Valencia construye su arma contra el cáncer: un centro de protonterapia pública que tratará tumores con la precisión de un bisturí de partículas

El edificio de 5.500 m² junto al Hospital La Fe ultima su fase final tras 17 meses de obra. El primer paciente podría tratarse antes de finales de 2027

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Las obras del nuevo centro de protonterapia en el Hospital la Fe
Las obras del nuevo centro de protonterapia en el Hospital la Fe
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Hay enfermedades que exigen soluciones extraordinarias. El cáncer es una de ellas, y la Comunitat Valenciana está a punto de dar un salto cualitativo en su forma de combatirlo. El nuevo centro de protonterapia que se construye junto al Hospital La Fe de Valencia entra en su recta final tras 17 meses de obras, con el objetivo de tratar al primer paciente antes de que acabe 2027. Un edificio que, desde fuera, puede parecer un bloque más de hormigón, pero que por dentro esconde una de las tecnologías médicas más avanzadas del mundo.

Un rayo que solo hiere al tumor

La protonterapia no es radioterapia convencional, aunque comparte con ella el uso de la radiación. La diferencia está en la precisión: el haz de protones deposita su máxima energía exactamente en el tumor, sin apenas dañar los tejidos sanos que lo rodean. Es, en cierta medida, la diferencia entre disparar con perdigones y hacerlo con un láser. La técnica utiliza protones que son casi dos mil veces más pesados que los electrones del tumor, y al impactar contra ellos resultan más eficaces que la terapia de fotones tradicional. Un especialista lo ilustró con una imagen contundente: es como si un tren chocara contra una bicicleta.

Esta cualidad la convierte en una opción especialmente valiosa en pacientes pediátricos y en lesiones situadas en zonas delicadas. Los niños con cáncer son, quizás, quienes más pueden beneficiarse: sus cuerpos en crecimiento son más vulnerables a los efectos secundarios de la radiación convencional, y la protonterapia reduce ese riesgo de forma significativa. No es un detalle menor: en centros como el de la Clínica Universidad de Navarra, el 27% de los pacientes tratados son menores de 18 años.

Una obra que se mide en milímetros

Construir un centro así no es como levantar un hospital corriente. El edificio, de 5.500 m² y un coste de 21,5 millones de euros, ha exigido una rigurosidad técnica sin precedentes. Los muros de contención de hormigón tienen entre 2,5 y 3 metros de espesor, necesarios para confinar los neutrones que genera el acelerador de partículas durante los tratamientos. Y no basta con que sean gruesos: en algunos puntos se han tenido que corregir desviaciones de apenas milímetros para cumplir con las exigencias del fabricante del equipo. Milímetros que, en medicina de precisión, pueden marcar la diferencia.

El edificio, construido en la parcela sur del complejo hospitalario de La Fe por la Conselleria de Sanitat, está distribuido en tres niveles: un sótano técnico, una planta baja de uso clínico con salas de espera diferenciadas por edades —un guiño a los pacientes más jóvenes—, y una planta superior destinada al personal y al mantenimiento especializado permanente. Además, el centro contará con autonomía energética de 24 horas gracias a grupos electrógenos y depósitos de gasóleo adicionales, una previsión que garantiza la continuidad del servicio ante cualquier fallo eléctrico. En un lugar donde los tratamientos no pueden interrumpirse a mitad de sesión, eso no es un lujo: es una necesidad.

El hito que cambiará el acceso público a este tratamiento

Hasta ahora, acceder a la protonterapia en España significaba, casi inevitablemente, recurrir a la sanidad privada. En 2026, la protonterapia está disponible en dos centros privados operativos y se está ampliando progresivamente en la sanidad pública con nuevos equipos en varias comunidades autónomas. El centro valenciano forma parte de ese cambio estructural, impulsado en buena medida por la Fundación Amancio Ortega, que ha donado diez equipos de protonterapia al Sistema Nacional de Salud con una inversión total de 280 millones de euros. Las máquinas forman parte de un proyecto de colaboración entre la fundación, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas.

Entre los territorios beneficiados figuran Madrid, Santiago de Compostela, Barcelona, Sevilla, Málaga, Valencia, San Sebastián y Las Palmas de Gran Canaria, una expansión que avanzará hacia un mayor acceso a la protonterapia dentro del sistema sanitario público. En el caso valenciano, la Fundación Amancio Ortega ha financiado el equipo de tratamiento y su equipamiento con 29,04 millones de euros, mientras que la Generalitat asume los 21,5 millones de la obra, el mantenimiento y la dotación de personal.

El camino hasta el primer paciente

Antes de que el centro pueda tratar a nadie, queda un trecho burocrático y técnico que recorrer. Actualmente, el servicio de Protección Radiológica trabaja en la obtención de las autorizaciones del Consejo de Seguridad Nuclear, imprescindibles para la puesta en marcha de la instalación radiactiva. Una vez obtenidas y concluidas las obras, llegará el momento de instalar el propio acelerador de partículas, el corazón tecnológico del edificio.

El horizonte marcado es ambicioso pero claro: el primer paciente valenciano podría recibir tratamiento de protonterapia pública antes de que finalice el año 2027. Para quienes hoy deben desplazarse a otro punto del país —o incluso al extranjero— para acceder a esta tecnología, esa fecha no es un dato abstracto. Es una promesa concreta de que la medicina de precisión también puede ser pública, accesible y cercana.