¿Tiene sentido que dos de las comunidades autónomas con mayor peso tecnológico de España sigan compitiendo por separado en los grandes programas de financiación europea? Para Eduardo Pascual, secretario autonómico de Innovación de la Generalitat Valenciana, la respuesta es clara: no. En un momento en que Europa acelera su apuesta por la soberanía tecnológica, Pascual defiende que la Comunitat Valenciana y la Comunidad de Madrid deben dejar de mirarse como rivales y empezar a actuar como socias.
Una alianza con nombre y apellidos tecnológicos
El secretario autonómico hizo estas reflexiones durante su participación en una mesa redonda organizada por la Fundación Conexus Madrid-Comunitat Valenciana —el colectivo de empresarios valencianos en Madrid— sobre la eficacia de las ayudas públicas al emprendimiento. El foro sirvió de escenario para lanzar un mensaje que va más allá de la retórica institucional habitual.
Pascual identificó sectores concretos donde la cooperación entre ambos territorios tiene más sentido por la complementariedad de sus capacidades científicas, industriales y empresariales:
- Inteligencia artificial y tecnologías digitales avanzadas
- Salud y biotecnología
- Sector aeroespacial
- Seguridad y defensa
- Semiconductores
- Transición energética y resiliencia climática
No se trata de un listado arbitrario. Son precisamente los ámbitos que la Comisión Europea ha situado en el centro de sus prioridades estratégicas para los próximos años, y donde los grandes programas de financiación —como Horizonte Europa— exigen proyectos de envergadura que difícilmente pueden construirse desde una sola región.
"La oportunidad no está en intentar competir en todo, sino en concentrar esfuerzos en aquellos ámbitos donde ya contamos con capacidades científicas, empresariales e industriales para liderar proyectos de escala europea" - Eduardo Pascual, secretario autonómico de Innovación de la Generalitat Valenciana
Más allá del intercambio de tarjetas de visita
Uno de los puntos más incisivos del discurso de Pascual fue su crítica velada a la colaboración puramente declarativa. En el ecosistema emprendedor abundan los foros, cumbres y jornadas de networking que producen acuerdos de intenciones que luego no se materializan. El secretario autonómico fue directo al respecto.
"Muchas veces hablamos de colaboración entre ecosistemas, pero la colaboración real se produce cuando existe un reto compartido, financiación compartida y equipos trabajando juntos sobre objetivos concretos" - Eduardo Pascual, secretario autonómico de Innovación de la Generalitat Valenciana
Una distinción importante: no basta con que las empresas valencianas y madrileñas se conozcan. La cooperación real, según Pascual, implica proyectos en los que universidades, centros tecnológicos, empresas e inversores de ambas comunidades compartan riesgos, recursos y objetivos. Un modelo que, aplicado a los grandes programas europeos, puede multiplicar las posibilidades de éxito de iniciativas que por separado tendrían pocas opciones de competir.
El dilema de las 'startups': crecer aquí o marcharse
El encuentro también abordó una de las tensiones más conocidas del ecosistema emprendedor español: la fuga de startups hacia Madrid, Londres o Silicon Valley en busca de inversión y mercado. Pascual rechazó que el objetivo deba ser cortar ese flujo —algo, por otro lado, casi imposible en una economía abierta— y lo replanteó con precisión quirúrgica.
"La clave no es evitar que las 'startups' busquen inversión en Madrid, Londres o cualquier otra parte del mundo. La clave es que no tengan que trasladar su actividad para seguir creciendo" - Eduardo Pascual, secretario autonómico de Innovación de la Generalitat Valenciana
Detrás de esta frase hay una diagnosis concreta: muchas empresas emergentes no abandonan su comunidad de origen por capricho, sino porque encuentran fuera lo que no tienen cerca. Suelo industrial disponible, infraestructuras adecuadas y procedimientos administrativos ágiles son, según Pascual, factores tan decisivos para el crecimiento de una startup como la propia ronda de financiación. Una reflexión que invita a ampliar el concepto de apoyo público más allá del cheque.
Menos burocracia, más velocidad
En el apartado de propuestas, Pascual planteó la necesidad de reformar los instrumentos públicos de financiación para adaptarlos a los ritmos reales de la innovación. Las empresas tecnológicas operan en ciclos rápidos: una convocatoria de ayudas que tarda un año en resolverse puede llegar cuando el proyecto ya ha cambiado de dirección o, directamente, ha desaparecido.
El secretario autonómico abogó por convocatorias más accesibles, procedimientos simplificados y modelos de justificación que reduzcan las cargas burocráticas sin sacrificar la transparencia. No es una propuesta nueva —la tensión entre control administrativo e innovación es antigua—, pero adquiere nueva urgencia en un contexto europeo donde la velocidad de respuesta puede marcar la diferencia entre liderar o quedar rezagado.
A todo ello añadió el potencial de la Compra Pública de Innovación como palanca de mercado: permitir que las administraciones encarguen soluciones tecnológicas a empresas emergentes no solo genera contratos, sino que también actúa como validación ante inversores privados, uno de los obstáculos más difíciles de superar para una startup en sus primeras fases. En definitiva, la propuesta que emerge de esta jornada no es solo una hoja de ruta para la cooperación interregional, sino también un cuestionamiento de fondo sobre cómo los poderes públicos deben repensar su papel en el ecosistema innovador: menos ventanilla, más socio estratégico.


