Había una vez un ambicioso proyecto urbanístico al sur de Valencia que prometía ser el barrio del futuro. La crisis económica lo dejó a medias. Pero los huertos urbanos que se plantaron en su interior sobrevivieron, y este lunes 23 de junio de 2026 se convirtieron en el escenario de una celebración con raíces muy profundas: el Festival del Tomate 2026, organizado por la asociación Estimem l'Horta en las instalaciones de los huertos de Sociópolis.
Una fiesta que recupera la memoria de la huerta
El Festival del Tomate no es una actividad menor ni un evento de nicho. Es, en su forma más sencilla, un recordatorio de que Valencia tiene debajo de los pies una de las huertas periurbanas más importantes de Europa, y que protegerla exige algo más que declaraciones. José Gosálbez, presidente del Consell Agrari de València, participó en la jornada y dejó claro el mensaje central del evento.
"La huerta no se protege con discursos, se protege apoyando a quienes la mantienen viva y acercándola a las nuevas generaciones." - José Gosálbez, presidente del Consell Agrari de València
La frase resume, quizás mejor que cualquier política pública, el dilema al que se enfrenta la agricultura de proximidad en las ciudades: puede sobrevivir técnicamente, pero muere culturalmente si nadie la conoce, nadie la consume y nadie la defiende desde abajo. El Festival del Tomate apunta exactamente a esa herida.
Sociópolis: de proyecto fallido a espacio vivo
El contexto no es menor. Sociópolis nació en plena burbuja inmobiliaria con la intención de construir 2.800 viviendas de protección pública en terrenos que hasta ese momento eran de uso agrícola y pertenecían a la huerta de Valencia. La crisis económica truncó ese plan. De las 18 torres proyectadas, con arquitectura de vanguardia y firmas internacionales, solo cinco están habitadas, y la zona quedó a medio urbanizar, rodeada de solares y de los huertos urbanos que se construyeron al inicio del proyecto.
Esos huertos, que en su momento simbolizaron la contradicción del proyecto, son hoy su legado más tangible. Desde marzo de 2012, la Junta de Gobierno Local encomendó al Consell Agrari Municipal la gestión de los huertos urbanos ubicados en el interior del Parque Urbano de La Torre, conocido como Sociópolis. Durante su creación se acondicionaron un total de 274 parcelas para uso agrícola, con el objetivo de proteger el patrimonio rural de la huerta valenciana, fomentar la participación ciudadana y contribuir a la conciencia ambiental mediante actividades, conferencias y cursos.
Agricultura de proximidad: el objetivo más allá del tomate
El festival tiene un propósito que va más allá de celebrar una hortaliza, por muy icónica que sea. Su objetivo es poner en valor la agricultura de proximidad, la producción hortícola local y el papel de la huerta valenciana como elemento cultural, económico y medioambiental. Un objetivo que, en un contexto de expansión urbana constante y pérdida de suelo agrícola, adquiere una urgencia particular.
Los huertos de Sociópolis persiguen conservar la superficie de huerta en el término municipal de Valencia, ofrecer un espacio de contacto con la naturaleza al vecindario y fomentar la participación ciudadana en el mantenimiento de la actividad agrícola y los cultivos autóctonos. El Festival del Tomate convierte esos objetivos en experiencia directa: vecinos, usuarios de los huertos y curiosos comparten un mismo espacio donde el producto local es el protagonista.
Un gesto simbólico y una línea de trabajo
Durante la jornada, Gosálbez repartió gorras y camisetas entre los asistentes, participó en las actividades programadas e intercambió impresiones con los responsables de los huertos. Un gesto pequeño, pero con una lectura clara: la administración quiere ser visible en estos espacios, no solo en los despachos.
"Sociópolis vuelve a ser un espacio abierto a actividades que fomentan el conocimiento de nuestra agricultura, nuestros productos y nuestras tradiciones." - José Gosálbez, presidente del Consell Agrari de València
La palabra "vuelve" no es casual. Implica que hubo un tiempo en que ese espacio estuvo más cerrado, más dormido, menos vinculado a la vida del barrio y de la ciudad. Recuperar el Festival del Tomate es, en ese sentido, también recuperar una conversación entre Valencia y su huerta, una conversación que lleva siglos pendiente y que cada vez resulta más difícil de aplazar.


