La playa de la Devesa de El Saler ha obligado a adoptar medidas cautelares para controlar el fuego que, en gran parte, han supuesto una medida extraordinaria: el confinamiento de toda la zona que rodea tanto al lugar afectado como al lago de l'Albufera y su pedanía.
La carretera que conecta Valencia con otros municipios del sur ha permanecido cortada desde el acceso al pueblo de El Saler hasta la rotonda que conduce a El Palmar, tanto por el peligro de que el incendio pudiera rebrotar en cualquier instante como para permitir que los cuerpos de emergencia siguieran trabajando en la extinción de los rescoldos.
Por esta zona apenas han circulado unos pocos vehículos autorizados, además de los de Bomberos, Protección Civil, Guardia Civil y Policía Local. Algún que otro ciclista o vecino ha transitado por una vía habitualmente concurrida que, de repente, se quedó prácticamente desierta.
Ese estado de soledad forzada ha dejado una imagen tan extraña como espectacular. El embarcadero de la Gola de Pujol lleva abierto varias décadas. Sin embargo, en los últimos años ha recibido un aumento considerable de visitantes que acuden a contemplar el lago durante los atardeceres.
La afluencia había llegado a generar situaciones de auténtico conflicto, tanto para acceder por la carretera de El Palmar como por la llegada de personas y vehículos a la zona. El eclipse del pasado 12 de agosto fue una clara demostración de esta situación, hasta el punto de que la carretera tuvo que cerrarse horas antes del acontecimiento y se estableció, de alguna manera, un aforo limitado.
Extraña soledad y silencio salado
El incendio, unido al cierre de las carreteras y las playas, ha ofrecido durante estos días una imagen insólita: atardeceres en la más pura soledad.
El silencio, apenas interrumpido por el sonido de los pájaros y el movimiento de los peces que se acercaban al embarcadero, se convirtió en el protagonista de la tarde. La presencia humana era prácticamente inexistente y, a lo lejos, apenas se distinguía la figura de algún viandante.
Los animales continuaban con su rutina. Los peces nadaban en el lago y las aves surcaban el cielo como si nada estuviera ocurriendo a su alrededor. Por unas horas, la naturaleza recuperó un espacio que durante los últimos meses había estado marcado por la llegada constante de visitantes.
De vuelta a la normalidad
Las carreteras han reabierto este lunes y, con ellas, regresa también la rutina del día a día. El movimiento volverá poco a poco a una zona que durante dos jornadas permaneció prácticamente desierta y que, previsiblemente, volverá a recibir a numerosos visitantes en el embarcadero.
Con suerte, también se reanudará el servicio de visitas guiadas en embarcación, que durante unos días tuvo que guardar luto ante un incendio que obligó a detener, aunque fuera temporalmente, la vida habitual de la Devesa.

