamente con la incorporación de más municipios.
El papel clave de los ayuntamientos
Uno de los pilares del proyecto es el protagonismo que se otorga a las administraciones locales. La secretaria autonómica subrayó el "papel esencial" que los ayuntamientos desempeñan en la implantación de la red, porque su conocimiento del territorio y de las necesidades reales de cada comunidad permite adaptar los recursos a la realidad de cada municipio. No es lo mismo el calor en el interior de Castellón que en la costa de Alicante. Los municipios del interior de Valencia y Castellón han registrado temperaturas extremas, mientras que en la costa el bochorno ha agravado la falta de alivio térmico. La respuesta, por tanto, no puede ser uniforme.
Goretti Galindo incidió también en que la iniciativa "refuerza la cohesión territorial y la equidad social", al promover que toda la ciudadanía, con independencia de su lugar de residencia, pueda disponer de espacios de protección climática durante los episodios de temperaturas extremas. Una declaración de intenciones que apunta a uno de los grandes debates del urbanismo actual: el acceso desigual al confort térmico según el barrio, el municipio o la renta.
Marco legal y visión de futuro
La Red de Espacios Climáticos no surge de la improvisación. Se enmarca en la Ley 6/2022, de Cambio Climático y Transición Ecológica de la Comunitat Valenciana, y en el Decreto 150/2025 del Consell, que regula específicamente la creación de estos espacios mediante la colaboración entre la Generalitat y los ayuntamientos. Una arquitectura legal que da estabilidad al proyecto y lo convierte en algo más que una campaña de verano.
La red no es solo un inventario de lugares frescos: es una apuesta por rediseñar el uso del espacio público con criterios de salud y sostenibilidad. Contribuirá, según sus impulsores, a fomentar una cultura de corresponsabilidad y cuidado colectivo frente al cambio climático. Y en un territorio que aún no ha terminado de procesar el impacto de la dana de noviembre de 2024, la iniciativa llega cargada de simbolismo: la Comunitat Valenciana no solo quiere aprender a gestionar los desastres cuando llegan, sino construir los sistemas que los anticipen. Mientras las cifras marcan récords de mortalidad, el reto es evidente: la Comunitat Valenciana debe prepararse para un futuro en el que las olas de calor serán cada vez más largas e intensas.


