La avenida más intervenida de Valencia en cuatro décadas reabre su tramo central y se prepara para recibir el septiembre con todo el tráfico de vuelta

Pérez Galdós-Giorgeta recupera circulación entre Conca y Sant Vicent y apunta a apertura total en septiembre tras 14 meses de obras.

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Obras en Pérez Galdós.
Obras en Pérez Galdós.
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Catorce meses de cortes, desvíos y paciencia vecinal tienen ya fecha de caducidad. El Ayuntamiento de València ha reabierto este viernes al tráfico el tramo de las avenidas Giorgeta-Pérez Galdós comprendido entre las calles Conca y Sant Vicent Màrtir, un paso decisivo que anticipa la reapertura completa de los dos kilómetros de vía en septiembre, justo cuando la ciudad vuelve al ritmo del curso escolar. Es la última apertura parcial antes de que una de las arterias más castigadas por las obras en la historia reciente de Valencia recupere por fin su función plena.

La mayor obra urbana en más de tres décadas

Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo en Giorgeta-Pérez Galdós hay que mirar los números: 97.000 metros cuadrados intervenidos, 2,2 kilómetros de recorrido, 24 millones de euros de inversión y cinco barrios afectados —La Petxina, Arrancapins, Nou Moles, Patraix y La Raïosa—. La propia alcaldesa, María José Catalá, la ha calificado como "la obra urbana más importante que habrá hecho el Ayuntamiento en los últimos 40 años". No es retórica: València no había acometido una reurbanización de esta escala desde finales de los años ochenta.

Las obras arrancaron el 30 de junio de 2025 con un presupuesto total de 23,9 millones de euros y financiación de los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Next Generation. La ejecución, adjudicada a la UTE formada por Pavasal y Grupo Bertolín, se ha desarrollado por fases para mantener el tráfico abierto en los tramos sin actividad, aunque el impacto en la movilidad ha sido inevitable. Por este eje circulan diariamente unos 56.000 vehículos. Gestionar ese flujo mientras se desmontaba y reconstruía la calle desde los cimientos ha sido, en sí mismo, un ejercicio de ingeniería logística.

El concejal de Urbanismo y Vivienda y alcalde en funciones, Juan Giner, ha supervisado personalmente la apertura de este viernes y ha situado la obra en su recta final. El plazo se ha extendido hasta el 16 de diciembre de 2026 por causas ajenas a la empresa: la imposibilidad de plantar arbolado en los meses de mayor calor, interferencias con obras de otras compañías y distintos episodios meteorológicos. Aun así, la reapertura al tráfico en septiembre se mantiene en pie.

"Estamos transformando Giorgeta-Pérez Galdós en una avenida más verde, con más superficie de sombra, más accesible y más amable para los vecinos y vecinas, y lo hacemos compaginando los trabajos con la vuelta progresiva del tráfico para reducir al máximo las molestias" - Juan Giner, concejal de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de València

Una calle que gana espacio para las personas

La transformación más visible es la que se mide en metros de acera. Donde antes había menos de 1,40 metros de paso peatonal —en muchos tramos apenas suficiente para que dos personas se cruzaran— ahora las aceras alcanzan entre 3 y 7 metros de anchura. Es un cambio que no necesita explicación técnica: simplemente, se puede caminar. Esa recuperación del espacio público para el peatón es quizás el símbolo más claro del giro que están dando muchas ciudades europeas en su relación con la calle.

La movilidad también se reorganiza en profundidad: la avenida pasará de 24 a 26 pasos de peatones, lo que equivale a disponer de un paso cada 110 metros como máximo, y se renovará toda la iluminación con 265 luminarias, así como la semaforización y el alcantarillado. A eso se suma la creación de un carril bici segregado y bidireccional y 15 nuevas paradas de autobús, una infraestructura pensada para que moverse sin coche sea una opción real y no un acto de fe.

600 árboles nuevos y asfalto que silencia el tráfico

Si la anchura de las aceras cambia la experiencia de andar por la avenida, el arbolado cambiará su atmósfera. La intervención contempla tres líneas de vegetación —las dos aceras y la mediana— con un total de 640 árboles de 60 especies distintas y más de 6.800 metros cuadrados de zonas verdes. Se conservará además en torno al 90% de las palmeras existentes en la mediana. Tres áreas de juego infantil completan una apuesta por la calle como lugar de vida, no solo de paso.

La plantación ha quedado reservada para la fase final, siguiendo la recomendación del Servicio de Parques y Jardines de no plantar en verano para evitar el estrés térmico de los ejemplares. Un detalle que dice mucho sobre la forma en que se ha planificado la obra: con criterio técnico, aunque eso haya alargado los plazos.

Otro elemento que pasará desapercibido para la mayoría, pero que marcará la diferencia en el día a día, es el pavimento. Los 54.000 metros cuadrados de asfalto fonoabsorbente que cubrirán la calzada están diseñados para reducir el ruido del tráfico rodado y las emisiones de CO₂ asociadas hasta un 20%. El Ayuntamiento estima que València evitará la emisión anual de 500 toneladas de CO₂ gracias al uso de este pavimento. Es tecnología que no se ve, pero que se respira —y que no se oye.

Apoyo al comercio de proximidad

Las obras han pesado especialmente sobre los comerciantes de la zona, que han convivido durante más de un año con desvíos, vallas y una reducción notable del tráfico de clientes. Para compensarlo, el Ayuntamiento ha puesto en marcha una campaña de bonos-comercio dotada con 300.000 euros: cada bono tiene un valor de 50 euros, de los cuales 25 los aporta el beneficiario y 25 el consistorio, una fórmula que incentiva el consumo local al tiempo que reconoce el esfuerzo de quienes han mantenido abierto el negocio durante la transformación.

Giner ha aprovechado la visita para agradecer públicamente "la paciencia de vecinos, vecinas y comerciantes" y ha prometido que "pronto podrán disfrutar de un entorno mucho más amable y sostenible, con más espacio para pasear y más zonas de estancia". La reapertura permitirá mejorar de forma notable la movilidad en uno de los principales corredores urbanos de Valencia y aliviará la presión sobre los accesos al centro de la ciudad. Después de catorce meses de obra, la calle más intervenida de Valencia en cuatro décadas está a punto de convertirse, por fin, en el escenario cotidiano de quienes la habitan.