Casi un accidente por semana durante cinco años. Eso es lo que arroja la estadística de uno de los cruces más conflictivos del norte de Valencia: la intersección de las avenidas de Blasco Ibáñez y Cardenal Benlloch. Entre 2019 y 2023 se registraron allí 153 accidentes, 79 de ellos con víctimas, según la auditoría de seguridad vial municipal publicada en 2024. Ahora, el Ayuntamiento de València ha dado luz verde al proyecto de remodelación más ambicioso planteado para ese punto: convertir la actual glorieta partida en una rotonda circular. El presupuesto aprobado asciende a 973.082,87 euros, IVA incluido.
Un nudo viario que llevaba décadas dando problemas
La avenida Blasco Ibáñez no es una calle cualquiera. Es una de las principales arterias de la ciudad, con una intensidad media de 37.919 vehículos al día, que en dirección norte conecta directamente con la carretera V-21 y, a través de ella, con la autopista AP-7. Por ese tramo circulan a diario turismos, autobuses de la EMT, ciclistas, patinetes eléctricos y peatones, todos compartiendo un espacio que, hasta ahora, no estaba diseñado para acoger tanta diversidad de forma segura.
La intersección funciona actualmente como una rotonda partida semaforizada con carril bici en los dos ejes, y las mayores dificultades se generan en los trenzados de salida hacia los ramales y en las altas velocidades de los vehículos. A eso se suman los giros a la izquierda —especialmente peligrosos en este tipo de configuración—, los problemas de visibilidad en varios pasos de peatones y los continuos conflictos entre trayectorias de coches y bicicletas.
De los accidentes con víctimas registrados en el período analizado, en un 49% estuvieron implicados turismos, en un 24% motocicletas y en un 20% usuarios vulnerables como ciclistas, conductores de vehículos de movilidad personal y peatones. Una radiografía que refleja con crudeza quiénes pagan el precio más alto cuando el diseño viario falla.
La solución: una glorieta circular que ordene el caos
El proyecto aprobado plantea una transformación de fondo. La actual glorieta partida —ese diseño híbrido que mezcla características de rotonda y de cruce semaforizado, y que tantos conductores encuentran confuso— desaparecerá para dar paso a una rotonda circular convencional, con una circulación más clara, previsible y segura para todos los usuarios.
Pero la reforma va más allá de cambiar la forma de la glorieta. Se reorganizarán también las vías de servicio laterales, que pasarán a tener configuración de callejón sin salida en los ámbitos noroeste y sureste de la intersección. El objetivo es limitar el tráfico de paso, ordenar los accesos locales y generar condiciones de circulación más calmadas en los barrios de la Amistat, la Bega Baixa, Mestalla y Ciutat Universitària, los cuatro que se verán directamente beneficiados por la actuación.
La intervención también contempla la mejora de los itinerarios peatonales entre las calles del Poeta Artola y de Daoíz i Velarde, pensados especialmente para facilitar el acceso a las paradas de autobús de la EMT. Se reordenará además la bolsa de aparcamiento situada entre Blasco Ibáñez y la calle de Polo y Peyrolón. Y todo el entorno se adaptará de forma coordinada: pavimento, semáforos, señalización, alumbrado, drenaje, jardinería y mobiliario urbano se renovarán al mismo tiempo para lograr un resultado coherente.
Seis meses de obras para décadas de seguridad
Esta intervención se suma a las ya realizadas recientemente en la plaza de Saragossa y en el cruce de Cardenal Benlloch con la avenida del Port, y responde a los resultados de la auditoría sobre seguridad vial que identificó cuatro puntos críticos en la ciudad con alta siniestralidad y reclamaciones vecinales. La ciudad, en definitiva, está acometiendo una revisión sistemática de sus puntos negros de tráfico, uno a uno, con diagnósticos técnicos y soluciones estructurales.
El plazo estimado para ejecutar los trabajos es de seis meses desde el inicio de las obras. No es poco tiempo para quienes viven o trabajan en el entorno, pero sí una inversión razonable si se tiene en cuenta que el cruce lleva acumulando incidentes desde hace más de una década. Medio millón de euros por año en obras, frente a los costes humanos, sanitarios y económicos de los accidentes: la ecuación, vista así, resulta difícil de cuestionar.
Más allá de los números y los planos, la reforma de la intersección de Blasco Ibáñez con Cardenal Benlloch es también una señal de que la ciudad empieza a tomarse en serio la seguridad como criterio de diseño urbano, y no solo como reacción ante la tragedia. Convertir un punto de conflicto crónico en un espacio más amable para peatones, ciclistas y conductores no es solo una cuestión de ingeniería: es una apuesta por la calidad de vida de los barrios del norte de Valencia.


