Juan Prado, fundador de Atelier del Drama: “El trabajo del actor no acaba cuando sales de una escuela”

Diez años después de abrir sus puertas en València, el Atelier mantiene su apuesta por el entrenamiento continuado y recupera su faceta de creación artística

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Juan Prado en su estudio
Juan Prado en su estudio
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Juan Prado entiende el trabajo del actor como algo que no termina cuando se abandona una escuela. Después de más de tres décadas de trayectoria como actor, director de escena y docente, y tras formarse junto a maestros como Juan Carlos Corazza y ampliar sus estudios en Estados Unidos, regresó a València con una idea clara: crear el espacio de entrenamiento que él mismo había echado en falta.

Así nació en 2016 Atelier del Drama, un lugar concebido no tanto como una escuela al uso, sino como una especie de gimnasio para actores: un espacio al que volver una y otra vez para profundizar, entrenar, investigar y seguir creciendo durante la carrera profesional. Diez años después, el Atelier mantiene tres grupos de entrenamiento y una filosofía basada en la cercanía, el trabajo individual y la continuidad. Ahora, además, recupera con fuerza su faceta de creación artística y de compañía.

En esta conversación, Prado habla de su regreso a València, de los límites de las escuelas de interpretación, del talento y el entrenamiento, de su relación con Corazza, de Arturo García, de la compañía y del proceso creativo. También de una palabra que resume buena parte de lo construido durante esta década: comunidad.
 

Trabajando con los actores frente a las camaras
Trabajando con los actores frente a las camaras

Cuando regresaste a València después de tantos años de trayectoria fuera, ¿qué encontraste y qué sentiste que faltaba para los actores que terminaban su formación?

Me di cuenta de que en València había muchas escuelas, pero que la gente terminaba la formación y era como salir a la profesión un poco en el aire. Cuando estuve en Madrid y entré en contacto con Juan Carlos Corazza, descubrí que su espacio cubría precisamente esa necesidad.

El trabajo del actor no acaba cuando sales de una escuela. Por lo menos, el tipo de interpretación que a mí me gusta requiere de una profundización constante. Ojalá salieras de una escuela y te dieran un protagonista detrás de otro en películas y teatro, pero no es lo normal. Y aunque fuese así, un actor necesita siempre un espacio donde poder profundizar en su herramienta artística.

Los trabajos te obligan muchas veces a resolver, pero tú tienes que entrenar tus herramientas técnicas. Las aprendes en tres años, pero desarrollarlas y profundizar en ellas te puede llevar casi una vida.

Yo mismo salí de la escuela de arte dramático pensando que con mi título y con lo que había aprendido ya era actor. Me fui a Madrid y allí empecé mi trayectoria profesional, pero me di cuenta de que no. Alguien me evidenció que no sabía actuar y encontré a Juan Carlos Corazza. Entonces empecé a profundizar en este tipo de actuación y descubrí que esto era lo que me gustaba: profundizar, crear vida en el escenario.

Después me fui a Estados Unidos con una beca y entré en contacto con otras escuelas y con otra profesión, mucho más impresionante si la comparamos con la española. Allí vi que los actores no solo estaban muy bien preparados, sino que estaban constantemente trabajando y entrenando, independientemente de la edad que tuvieran.

Entonces entendí que, en vez de poner una escuela cuando regresara a València, tenía que crear un centro para acoger a toda esa gente que sale de las escuelas o que ya está en la profesión. Un lugar donde no tengas que hacer un cursito de vez en cuando con alguien que viene de fuera, sino donde exista un vínculo con alguien que te conoce profundamente, que sabe cuáles son tus límites, tu evolución y lo que necesitas mejorar.

Por eso siempre digo que es como un gimnasio, aunque un poco más profundo que un gimnasio. El actor puede venir, marcharse y, cuando vuelva, encontrar el trabajo en el lugar en el que lo dejó.

Hablas mucho de entrenamiento, pero también de autonomía y madurez. En interpretación se habla constantemente de talento, de intuición, de “tener algo”. ¿Hasta qué punto se puede formar a un actor?

