Treinta y seis niños ucranianos pasan el verano en Valencia lejos de la guerra: de Ivankiv y Bucha al Oceanogràfic

La Fundación Juntos por la Vida acoge a 36 menores ucranianos en familias valencianas dentro del programa Vacaciones en Paz, hasta el 30 de agosto.

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Programa Vacaciones en Paz
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Hay algo poderoso en la imagen de 36 niños ucranianos, muchos de ellos procedentes de zonas devastadas por la guerra, mirando a dos belugas a través del cristal del Oceanogràfic de València. Esos animales, evacuados de Járkiv por el mismo conflicto que ha sacudido la infancia de estos menores, son quizás el mejor símbolo de lo que significa este verano para ellos: un paréntesis de normalidad en medio de lo extraordinario.

Un programa con tres décadas de historia solidaria

La consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Comunitat Valenciana, Elena Albalat, acompañó a los 36 menores en esa visita al acuario valenciano y aprovechó el momento para reconocer públicamente el trabajo de la Fundación Juntos por la Vida, la entidad que organiza el programa Vacaciones en Paz y que lleva tres décadas trabajando en Ucrania. No es un dato menor: la fundación ha facilitado la acogida de más de 7.000 menores por familias valencianas a lo largo de todos estos años, tanto en periodos estivales como en Navidad.

"Los niños y niñas descubren durante su estancia nuevas costumbres, nuevas formas de relacionarse y nuevos idiomas" - Elena Albalat, consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana

Los menores acogidos este verano tienen entre 6 y 16 años y proceden mayoritariamente de Ivankiv, una localidad próxima a Chernóbil que carga con el peso de dos tragedias históricas. Pero también llegan de Irpin, Bucha y Járkiv, nombres que resonaron en todo el mundo durante los primeros y más duros meses de la invasión rusa. Para estos niños, la guerra no es una noticia: es el ruido de fondo de su vida cotidiana.

Familias valencianas, ahora también voluntarias oficiales

La edición de este año incorpora una novedad que va más allá del gesto simbólico. Por primera vez, las familias de acogida son reconocidas formalmente como voluntarias en virtud de la nueva Ley del Voluntariado de la Comunitat Valenciana. Es un reconocimiento institucional que llega después de años en los que estas familias han actuado por puro compromiso, sin más respaldo que su propia voluntad.

Albalat subrayó que "la acogida ofrece a estos menores la oportunidad de disfrutar del verano en un entorno seguro y de bienestar, alejado de las consecuencias de la guerra, gracias al compromiso de familias y entidades que llevan años colaborando con Ucrania". Una declaración que, más allá del protocolo, describe con precisión lo que ocurre cada verano en decenas de hogares valencianos: se abre una puerta y entra un niño que, durante unos meses, puede simplemente ser un niño.

El Oceanogràfic, primer destino de un verano diferente

A la visita al Oceanogràfic asistió también Ana Ortells, directora general de la Ciutat de les Arts i les Ciències, convirtiendo el encuentro en un acto con presencia institucional pero también con una carga emotiva evidente. Las dos belugas rescatadas de Járkiv —ciudad que figura entre las de procedencia de algunos de los propios niños— son uno de los casos más mediáticos de animales evacuados a causa del conflicto en Ucrania, y su presencia en Valencia convierte la visita en algo más que una excursión.

Los 36 menores permanecerán en la Comunitat Valenciana hasta el 30 de agosto. Después, volverán a un país en guerra. Pero llevarán consigo algo que ningún bombardeo puede destruir: el recuerdo de un verano en el que, durante unas semanas, el mundo fue un lugar seguro. Eso es exactamente lo que llevan construyendo las familias valencianas y la Fundación Juntos por la Vida desde hace 30 años, una cadena de gestos concretos que, sumados, representan más de 7.000 infancias temporalmente rescatadas del conflicto.