Hoy Cullera es un municipio costero, pero hace 20.000 años fue un refugio climático

El análisis del yacimiento de Hort de Cortés-Volcà del Far revela que grupos de humanos habitaron la zona incluso en los momentos más fríos del Pleistoceno

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Trabajos en el yacimiento de Cova d'Hort de Cortés Volcà del Faro en Cullera - Universitat de València
Trabajos en el yacimiento de Cova d'Hort de Cortés Volcà del Faro en Cullera - Universitat de València
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Cullera es hoy un municipio costero, pero durante miles de años fue un lugar donde sobrevivir al frío extremo de las glaciaciones del Pleistoceno suponía todo un desafío. Un estudio liderado por la Universitat de València concluye que este asentamiento, junto con el golfo de Valencia, actuó como un refugio climático durante las fases más frías y áridas de la última glaciación.

La investigación se basa en el análisis de los materiales recuperados en las excavaciones arqueológicas del yacimiento de Hort de Cortés-Volcà del Far de Cullera.

Actualmente, este enclave se encuentra a apenas 500 metros del mar Mediterráneo. Sin embargo, durante el Último Máximo Glacial (LGM, por sus siglas en inglés) llegó a situarse a más de 20 kilómetros de la línea de costa, según concluye el estudio. En aquel paisaje, hoy sumergido, existía una extensa llanura con cursos de agua, lagunas y vegetación mediterránea donde los grupos de cazadores-recolectores del Paleolítico encontraron un entorno rico en recursos hace unos 20.000 años.

Excavaciones entre 1968 y 1984

El yacimiento fue excavado durante aquellas décadas. Gracias al análisis de miles de restos recuperados durante aquellas campañas, los investigadores han podido situar las ocupaciones humanas entre hace 35.000 y 19.000 años.

Aunque algunas dataciones todavía presentan incertidumbres, el estudio confirma un hecho excepcional en la fachada mediterránea de la península ibérica: este refugio permaneció habitado incluso durante los momentos más fríos del Pleistoceno.

El catedrático del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la Universitat de València, J. Emili Aura Tortosa, ha señalado que estos resultados ayudan a comprender cómo las sociedades humanas afrontaron cambios climáticos de enorme magnitud, aunque en un contexto muy diferente al actual.

"Las fluctuaciones climáticas de la Prehistoria son de escala geológica y fueron superadas gracias a una gran capacidad de adaptación y flexibilidad. Los cambios actuales son medibles en términos generacionales y su principal característica es la dificultad para aplicar medidas eficaces frente a sus efectos", ha explicado el investigador.

Según Aura Tortosa, el objetivo sigue siendo el mismo: garantizar la supervivencia biológica y social de la especie humana.

Un yacimiento excepcional

El estudio revisa una amplia colección de materiales procedentes de las excavaciones históricas, lo que ha permitido reconstruir con mayor precisión la evolución del yacimiento e identificar las distintas fases de ocupación y las actividades desarrolladas por sus habitantes.

"La excepcionalidad de la Cova de l'Hort de Cortés-Volcà del Far radica en que la mayor concentración de restos corresponde al final del Último Máximo Glacial, un periodo apenas conservado al sur de los Pirineos", ha destacado Aura Tortosa.

El paisaje estuvo condicionado por las importantes variaciones del nivel del mar durante las fases más frías, lo que provocó que el Mediterráneo retrocediera varias decenas de kilómetros. Este fenómeno explica que un enclave que hoy se encuentra junto a la costa estuviera situado muy lejos del litoral.

La evidencia arqueológica confirma, además, la ausencia de fauna marina en la zona. En cambio, los restos de animales como conejos y ciervos muestran un ecosistema típicamente mediterráneo, lo que refuerza la idea de que, pese a las duras condiciones climáticas, el entorno seguía siendo habitable.

Nuevas claves sobre el Paleolítico

Los investigadores consideran que los resultados obtenidos encajan con el conocimiento actual sobre el Paleolítico en la región, aunque todavía persisten incógnitas importantes. Entre ellas destacan la reconstrucción de la antigua llanura costera, hoy sumergida bajo el Mediterráneo, y algunas dataciones que continúan planteando dudas.

En cualquier caso, el yacimiento de Cullera se consolida como uno de los principales refugios climáticos del Mediterráneo occidental, un lugar donde la presencia humana logró mantenerse incluso durante los episodios más severos del Pleistoceno.