Un nuevo frente abierto entre el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat por el ruido de los grandes conciertos. El consistorio ha ordenado el archivo de unas actuaciones abiertas por las molestias acústicas derivadas del concierto de Chayanne celebrado en 2025 en la plaza de Toros. Asimismo, se ha acordado remitir el expediente a la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, al entender que es la Administración autonómica la competente para tramitarlo.
La resolución, firmada por la tercera teniente de alcalde de Recursos Humanos y Acción Vecinal, Julia Climent, ha dejado sin efecto la incoación del procedimiento sancionador que el propio Ayuntamiento dictó el pasado 11 de junio contra la mercantil promotora del evento por una denuncia de contaminación acústica levantada por la Policía Local. Los hechos se remontan al 22 de mayo de 2025, a las 23:30h, durante el concierto del cantante puertorriqueño celebrado en el coso de la calle Xàtiva.
El expediente municipal sostiene ahora que, por la tipología del espectáculo público, la autorización corresponde a la Generalitat. Y añade que la Ley valenciana de protección contra la contaminación acústica atribuye la competencia sancionadora al órgano autonómico cuando el instrumento de intervención administrativa habilitante sea también de competencia autonómica.
Un año atrás
La decisión se ha tomado un año después de la celebración de aquel concierto. No se debe olvidar que, unas semanas después de la cancelación del Festival de Les Arts, este caso se convirtió en el principal precedente del nuevo escenario abierto por las quejas vecinales contra los eventos musicales de gran formato. En aquel momento, el conflicto estalló tras una sentencia dictada en marzo que condenó al Ayuntamiento de Valencia por no haber protegido de forma eficaz los derechos de los vecinos afectados por los ruidos de festivales, conciertos y otras actividades de ocio.
A partir de ese momento, el Ayuntamiento defendió que una cosa era la obligación de controlar el cumplimiento de la normativa acústica y otra, la autorización de los festivales en un recinto gestionado por CACSA, empresa pública dependiente de la Generalitat. La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, expresó de manera muy tajante lo siguiente: "Nosotros no firmamos con los promotores la programación de Les Arts, ya que eso es una gestión de CACSA. Es decir, de la Generalitat". Además, hizo hincapié en que ellos "no autorizaron" y, por tanto, tampoco firmaron con los promotores.
Por su parte, la Generalitat trató de situar la suspensión en el terreno del cumplimiento administrativo. El president de la Generalitat, JuanFran Pérez Llorca, afirmó que CACSA recibió aquel sábado "un requerimiento" por parte del Ayuntamiento de Valencia en el que se pedía la suspensión inmediata del festival.
Un recinto de la Diputación
Ahora, el expediente de Chayanne traslada ese debate a otro escenario: la plaza de Toros. No es la Ciutat de Les Arts ni tampoco un recinto gestionado por CACSA, pero el asunto vuelve al mismo planteamiento: quién autoriza, quién lo gestiona, quién sanciona y qué administración responde a las molestias vecinales. El Ayuntamiento, señalado judicialmente por el caso de la Ciutat de Les Arts, marca distancias en el caso del coso taurino y señala a la Generalitat como el órgano competente para tramitar la denuncia.
Además, en este caso puede aparecer una tercera administración: la Diputación de Valencia. La institución provincial es la propietaria de la Plaza de Toros y la que explota el recinto como espacio para espectáculos. No obstante, este año la programación musical es más reducida que en años anteriores. Por ello, esa condición añade una complejidad al conflicto, ya que no solo limita la relación entre Ayuntamiento y Generalitat, sino que también afecta al modelo de uso de algunos de los grandes espacios urbanos de la ciudad.
El futuro de los conciertos valencianos al aire libre
Este caso ha reabierto el debate sobre la celebración de grandes conciertos al aire libre en Valencia. La sentencia que dio la razón a los vecinos ha cambiado las reglas del juego. Los límites acústicos, anteriormente gestionados con mayor flexibilidad, han pasado a condicionar la viabilidad de festivales y grandes conciertos. Así como Les Arts quedó herido tras su cancelación. Sin embargo, Bigsound se trasladó a Torrent y ha demostrado que existe una alternativa alejada de la capital. La Marina Norte ofrece aforos más limitados y La Marina Sur está condicionada por las obras y otros usos. En cuanto a la plaza de Toros, presenta restricciones de programación y un difícil encaje urbano.
El calendario musical valenciano se va estrechando cada vez más. Los conciertos de Viveros tendrán que demostrar que no toda la música en directo al aire libre está amenazada si se mantiene en formatos de entre 5.000 y 10.000 espectadores. Los grandes eventos, aquellos que necesitan aforos superiores y una potencia sonora difícil de compatibilizar con el entorno urbano, siguen sin tener una ubicación clara dentro de Valencia.

