Valencia actúa para salvar el ficus del Parterre: el árbol que llegó por error en 1852 y sobrevivió a dos guerras, una riada y el franquismo

El Ayuntamiento inicia obras de tres meses para proteger el sistema radicular del ficus monumental y suprimir barreras de acceso al jardín.

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Hay árboles que son simplemente árboles. Y luego está el ficus del Parterre de València. Plantado en 1852 —según la tradición, por error de unos jardineros que lo confundieron con un magnolio—, este gigante de 24 metros de altura ha sobrevivido a dos guerras, a la devastadora riada de 1957 y a más de 170 años de historia urbana. Ahora, el Ayuntamiento de València ha iniciado unas obras para garantizar que siga en pie muchas décadas más.

La Concejalía de Parques y Jardines ha arrancado los trabajos de mejora del entorno del ficus y de los accesos al jardín del Parterre, uno de los espacios verdes más emblemáticos del centro de la ciudad. El plazo de ejecución es de aproximadamente tres meses.

Un muro que asfixia las raíces

El problema no es visible a simple vista, pero es urgente. El sistema radicular del ficus —catalogado como árbol monumental— se encuentra limitado por el actual muro perimetral del jardín, que impide su expansión natural. Si las raíces no pueden crecer, el árbol tampoco puede prosperar. La intervención prevé ampliar el cerramiento en la zona del ficus para darle el espacio que necesita.

Además, se sustituirán las luminarias que actualmente inciden de forma directa sobre el ejemplar por las luminarias originales del jardín, una medida que reducirá el estrés lumínico sobre el árbol. No es un detalle menor: el ficus del Parterre es el más monumental de los cuatro grandes ejemplares que salpican este rincón del centro de València, con una altura de 24 metros. Son árboles que han vivido el reinado de Isabel II, la primera y segunda República, el franquismo y la llegada de la democracia, y han sobrevivido incluso a la riada del 57, cuando el agua llegó a cubrirlos hasta casi la copa.

"La actuación va a garantizar la supervivencia de uno de los árboles más emblemáticos de la ciudad y vamos a mejorar, además, los accesos a este jardín histórico" - Mónica Gil, concejala de Parques y Jardines del Ayuntamiento de València

Accesibilidad sin renunciar al patrimonio

La obra no se limita a proteger el árbol. El proyecto incluye también la construcción de dos nuevas rampas de acceso al jardín, una en cada extremo, para que personas con movilidad reducida puedan entrar al Parterre sin obstáculos. Una mejora que, en pleno 2026, no debería ser noticia, pero que lo es: el jardín, declarado Bien de Relevancia Local (BRL), todavía presentaba barreras arquitectónicas que dificultaban su disfrute universal.

Para no traicionar el carácter patrimonial del espacio, la intervención recuperará y reutilizará parte de los elementos originales del jardín: la verja perimetral, la piedra superior del murete y parte de la escalinata existente. Todo ello con el visto bueno de la Comisión Municipal de Patrimonio, que ha informado favorablemente el proyecto.

"Con esta actuación compatibilizamos la conservación del patrimonio histórico y natural con la mejora de los espacios" - Mónica Gil, concejala de Parques y Jardines del Ayuntamiento de València

Un árbol que llegó por casualidad y se quedó para siempre

El ficus fue plantado en 1852, incluso antes que la propia estatua de Jaume I que preside el jardín. Los jardineros de la época se confundieron y, en vez de plantar un magnolio grandiflora, introdujeron este ficus, quizás por el parecido entre ambas especies en edades tempranas. Lo que nació como un error se convirtió, con el tiempo, en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad.

A lo largo de su historia, el árbol fue incluso lugar de estudio para los alumnos de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid, que en 1915 viajaron hasta València para conocerlo. Con más de 150 años de historia, el ficus también ha sufrido percances, como el gran vendaval de la Navidad de 1926 o la devastadora riada del 57. Que siga en pie hoy es, en sí mismo, una hazaña.

La actuación municipal llega en un momento en que la ciudad de València aún procesa el trauma de la dana de octubre de 2024, que puso en evidencia la fragilidad del patrimonio natural urbano ante los fenómenos climáticos extremos. Proteger un árbol de más de 170 años no es solo un gesto simbólico: es una declaración de intenciones sobre qué tipo de ciudad quiere ser València para las generaciones que vienen.