Para mí, el talento es el impulso que ya tiene alguien que dice: “Quiero ser actor”, se enfrenta a las dificultades que le van apareciendo, pero insiste y sigue. Para mí, eso es un signo de talento.

Yo creo que todo el mundo tiene talento. La cuestión es enfocar para qué tenemos talento. Todo el mundo tiene una parte creativa. Esta es mi opinión; yo no estoy sentado en una cátedra de nada. Pero cuando alguien decide “yo quiero ser actor” e insiste, ahí ya está hablando su talento.

Entonces entran en juego las escuelas, los profesores o lo que sea. Lo que debemos hacer es ayudar al actor a contactar con esa fuente creativa y a enfrentarse a todo aquello que se opone o que está oprimiendo esa fuente.

Eso, y enseñar técnicas y herramientas para poder tener un acceso libre a tu talento natural. El actor que tú eres ya está ahí. Yo no te lo puedo dar. Lo que puedo hacer es acompañarte en el acceso a tu fuente creativa profunda.

Diez años después, ¿ha cambiado tu idea de lo que debe ser Atelier del Drama? ¿Qué se mantiene y qué ha evolucionado?

En un principio, la idea era un poco más pequeña. Era entrenar a un grupo de actores con los que luego pudiéramos hacer montajes artísticos. Empezamos y hemos hecho varios montajes, pero me di cuenta de que el cometido más importante que podíamos ofrecer a la ciudad desde el Atelier era entrenar actores.

Nos hemos centrado durante siete u ocho años en eso y dejamos de lado, por muchos factores, la creación artística: hacer montajes, crear una compañía o algo así.

Ahora considero que ya hay actores entrenados como a mí me gusta. Y esto hay que subrayarlo: yo no estoy diciendo que mis actores sean los mejores. Estoy diciendo que a mí me gusta un tipo de actuación y que entreno a la gente para ese tipo de actuación.

Ahora que ya hay gente que lleva muchos años y que considero que hace buenos trabajos, el Atelier recupera esa parte artística. Queremos volver a hacer montajes.

Masterclas de Juan Carlos Corazza Valencia
Masterclas de Juan Carlos Corazza Valencia

¿Qué tipo de compañía quieres construir ahora?

Estamos con un proyecto que se desarrollará a lo largo del año, pero nosotros somos de proceso lento, de trabajo minucioso, de cocina lenta. Un montaje nuevo nos puede llevar meses, incluso un año de trabajo.

No queremos hacer espectáculos por hacer. Queremos hacer lo que a nosotros nos gusta hacer: trabajar.

Has sido actor, director de escena, profesor, has trabajado en cine y televisión y también has ejercido como director de casting. ¿Cuándo descubriste que enseñar a otros actores podía convertirse en una parte tan importante de tu trayectoria?

Siempre me ha encantado el entrenamiento, las técnicas actorales, los métodos. Era un poco loco haciendo mil cursos: estaba con Corazza y, al mismo tiempo, hacía cursos fuera, me iba a Nueva York... Era un loco de los cursos. Me gustaba mucho el entrenamiento, inicialmente como actor.

Luego llegó un momento con Juan Carlos Corazza en el que no solo fui su alumno, sino también ayudante de dirección. Él tenía mucha confianza en mí y me propuso entrar como profesor en su estudio.

Yo no me había planteado la docencia, pero siempre digo que el oficio del actor es muy amplio. Aprendes actuación como ayudante de dirección, como actor, como profesor... Incluso el diseño del vestuario o las luces forman parte, para mí, del ámbito del teatro.

Juan Carlos me ofreció esa posibilidad, empezó a formarme y ahí fue apareciendo algo que yo pensaba que no tenía: la vocación docente. Y es algo que me apasiona. Le estoy infinitamente agradecido porque realmente es ahí donde más me realizo como artista: ayudando a otros a encontrarse.

Tu relación con Juan Carlos Corazza parece haber sido decisiva, primero como alumno y después también como colaborador. ¿Qué te llevaste de aquella experiencia?

