Que una ciudad decida convertir sus propias aceras en un laboratorio no es algo habitual. El Ayuntamiento de València ha puesto en marcha un sistema de riego urbano inteligente capaz de decidir, en tiempo real y sin intervención humana, cuánta agua necesita cada árbol de la calle. La prueba arranca en la calle de Almassora, sobre una superficie de 1.680 metros cuadrados, y puede parecer un detalle menor. No lo es: detrás hay una pregunta que cada vez más ciudades se hacen con urgencia, especialmente tras veranos devastadores y fenómenos climáticos extremos: ¿cuánta agua se desperdicia regando igual cuando llueve que cuando hace cuarenta grados?
Una startup, una empresa y un reto climático como punto de partida
El proyecto no surge de un despacho municipal, sino de un reto concreto lanzado bajo el paraguas del convenio entre València Innovation Capital (VIC) y The Mother Trees (VLC City Lab): cómo hacer que la ciudad sea más resiliente ante fenómenos climáticos extremos. La respuesta llegó de la mano de Grupo Simetría y de Fliwer, una empresa tecnológica cuya solución —bautizada como Fliwer One— conecta los sistemas de riego por aspersión y goteo a una plataforma de Internet de las Cosas (IoT). El resultado es un sistema que lee el entorno, analiza los datos al momento y ajusta automáticamente el suministro de agua según las necesidades reales de cada zona verde. Regar inteligente, en lugar de regar por costumbre.
Todo esto ocurre dentro del Sandbox Urbano de València, un instrumento que tiene por objetivo incentivar e impulsar la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico ofreciendo a las entidades interesadas la ciudad como escenario idóneo para la realización de sus pruebas en un entorno real y urbano. Lejos de ser un concepto abstracto, València es una de las primeras ciudades europeas que ofrece un sandbox de escala urbana con más de 100 recursos municipales —edificios públicos, instalaciones urbanas o eventos con alto número de participantes— en el que se pueden testar soluciones innovadoras que faciliten la vida de la ciudadanía.
"El Sandbox Urbano nos permite convertir la ciudad en un laboratorio de innovación abierta donde empresas, administración y ciudadanía colaboran para probar soluciones que pueden dar respuesta a los grandes retos urbanos. Este proyecto representa un ejemplo de cómo la innovación tecnológica puede ayudarnos a avanzar en una gestión más eficiente de los recursos hídricos y en la adaptación de nuestras ciudades al cambio climático" - Paula Llobet, concejala de Innovación del Ayuntamiento de València
Cómo funciona: datos, sensores y goteo a medida
La plataforma Fliwer One opera sobre el principio del IoT aplicado al verde urbano. Los sensores recopilan información continua sobre las condiciones del suelo y el ambiente, y un sistema de análisis traduce esos datos en órdenes precisas para los mecanismos de riego. No hay operario que abra o cierre una llave: el sistema toma sus propias decisiones. El objetivo inmediato es doble: reducir el consumo de agua y mejorar las condiciones de crecimiento y conservación del arbolado, que en las ciudades mediterráneas sufre especialmente el estrés hídrico durante los meses de calor extremo.
La fase principal del piloto tendrá una duración inicial de tres meses, aunque el plan contempla la posibilidad de extenderse hasta doce para poder observar el comportamiento del sistema en distintas condiciones climáticas. Durante ese tiempo, los técnicos analizarán indicadores como la reducción efectiva del consumo de agua, la fiabilidad del sistema, su capacidad de integrarse con la infraestructura municipal ya existente y su impacto en la resiliencia urbana. Si los resultados acompañan, la tecnología podría dar el salto a otros espacios verdes de la ciudad.
Valencia como ciudad-laboratorio: una apuesta con recorrido
Convertir a la ciudad en el mayor escenario de pruebas de innovación de Europa es el objetivo con el que nació el Sandbox Urbano de València, un laboratorio vivo con el que el Ayuntamiento busca que empresas innovadoras e investigadores prueben sus proyectos en plena ciudad, trasladando innovaciones directamente desde el laboratorio a la vida cotidiana, mejorando de paso los servicios públicos y resolviendo los retos estratégicos de las ciudades modernas. El programa permite a empresas, startups, centros tecnológicos y entidades innovadoras testar sus soluciones en condiciones reales, utilizando recursos urbanos y espacios de la ciudad para validar tecnologías y modelos de negocio antes de su implantación a gran escala.
La concejala Llobet también ha subrayado el papel del Sandbox como reductor de barreras burocráticas: que una empresa pueda probar su tecnología en una calle real antes de firmar ningún contrato de despliegue masivo es, precisamente, lo que diferencia este modelo de los procesos de compra pública tradicionales, que a menudo exigen referencias previas que nadie puede tener si nunca se ha podido experimentar.
El proyecto contempla además la elaboración de informes técnicos y actividades de divulgación para facilitar la transferencia de conocimiento y favorecer que otros municipios puedan replicar la solución. En un contexto en el que el agua es, cada vez más, un recurso escaso y disputado, que una ciudad mediterránea ensaye fórmulas para regar solo lo necesario —y con datos, no con intuición— apunta a algo más que un piloto puntual: apunta a la forma en que las ciudades del futuro tendrán que aprender a cuidar lo que tienen.


