València adjudica por 1,9 millones el camino que unirá el jardín del Túria con el mar: ocho meses para cerrar una herida histórica

El Ayuntamiento de València adjudica por casi 1,9 millones el camino ciclopeatonal de 1,3 km que unirá el jardín del Túria con la fachada marítima. Las obras durarán ocho meses.

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Durante décadas, el jardín del Túria ha sido el pulmón verde de València: once kilómetros de parque urbano nacidos sobre el antiguo cauce del río que la ciudad ganó al tráfico tras las inundaciones de 1957. Pero siempre ha tenido un problema: se acaba antes de llegar al mar. Ahora, por fin, eso va a cambiar. El Ayuntamiento de València ha adjudicado las obras del camino ciclopeatonal que unirá el tramo final del jardín del Túria con el puente de Astilleros, abriendo así un corredor verde continuo entre el parque de Cabecera y la fachada marítima de la ciudad. Las obras, presupuestadas en 1.874.423,25 euros, deberán concluirse en un plazo de ocho meses.

Un recorrido de 1,3 kilómetros para tres distritos

La nueva senda tendrá una longitud aproximada de 1,3 kilómetros y un ancho variable entre 3 y 6 metros, suficiente para que convivan peatones y ciclistas sin estorbarse. El itinerario unirá barrios como Penyaroja y el entorno del puente de Astilleros, conectando los distritos de Poblats Marítims, Camins al Grau y Quatre Carreres. Para muchos vecinos de Nazaret y La Punta, zonas históricamente castigadas por infraestructuras industriales que daban la espalda al río, supone una conexión que llevan años reclamando.

La senda partirá del margen izquierdo del antiguo cauce, a la altura de la calle 3 d'abril de 1979, cruzará con una pasarela metálica de 54 metros el canal y continuará por el PAI de les Moreres, hasta bifurcarse en itinerarios peatonal y ciclista en el edificio de Canta-ranes. En el margen derecho, el camino pasará por debajo del puente ferroviario a través de un paso inferior que se acondicionará para mejorar su accesibilidad y su integración ambiental. No es un detalle menor: en ese punto confluyen gran parte de los colectores de la ciudad, y el nivel del agua puede variar de forma notable en episodios de lluvia. El proyecto incluye una pasarela metálica de 54 metros que cruzará el antiguo cauce del Túria sin afectar su capacidad hidráulica.

Iluminación solar, zonas de descanso y prioridad para los peatones

La senda contará con zonas de descanso cada 50 metros, iluminación solar, arbolado y pasarelas metálicas para cruzar el canal. La iluminación incluirá sensores de presencia que la intensificarán en los tramos más oscuros, y el equipamiento se completará con papeleras, aparcabicis y videovigilancia. Los tramos peatonales tendrán prioridad, garantizando un uso seguro y cómodo para quienes prefieran caminar.

En cuanto a los materiales, la empresa adjudicataria mantendrá los pavimentos existentes en las zonas ya urbanizadas, como el ámbito del PAI de Moreres, mientras que en los espacios pendientes de urbanización empleará firmes de tierra estabilizada. Una apuesta por reducir el impacto ambiental de la obra que encaja con el espíritu del proyecto: una infraestructura que no solo conecta barrios, sino que intenta hacerlo sin agredir el entorno natural del que forma parte.

Un proyecto que nació con la Capitalidad Verde Europea

La actuación fue impulsada por el Ayuntamiento de València con motivo de la Capitalidad Verde Europea 2024, un reconocimiento que la ciudad recibió de la Comisión Europea y que la comprometía a avanzar en movilidad sostenible, biodiversidad urbana y calidad del espacio público. El camino ciclopeatonal es, en ese sentido, una de las piezas más visibles de ese compromiso. El proyecto ha sido redactado por la empresa de ingeniería civil Urbinsa, urbanistas ingenieros, y será ejecutado por la mercantil Orthem Servicios y Actuaciones Ambientales S.A.U.

Pero la alcaldesa, María José Catalá, ha dejado claro que esta obra no es un fin en sí misma, sino una pieza de un puzzle mucho más ambicioso. "No se trata de una intervención aislada", ha subrayado, recordando que "forma parte de un gran proyecto que incluye la urbanización del PAI del Grau, con más de 160.000 metros cuadrados de zonas verdes, 3 kilómetros de carril bici y 45.000 metros cuadrados de equipamientos públicos que culminará con el Parque de Desembocadura, que es la gran infraestructura verde de esta década".

"Conectar el parque de Cabecera con el futuro parque de Desembocadura, y cumplir así con nuestra aspiración de conectar la ciudad con el mar. La actuación, que es importantísima, ha sido impulsada por el Ayuntamiento con motivo de la Capitalidad Verde Europea 2024 y estará cofinanciada por la Generalitat, es un ejemplo de cómo se transforma Valencia para ser una ciudad más habitable, más verde y más humana" - María José Catalá, alcaldesa de València

El sueño de llegar al Mediterráneo a pie o en bici

En la ciudad se está ultimando también el diseño del Parque de Desembocadura, un proyecto llamado a convertirse en una de las grandes transformaciones urbanas de los últimos años, que conectará el histórico jardín del Túria con la costa del Mediterráneo. La ejecución de ese parque requerirá una inversión total de 18,3 millones de euros. El camino ciclopeatonal adjudicado esta semana es, por tanto, el eslabón que faltaba: el puente entre lo ya construido y lo que está por venir.

Hay algo simbólico en todo esto. El jardín del Túria nació de una catástrofe —la riada de 1957— y se convirtió en el mayor parque urbano lineal de España gracias a la movilización ciudadana que frenó los planes de convertir el cauce en una autovía. Que ahora, casi setenta años después, ese mismo parque esté a punto de completar su recorrido hasta el Mediterráneo dice mucho sobre cómo cambian las prioridades de una ciudad. En ocho meses, los valencianos podrán recorrer en bici o a pie todo el trayecto desde el parque de Cabecera hasta el mar, una posibilidad que, durante demasiado tiempo, quedó interrumpida justo donde el verde dejaba paso al hormigón.