Durante más de treinta años, la colección de ninots indultats infantiles del Museo Fallero de València convivía con un silencio incómodo: entre las piezas de 1968 y las de 1970 existía un vacío que nadie podía explicar del todo. La figura correspondiente al año 1969 había desaparecido. Ahora, ese hueco está a punto de cerrarse.
El Museo Fallero ha localizado entre sus propios fondos el ninot Tot és cant, declarado ninot indultat infantil de València en 1969 y perteneciente a la falla Espartero-Ramón y Cajal. La pieza, que formaba parte de la falla infantil denominada Tot és cant i melodia, se había dado por desaparecida desde los años 90, cuando una reforma integral del museo y una profunda reorganización de su colección dejaron sin rastro la figura. Nadie la quemó ni la destruyó: simplemente quedó sepultada entre los fondos del propio centro cultural.
Una figura con historia propia
El ninot es obra del artista Ramon Sanchis y representa a un hombre invidente acompañado de un perro, ambos sobre una peana con forma de estrella. Una imagen sencilla pero cargada de sensibilidad, característica de un período en que los ninots de la época comenzaban a incorporar tipos populares de la calle y representaciones más cercanas a la vida cotidiana. No es una presencia nueva en el museo: Sanchis fue un habitual de los ninots indultats de València durante los años 60, y el Museo Fallero ya conserva otras figuras suyas de aquella misma década.
La recuperación de esta pieza tiene un valor que va más allá del simple relleno de un catálogo. Estos ninots fueron creados originalmente como obras efímeras destinadas a arder en la cremà, no para conservarse durante décadas. Que uno de ellos sobreviva intacto —aunque necesitado de restauración— durante más de medio siglo es, en sí mismo, un hecho extraordinario. El museo procederá ahora a su restauración para incorporarlo a la exposición permanente cuanto antes.
Completar el relato sin interrupciones
Las colecciones de ninots indultats grandes (desde 1934) e infantiles (desde 1963) constituyen dos de los cinco conjuntos principales que el Museo Fallero ha custodiado. Cada figura es, a su manera, una fotografía congelada de su tiempo: cada una de las figuras conservadas refleja la sensibilidad de su tiempo, las técnicas de los artistas falleros y los mensajes que cada año han conectado con el público valenciano. Por eso, un salto de dos años en la línea cronológica no era un detalle menor: era una fisura en el relato.
Con la vuelta del ninot de 1969, el Museo Fallero completa por fin la colección íntegra de ninots indultats infantiles y puede ofrecer un hilo conductor ininterrumpido que documenta la evolución del modelado y la escultura fallera de finales de los años 60. Una secuencia que ahora, gracias a Ramon Sanchis y su hombre invidente, vuelve a estar completa.
La casualidad que redondea la historia
La noticia tiene, además, un giro que la historia fallera difícilmente podría haber guionizado mejor. La comisión de Espartero-Ramón y Cajal, autora del ninot recuperado de 1969, ha ganado también el ninot indultat infantil de las Fallas de 2026. Es decir, la misma falla que protagoniza el episodio histórico que se cierra hoy es también la que escribe el capítulo más reciente del museo. Una coincidencia que convierte lo que podría haber sido una noticia de archivo en algo que resuena con plena vigencia.
En el Museo Fallero se guardan los ninots indultados desde 1934, las figuras que el público ha salvado del fuego año tras año por ser las más bonitas, las más originales o las más divertidas. Una colección única en el mundo que cuenta casi 90 años de historia fallera. Que uno de sus capítulos perdidos reaparezca décadas después, sin haber salido del edificio, dice mucho sobre la complejidad de preservar un patrimonio que, en origen, nació para desaparecer entre las llamas.


