La huerta de València no entiende de límites administrativos. Sus campos, acequias y alquerías se extienden más allá de cualquier frontera municipal, pero durante décadas el planeamiento urbano de la ciudad los ha gestionado como si fueran un asunto exclusivamente local. El Pleno del Ayuntamiento aprobó este lunes, de forma provisional, la adaptación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) al Plan de Acción Territorial de Ordenación y Dinamización de la Huerta de València (PAT Huerta), poniendo fin a una situación que ha generado inseguridad jurídica durante años y dando un paso que muchos técnicos y vecinos llevaban tiempo reclamando.
Casi cuatro décadas con normas que no hablaban el mismo idioma
El PGOU de València data de 1988. Casi cuarenta años después, la normativa autonómica había evolucionado con la Ley de la Huerta y su posterior Plan de Acción Territorial, aprobado por la Generalitat Valenciana en 2018, pero el planeamiento municipal nunca se actualizó para encajar con ella. El resultado era un escenario kafkiano: quien intentaba construir o rehabilitar una edificación en plena huerta se encontraba con que nadie tenía claro qué norma prevalecía, si la municipal de 1988 o la autonómica más reciente. Esta situación obligaba a las administraciones a elegir siempre la vía más restrictiva ante cualquier proyecto, dificultando la gestión del suelo agrícola.
La adaptación aprobada ahora busca resolver precisamente ese "encaje jurídico". La medida busca simplificar la burocracia y aportar seguridad jurídica a técnicos y ciudadanos, facilitando la recuperación de alquerías y viviendas tradicionales sin disminuir en ningún caso el nivel de protección medioambiental de los terrenos. El expediente viajará ahora a la Generalitat para su aprobación definitiva, cerrando una etapa en la que propietarios, vecinos y técnicos municipales han tenido que lidiar con dos marcos normativos que no siempre hablaban el mismo idioma.
Una ordenación que supera los límites del municipio
La clave de este acuerdo no es solo técnica: es también territorial. El PAT de la Huerta de Valencia es un plan de ámbito supramunicipal , lo que significa que afecta a decenas de municipios del entorno y que la ciudad de València, hasta ahora, funcionaba como una isla normativa dentro de ese espacio compartido. Con la adaptación aprobada, la capital deja de ser la excepción.
"València se integra plenamente en una ordenación metropolitana de la huerta compartida con los municipios del entorno y la ciudad deja así de funcionar como un ámbito aislado dentro de un espacio que supera los límites municipales" - Juan Giner, concejal de Urbanismo, Vivienda y Licencias del Ayuntamiento de València
Giner fue especialmente enfático en despejar una duda que podría generar alarma entre quienes temen la expansión urbanística sobre el suelo agrícola: la medida no abre ninguna puerta a nuevas edificaciones. La adaptación, insistió, no crea suelo urbanizable ni introduce una nueva ordenación, sino que simplemente aclara qué reglas se aplican en cada caso.
Proteger la huerta también es recuperar su patrimonio
Más allá de la dimensión jurídica, la iniciativa tiene una vocación clara de puesta en valor. El plan define los objetivos generales de aplicación destinados a mitigar los procesos de fragmentación de la Huerta y el mantenimiento de su conectividad, un territorio que acumula siglos de historia agrícola e hidráulica. No en vano, el Tribunal de las Aguas de la Vega de València, cuyas acequias atraviesan buena parte de este paisaje, fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009. Sin embargo, muchas de esas acequias han visto reducido drásticamente su perímetro de riego, y en algunos tramos la zona regable ha desaparecido o sobrevive como un conjunto de áreas inconexas condenadas a desvanecerse ante cualquier nueva expansión urbana.
El PAT delimita además sectores de recuperación de la Huerta de València y propone una serie de enclaves de recuperación que permitirán rescatar espacios degradados y edificaciones bajo patrones de protección establecidos, lo que abre la puerta a rehabilitar las alquerías que salpican el paisaje periurbano sin que eso suponga, paradójicamente, convertir la huerta en suelo edificable.
El Pleno arrancó con un minuto de silencio
La sesión plenaria no comenzó, sin embargo, con el debate urbanístico. Antes de entrar en materia, el Pleno guardó un minuto de silencio en memoria de la última víctima de la violencia machista, una mujer de 33 años asesinada en Benidorm. Solo después, con ese recordatorio sobre la mesa, los concejales abordaron los asuntos del orden del día, entre ellos este acuerdo sobre la huerta, que fue debatido junto con el resto de propuestas vinculadas a urbanismo, parques y jardines, espacios naturales y mejora climática.
La aprobación provisional abre ahora un nuevo tramo del proceso: el expediente deberá pasar por la Generalitat Valenciana para recibir el visto bueno definitivo. Si lo obtiene, València habrá completado, por fin, la tarea de poner en sintonía su planeamiento municipal con el gran proyecto colectivo de salvar uno de los paisajes agrícolas más singulares del Mediterráneo. Un paisaje que, como demuestra cada debate sobre su futuro, sigue siendo mucho más que tierra de cultivo.


