Las obras en los bajos de tres edificios del barrio de Benicalap llevan semanas levantando ampollas entre sus residentes. El motivo: la implantación de un apartotel que avanza entre taladros y derribo de fachadas mientras los vecinos exigen explicaciones. Este lunes, el Ayuntamiento de Valencia dio un primer paso para calmar la situación reuniéndose con los representantes de las comunidades afectadas y comprometiendo algo que hasta ahora faltaba: comunicación directa y continuada.
Una reunión largamente esperada
El concejal de Urbanismo y Vivienda, Juan Giner, recibió en el Ayuntamiento a propietarios y administradores de las comunidades de vecinos de las calles Salvador Cerveró, Carles Cortina y Encarna Albarracín. Tres comunidades, tres edificios, y un denominador común: en sus bajos se ejecutan obras para convertir los locales comerciales en un establecimiento de alojamiento turístico con capacidad para decenas de plazas. El encuentro no llegó de improviso. Se produjo tras concluir las inspecciones municipales realizadas a lo largo del mes de agosto, una vez recopilada toda la información técnica necesaria para poder dar respuestas sólidas.
Junto a Giner, técnicos municipales explicaron a los asistentes el alcance de las intervenciones de control llevadas a cabo durante el verano. El concejal fue explícito sobre la metodología empleada:
"Las inspecciones no se anuncian, porque de hacerlo perderían eficacia" - Juan Giner, concejal de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Valencia
Una aclaración que, más allá de lo técnico, apunta a una tensión de fondo: la dificultad de fiscalizar unas obras que cuentan con licencia concedida en mayo de 2025 a la empresa Business Decision and Advice SL, para la instalación de un apartotel de 38 habitaciones, con un total de 93 plazas de alojamiento , pero que han generado una fuerte contestación vecinal por las afecciones a zonas comunes y la percepción de que el proyecto supera los límites permitidos en ese entorno.
Un canal de comunicación como medida de confianza
El acuerdo más concreto salido de la reunión es la apertura de un canal de información entre la Delegación de Urbanismo y las tres comunidades de vecinos. El Ayuntamiento informará a los vecinos de la evolución de las obras a través de los administradores de cada comunidad, una fórmula que busca evitar que los residentes queden al margen de lo que ocurre en sus propios edificios. No es un mecanismo de paralización, pero sí una señal de que el consistorio quiere estar presente en el día a día del conflicto.
Los vecinos han denunciado que las obras se han reanudado para habilitar apartamentos turísticos en los bajos comerciales de sus edificios, a pesar de la oposición de las comunidades de propietarios. Y la controversia ha ido más allá del barrio: Compromís hizo pública una resolución firmada en julio en la que se denegaba la licencia de obras de reforma para implantar la actividad de hotel apartamento en la calle Salvador Cerveró con Carles Cortina, al ubicarse en un emplazamiento en el que no es posible la implantación del uso terciario hotelero por superarse los límites permitidos. La existencia simultánea de una licencia concedida y una denegación en la misma zona ha alimentado la confusión y la desconfianza entre los residentes.
El fantasma de la saturación turística
Para entender el malestar de Benicalap hay que mirar el mapa más amplio de la ciudad. Valencia, como otras capitales mediterráneas, lleva años debatiendo cómo frenar la colonización de sus barrios por el alojamiento turístico. La regulación urbanística vigente para el uso terciario hotelero protege el uso residencial del 98% de las viviendas y limita al 15% la implantación máxima de nuevos alojamientos turísticos en bajos, posibilidad que queda condicionada a que el barrio o distrito donde se pretenda instalar el establecimiento no haya superado ninguno de los tres umbrales de saturación establecidos por la normativa municipal. En teoría, una barrera suficiente. En la práctica, los vecinos de Benicalap sienten que la barrera se está traspasando ante sus ojos.
La Associació Veïnal de Benicalap había denunciado que operarios de la empresa Business Decision and Advice SL derribaron fachadas de zonas comunes sin permiso. Los residentes denunciaron la situación ante el Ayuntamiento, que según la asociación "conoce perfectamente los hechos". La reunión de este lunes es, en parte, la respuesta institucional a esa presión acumulada.
La herencia del modelo anterior, en el centro del debate
Giner no desaprovechó la ocasión para trazar una línea política. Recordó que el gobierno municipal ya ha intervenido en situaciones similares, como la paralización del macrohotel proyectado en las Naves de Guatla o la actuación en la conocida como "colmena" de Russafa. Y fue directo al señalar al ejecutivo anterior como responsable del escenario actual.
"Estamos ante los últimos coletazos de la barra libre que permitió la izquierda para la proliferación de alojamientos turísticos en los bajos" - Juan Giner, concejal de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Valencia
Una afirmación que, previsiblemente, no cerrará el debate político, pero que sitúa el conflicto de Benicalap en una narrativa más amplia: la de una ciudad que intenta poner orden en un modelo de crecimiento turístico que durante años avanzó con pocas restricciones. Los vecinos de las calles Salvador Cerveró, Carles Cortina y Encarna Albarracín, mientras tanto, esperan que ese orden llegue antes de que las obras en sus bajos queden terminadas y los turistas comiencen a hacer las maletas.


