La guardia del campo valenciano: más de 1.000 inspecciones en cinco meses para proteger la huerta que lleva mil años alimentando a Valencia

El Servicio de Guardería Rural del Consell Agrari de València registró 1.045 actuaciones entre enero y mayo de 2026, con foco en quemas y parcelas.

Guardar

Campo valenciano.
Campo valenciano.

Mil años lleva la huerta de Valencia resistiendo sequías, conquistas y el avance del cemento. Hoy enfrenta un enemigo más silencioso: el abandono. Para frenarlo, el Servicio de Guardería Rural del Consell Agrari Municipal de València (CAV) acumuló 1.045 actuaciones de vigilancia, inspección y protección del suelo rústico entre enero y mayo de 2026, una cifra que refleja tanto la intensidad del trabajo como la magnitud del problema sobre el terreno.

El dato no es menor. Hablamos de un promedio de casi siete intervenciones diarias —festivos incluidos— sobre un territorio que históricamente ha sido el motor agrícola de la ciudad. Las mismas acequias que los musulmanes diseñaron en torno al siglo X, y que el Tribunal de les Aigües — la institución cuya principal función es la resolución de conflictos relacionados con el riego y el uso del agua entre los agricultores de la Huerta de Valencia — lleva siglos regulando cada jueves frente a la Catedral, siguen siendo hoy el eje vertebrador del control agrario municipal.

Quemas y parcelas abandonadas, los grandes protagonistas

De las más de mil actuaciones registradas, la radiografía es elocuente. Las quemas agrícolas encabezan la lista con 425 informes, seguidas del estado de parcelas con 310 actuaciones. El resto se distribuye entre informes genéricos (92), incidencias (90), cultivos (83), vertidos (34), plagas (9) y robos o decomisos (2). Una estadística que, leída de corrido, dibuja el mapa de los riesgos cotidianos que acechan a los campos de Valencia.

La Guardería Rural concentra su actividad en los espacios de mayor valor productivo: las zonas regadas por las acequias históricas del Tribunal de les Aigües, el Canal del Túria y los arrozales de l'Albufera. No es casualidad. Las 13.200 hectáreas de huerta que eran regadas por las acequias a principios del siglo XX se han reducido a poco más de 3.400 en la actualidad , lo que convierte cada parcela activa en un bien especialmente vulnerable que merece protección.

"El abandono de parcelas agrícolas genera problemas que van mucho más allá de la imagen. Suponen un riesgo para la seguridad, favorecen la proliferación de plagas, incrementan el peligro de incendios y perjudican a los agricultores que sí cumplen con su obligación de mantener y trabajar sus tierras." - José Gosálbez, concejal de Agricultura y presidente del Consell Agrari Municipal de València

Un plan con tecnología y vocación preventiva

Más allá de la labor inspectora clásica, el plan incorpora una aplicación informática específica para gestionar los procedimientos de inspección y analizar datos de forma más eficiente. La herramienta permite mejorar la planificación y el seguimiento de actuaciones, trasladando la vigilancia del campo al siglo XXI sin renunciar a la presencia física sobre el terreno.

El concejal José Gosálbez ha subrayado que el objetivo del plan no es únicamente sancionar, sino acompañar a quienes trabajan la tierra. "La defensa de nuestra huerta exige una vigilancia constante y eficaz. No se trata únicamente de inspeccionar, sino de proteger un patrimonio agrícola, cultural y medioambiental que forma parte de la identidad de València", ha afirmado.

"Quien cuida la tierra merece respaldo institucional. Y quien la abandona o la degrada debe saber que habrá control y vigilancia." - José Gosálbez, concejal de Agricultura y presidente del Consell Agrari Municipal de València

El campo valenciano, entre la tradición y la urgencia

El Tribunal de les Aigües ha sido una institución fundamental para la gestión sostenible del agua en la huerta valenciana, fomentando la cooperación y el diálogo entre los agricultores y contribuyendo a la conservación del patrimonio natural y cultural de la región. Sobre ese legado milenario opera hoy la Guardería Rural, con la misma lógica de siempre —vigilar, mediar, proteger— pero con herramientas del presente. Porque la huerta de Valencia no solo produce alimentos: produce identidad. Y eso, al parecer, también necesita guardias.