Para mí fue fundamental encontrarme con él porque me permitió descubrir otra manera de entender la actuación. Yo había salido de una escuela pensando que ya era actor y allí comprendí que el entrenamiento no terminaba nunca.

Además, con él no solo fui alumno. También fui ayudante de dirección y después profesor. Esa amplitud de experiencias me permitió entender el oficio desde lugares diferentes y descubrir también mi propia vocación docente.

El Atelier lo diriges junto a Arturo García. ¿Cómo llegó él al proyecto?

Yo lo conocí porque estaba buscando actores para un montaje, Espectros. Vi a todos los actores de su generación en València. Él estaba terminando sus estudios en la ESAD y finalmente lo seleccioné. Después se quedó en el Atelier y ha estado aquí desde entonces.

¿Qué aporta Arturo al Atelier y qué has aprendido tú de él?

Primero, juventud. Segundo, talento. Y nos compensamos muy bien, nos compenetramos bien. Él creyó desde el minuto uno en este proyecto, le gustó, le interesó y se volcó. Después nos hemos llevado muy bien como compañeros, como socios y también como profesor y alumno, hasta que yo le di la alternativa a la pedagogía.

Y ahí estamos los dos, mano a mano, sacando adelante este proyecto. Él es actor, también es fotógrafo y tiene muchas cualidades. Nos compensamos.

El montaje de Espectros, de Ibsen, quedó atravesado por la pandemia justo cuando estaba a punto de estrenarse. ¿Qué supuso aquella interrupción?

Todo el esfuerzo que hicimos en aquel montaje nos lo tuvimos que comer. Justo cuando llegamos a hacer el estreno y todo estaba preparado para moverlo, llegó la pandemia.

Era un proyecto ambicioso. Si no hubiera venido la pandemia, creo que habría estado bien porque se hubiera movido. Pero volver a mover todo aquello después era poco menos que imposible.

Ahí fue cuando nos concentramos en sacar adelante el Atelier y los grupos de entrenamiento.

Ahora que recuperáis la creación artística, ¿estáis retomando aquel proyecto o lo entiendes como una etapa completamente nueva?

Empezamos otro nuevo. Todo el esfuerzo que hicimos en aquel montaje quedó atrás. No se trata de resucitar un espectáculo pasado, sino de empezar de cero con uno nuevo.

Fue una experiencia súper rica. Estuvimos un año y medio ensayando, profundizando y trabajando. Cuando ya la cosa estaba ahí, cuando parecía que iba a salir, nos la tuvimos que comer. Pero fue un aprendizaje muy valioso.

Siempre se aprende. Siempre se aprende de todo.

Después de diez años, ¿qué crees que habéis construido realmente con Atelier del Drama?

Hemos creado comunidad. Hay una comunidad de actores que procede de todas las escuelas y también profesionales, otros que están arrancando... Toda esta comunidad es algo que se ha ido construyendo.

Y además tenemos actores que están trabajando en Madrid, en Barcelona, incluso en Berlín, y cuando tienen ocasión vuelven aquí. Eso es muy importante para nosotros porque no tienen que volver a empezar de cero con un profesor cualquiera. Vuelven a un lugar donde ya conocen su trabajo, donde alguien sabe quiénes son, cuál ha sido su evolución y qué necesitan mejorar.

Dando indicaciones a los actores
Juan Prado dando indicaciones a los actores

¿Y cómo te gustaría que fuera Atelier dentro de otros diez años?

Fíjate, yo quisiera que fuera dentro de diez años lo que es ahora mismo. Nosotros tampoco pretendemos hacer un centro enorme ni crecer como centro. Tenemos tres grupos de entrenamiento y se acabó.

No queremos más porque esta es la medida justa del proyecto para poder ocuparnos de la gente, para poder dar un servicio que otras escuelas no pueden dar: esa cercanía con el actor, trabajar individualmente con cada uno y conocerlos bien. Con que esto siguiese así diez años más, me daría por pagado.

Y luego, obviamente, tener actores para poder hacer buenos espectáculos.