Valencia tiene un nuevo proyecto cultural en marcha. El Ayuntamiento ha presentado este lunes el futuro Auditorio de Benicalap, un edificio musical de más de 2.550 metros cuadrados construidos que acogerá a la Banda Sinfónica Municipal de València, a las sociedades musicales del barrio y a las entidades vecinales. La alcaldesa María José Catalá anunció que la licitación de las obras se aprobará este viernes en la Junta de Gobierno Local, con el objetivo de iniciar los trabajos de construcción a principios de 2027 y un plazo de ejecución de nueve meses.
El nuevo recinto se convertirá, según el Ayuntamiento, en la segunda gran infraestructura musical municipal de la ciudad, solo por detrás del Palau de la Música. Una ambición que no parece exagerada si se repara en los números: la sala principal tendrá capacidad para 425 espectadores distribuidos en dos niveles —platea baja y alta— y un escenario concebido expresamente para albergar una banda sinfónica completa. No es un auditorio de barrio al uso; es, en palabras de la propia alcaldesa, un segundo Palau de la Música.
"Será la segunda gran infraestructura musical de nuestra ciudad: un segundo Palau de la Música para la ciudad de la música y en el barrio de la música; y eso no es una casualidad." - María José Catalá, alcaldesa de València
Una institución centenaria con sede propia por fin
El dato que quizá más llama la atención de este proyecto es su destinataria más ilustre. La Banda Sinfónica Municipal de València nació en el año 1903, de la mano del entonces concejal Vicente Ávalos Ruiz, quien propuso al maestro Salvador Giner la creación de la agrupación bajo la dirección de Santiago Lope. Más de 120 años después, la banda sigue sin tener una sede propia a la altura de su trayectoria. En el año 2002, el Ayuntamiento le concedió la Medalla de Oro de la Ciudad; en 2003 recibió la Corbata de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio; y también atesora la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la más alta condecoración concedida por el Estado español. Un palmarés que contrasta con la ausencia de un espacio propio. Desde su fundación, la banda ha desarrollado una gran labor sociocultural que incluye ciclos de conciertos en el Palau de la Música, participación en fiestas populares y religiosas, y giras nacionales e internacionales. El nuevo auditorio aspira a remediar esa carencia histórica.
Catalá lo resumió con claridad: se trata de una institución centenaria que merece unas instalaciones "al nivel de la excelencia artística que representa". El edificio, que se levantará frente a las instalaciones de Jubiocio, estará también a disposición de todas las sociedades musicales de Benicalap, un barrio con una densa y arraigada vida musical que hasta ahora no disponía de un espacio de estas características.
De 1.000 a 2.550 metros cuadrados: cuando escuchar a los vecinos importa
El proyecto que se ha presentado no es el que se diseñó en origen. Tras analizar las necesidades reales para conciertos y ensayos de gran formato, y después de recoger las aportaciones de la Asociación Vecinal de Benicalap, el edificio creció de forma notable. La superficie construida pasó de los 1.000 metros cuadrados previstos inicialmente a más de 2.550, con una superficie útil total de 1.932 m². La capacidad del recinto también aumentó, y se incorporaron los espacios necesarios para garantizar unas prestaciones acústicas de primer nivel. Es uno de esos casos poco frecuentes en los que la participación ciudadana cambia de verdad el resultado final.
El edificio se distribuirá en cuatro plantas —tres sobre rasante y una de sótano— con una lógica funcional bien definida. En el sótano se concentrará el núcleo escénico principal: escenario, platea baja y camerinos. La planta baja albergará el vestíbulo, la platea alta, una sala polivalente y los espacios de uso vecinal. La primera planta se destinará a trabajo, administración y formación —con aulas, oficinas y salas de reuniones—, y la segunda planta acogerá las zonas técnicas y de descanso para el personal.
Un nodo cultural para transformar el barrio
La ubicación no es casual. El nuevo auditorio se situará junto a Jubiocio y la Biblioteca Municipal Carmen Sánchez Cutillas, configurando lo que el Ayuntamiento describe como un gran núcleo de actividad cultural y social. La idea es que estos tres equipamientos actúen como un polo de atracción capaz de vertebrar la vida del barrio y generar nuevas dinámicas urbanas. En definitiva, no se trata solo de construir una sala de conciertos: se trata de apostar por Benicalap como nueva centralidad cultural de la ciudad.
El acceso al edificio estará pensado para que convivan distintos usos sin interferirse: habrá una entrada para el público del auditorio, otra restringida para músicos y personal, y una tercera entrada independiente para la zona vecinal. Así, el espacio podrá funcionar simultáneamente como sala de conciertos, centro de ensayo y punto de encuentro comunitario. Para una ciudad que lleva décadas construyendo su identidad alrededor de la música —desde las fallas hasta los grandes certámenes de bandas—, el nuevo auditorio de Benicalap no es un equipamiento más. Es, en cierta medida, la confirmación de que esa identidad también merece una infraestructura que la sostenga en el día a día de los barrios.


