València combate la procesionaria del pino con feromonas en lugar de pesticidas: así funciona el método que engaña a los insectos

El Ayuntamiento de València prueba feromonas de confusión sexual en 22 jardines para frenar la procesionaria del pino sin plaguicidas.

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Trabajos contra la procesionaria
Trabajos contra la procesionaria
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El Ayuntamiento de València ha dado un paso inusual en la gestión de sus parques y jardines: en lugar de fumigar, ha optado por engañar. Los días 13 y 14 de julio, entre las cinco y las ocho de la madrugada, operarios municipales aplicaron feromonas de confusión sexual en 22 ubicaciones repartidas entre jardines y zonas de arbolado viario de la ciudad para combatir la oruga procesionaria del pino, una de las plagas más persistentes y molestas de los espacios verdes urbanos.

Un truco digno de la naturaleza

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es fácilmente reconocible por sus largas filas de orugas desfilando en hilera desde los pinos hasta el suelo, donde se entierran para transformarse en mariposas. La mariposa pone sus huevos en las acículas de los pinos y, al mes, nacen las orugas que se agrupan en bolsas. Su presencia no es solo un problema estético: los pelos urticantes de estas orugas pueden provocar reacciones alérgicas graves en personas y animales domésticos, lo que las convierte en una amenaza real en zonas frecuentadas por vecinos.

El método tradicional para atajarla ha sido siempre el tratamiento fitosanitario con plaguicidas. Pero eso tiene un coste ambiental. La alternativa que ahora prueba València funciona de forma radicalmente distinta: consiste en instalar unas trampas que llevan en su interior una pequeña cantidad de feromonas sexuales que imitan las que producen las hembras de procesionaria, atrayendo a los machos e impidiendo que se apareen. Sin reproducción, la plaga no prospera. Al ser atraídos por la feromona, los machos quedan atrapados, lo que reduce significativamente la población de la plaga.

"Seguimos incorporando soluciones innovadoras que nos permiten proteger el arbolado de València mediante la aplicación de técnicas novedosas" - Mónica Gil, concejala de Parques y Jardines del Ayuntamiento de València

Madrugada en los parques: por qué a las cinco de la mañana

La elección del horario no fue casual. Los trabajos se ejecutaron en la franja horaria de las 5:00 a las 8:00 horas, una decisión tomada para minimizar las molestias a los ciudadanos y garantizar la correcta ejecución del tratamiento en los espacios públicos. A esa hora, parques y bulevares están prácticamente desiertos, lo que permite actuar con más libertad y precisión sobre el arbolado.

Las 22 ubicaciones intervenidas abarcan tanto jardines como zonas de arbolado viario, es decir, los pinos que pueblan aceras, paseos y avenidas de la ciudad. La prueba piloto permitirá evaluar la eficiencia de esta técnica en diferentes tipos de entornos urbanos, algo fundamental antes de plantearse su extensión a futuras campañas de control.

Menos química, más inteligencia biológica

Este método es ideal para la gestión ecológica, ya que no utiliza productos químicos nocivos. En un contexto en el que los ayuntamientos están bajo creciente presión para reducir el uso de pesticidas en los espacios públicos —especialmente en zonas frecuentadas por niños y mascotas—, apostar por la confusión sexual supone alinearse con una tendencia que ya llevan años aplicando otros sectores, como la agricultura ecológica en viñedos y frutales.

La concejala Mónica Gil ha subrayado que el nuevo sistema "actúa de forma selectiva sobre la plaga y supone un paso más hacia una gestión más eficaz" del arbolado urbano. La selectividad es, precisamente, una de las grandes ventajas de las feromonas frente a los insecticidas convencionales: solo afectan a la especie diana, sin dañar insectos beneficiosos como las abejas o los auxiliares naturales de la plaga.

Si los resultados del piloto son positivos, València podría incorporar esta técnica de forma permanente a sus campañas anuales contra la procesionaria. No sería la primera ciudad en hacerlo, pero sí una señal clara de que la gestión del verde urbano está cambiando de mentalidad: de combatir la naturaleza con química, a usar la propia lógica de la naturaleza para mantenerla en equilibrio.