Valencia recoge 1.000 toneladas de paja de arroz gratis para evitar la quema y dar una segunda vida a los restos de la siega

La Generalitat finaliza la campaña 2026 con 1.000 toneladas de paja empacada sin coste para agricultores, con más demanda que oferta.

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Mil toneladas de paja de arroz que, en otro tiempo, habrían ardido en los campos valencianos acaban de recibir una segunda oportunidad. La Generalitat Valenciana ha concluido esta semana la campaña de gestión de la paja del arroz de 2026, un operativo que ha permitido recoger y empacar de forma totalmente gratuita los restos vegetales procedentes de la siega en las cuatro grandes zonas arroceras de la Comunitat: l'Albufera, la Ribera Sur del Xúquer, Pego-Oliva y Almenara.

De la quema al empaque: un cambio de mentalidad en los campos de arroz

La quema de la paja fue durante décadas la solución más rápida y extendida para limpiar los campos tras la cosecha. Un paisaje de humo denso sobre el parque natural de l'Albufera que, además de las molestias para los vecinos de los municipios del entorno, generaba un impacto ambiental difícil de ignorar. La paja de arroz es uno de los residuos más difíciles de gestionar, especialmente en entornos naturales con alto valor ecológico, y el destino que tradicionalmente se le ha dado ha sido precisamente la quema. Cambiar ese hábito no ha sido sencillo, pero la iniciativa de la Vicepresidencia Tercera y la Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación avanza en esa dirección con resultados concretos.

El servicio de recogida, gestionado por la empresa pública Vaersa, permite a los agricultores solicitar gratuitamente la retirada de los restos de sus parcelas a través de una plataforma habilitada en su web. Una vez empacada, esa misma paja puede ser solicitada también sin coste por empresas y particulares interesados en aprovecharla. El sistema conecta, así, a productores y usuarios de un material que hasta hace poco no tenía más destino que el fuego.

Una demanda que supera a la oferta: lista de espera para conseguir paja

Aquí aparece quizá el dato más sorprendente de toda la campaña: la demanda de paja para su reutilización supera ya la cantidad recogida, y existe una lista de espera para acceder a ella. ¿Quién quiere paja de arroz? La respuesta es más variada de lo que cabría imaginar. Entre los sectores interesados figuran la ganadería, la agricultura, las fallas, la bioconstrucción y la fabricación de calzado. A eso se suman iniciativas de investigación para explorar su uso en productos de belleza y rejuvenecimiento. Un subproducto agrícola que, visto así, resulta casi un material de lujo en bruto.

El objetivo es fomentar la reutilización de la paja con fines energéticos, como recurso ganadero o como sustrato agrícola, al tiempo que se protege el entorno natural. Este modelo circular no solo reduce los residuos del campo, sino que crea puentes entre el sector arrocero y actividades económicas muy alejadas entre sí: desde una granja ganadera hasta un taller de calzado artesanal o un laboratorio cosmético.

El riesgo silencioso: aguas negras en los humedales

Más allá del humo visible, la paja del arroz esconde otro problema menos conocido pero igualmente grave. La acumulación de los restos de la cosecha puede provocar episodios de aguas negras y anoxia en los humedales, especialmente cuando la paja no se retira ni se quema. La anoxia —la ausencia de oxígeno en el agua— puede desencadenar mortandades masivas de peces y otras especies acuáticas, con consecuencias devastadoras para ecosistemas tan frágiles como l'Albufera.

La resolución también incorpora medidas de seguimiento y análisis ambiental, como la vigilancia reforzada de la calidad del agua, el uso de imágenes por satélite para detectar episodios de anoxia y controles fisicoquímicos y biológicos sobre el terreno. Una red de control que trata de anticiparse a los problemas antes de que se vuelvan irreversibles.

El calendario de la campaña y la perellonà

La campaña arrancó con las primeras siegas de septiembre. Para facilitar la gestión de las variedades más tempranas, la Generalitat adelantó al 16 de septiembre el inicio del periodo autorizado para la quema de la paja y el rastrojo, una autorización que se mantiene hasta el final de la campaña de siega y, en todo caso, hasta el 31 de diciembre de 2026, siempre que las condiciones de riesgo de incendios y las lluvias lo permitan. La quema, por tanto, no ha desaparecido del todo, pero opera ya como último recurso y no como norma.

Con la recogida en l'Albufera concluida, comienza ahora la perellonà, el proceso tradicional de inundación invernal del parque natural que se prolonga hasta enero. Algunos campos ya están cubiertos de agua, especialmente en las zonas más bajas, conocidas como tancats. Es la señal de que el ciclo del arroz ha terminado y el humedal reclama su protagonismo estacional. Un paisaje que, gracias a iniciativas como esta, puede seguir existiendo sin que el humo de la paja sea el precio a pagar por cada cosecha.