Hay algo curioso cuando entras en Bar Mistela Chamartín: durante unos segundos parece que Madrid se ha quedado fuera. No hace falta que nadie te diga que detrás de la barra hay valencianos. Lo ves en los azulejos, en los dibujos de las paredes, en una pataqueta que pasa hacia una mesa y, poco después, en alguien pidiendo un cremaet.
El nuevo local de Gastroadictos acaba de abrir en la calle Manuel de Falla y es el primer proyecto del grupo fuera de València. Más de 400 metros cuadrados, una gran barra y cerca de 200 plazas para llevar a Madrid una forma de entender el bar bastante nuestra: entrar a almorzar y acabar alargando la mañana porque siempre aparece algo más.
Un mural que habla de València sin decirlo
La primera pista está en la pared del fondo. Un enorme mural de azulejos pintados a mano reúne personajes con trajes tradicionales, músicos, mujeres con peinetas, niños, parejas y escenas cotidianas. Entre ellos aparecen edificios, torres y paisajes que unen la capital con la ciudad de la Albufera.
No parece una postal de souvenir. Se parece más a un álbum de recuerdos valencianos dibujado sobre cerámica. Y la decoración continúa con ilustraciones que miran hacia Madrid y que hacen referencia a algunos de sus bares más conocidos. Una manera de decir que Mistela llega para formar parte de la ciudad, no para hacer de visitante.
Quizá por eso funciona tan bien la mezcla. Madrid está en el barrio y en algunas de las referencias de la sala. València aparece cuando miras un poco más: en la cerámica, en la carta y en ese concepto tan nuestro de sentarse a almorzar sin tener demasiada prisa.

Pataqueta, cacaus y cremaet
El esmorzaret ocupa las mañanas, de 9:30 a 12:00 horas. Hay gasto de olivas y cacaus, bebida, café y una carta de bocadillos donde aparecen el Top Mussafes, el Copa del Mundo, el Chivito, el Serranito o el Americano. El medio bocadillo cuesta 7,50 euros y el entero 8,50; los fines de semana y festivos, 9 y 10 euros.
Y aquí hay otro detalle que me gusta especialmente: han elegido la pataqueta. Podrían haber llevado cualquier bocadillo a Madrid, pero han llevado uno de nuestros panes más reconocibles. Después llega el café y, si toca, el cremaet, la mistela, la cassalla o el herbero.
La carta sigue después del almuerzo con bravas, ensaladilla, buñuelos de bacalao, sepia, carnes y pescados a la brasa y arroces con arroz de l’Albufera. La paella valenciana y el arroz del senyoret son algunas de las propuestas que completan una carta pensada para compartir.
Y ahí está lo interesante de Mistela. No se trata únicamente de abrir un restaurante valenciano en Madrid, sino de enseñar cómo comemos, qué pedimos y por qué para nosotros un almuerzo puede ser bastante más que un bocadillo.
Si después de unas cuantas visitas alguien de Chamartín empieza a pedir cacaus, pregunta qué lleva un cremaet o descubre el arròs al forn, Gastroadictos habrá conseguido algo más que abrir un nuevo local.
Bar Mistela Chamartín está en el número 5 de la calle Manuel de Falla y abre de martes a domingo, de 9:00 a 00:30 horas. Una dirección madrileña con mucho acento valenciano.


