Quince institutos europeos se unen contra las plagas que amenazan nuestros campos: la Valencia citrícola lidera la respuesta científica

El IVIA participa en PhytoPRISM, un proyecto europeo de 6 millones de euros para proteger cultivos frente a nuevas plagas y patógenos

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El IVIA participa en un proyecto de investigación para proteger cultivos frente a plagas - GVA
El IVIA participa en un proyecto de investigación para proteger cultivos frente a plagas - GVA

Cada naranja que llega a una mesa valenciana ha superado, sin que nadie lo sepa, una carrera de obstáculos invisible. Insectos invasores, hongos exóticos, bacterias viajeras que se cuelan entre contenedores de mercancías y fronteras permeables. El problema no es nuevo, pero sí cada vez más urgente: el cambio climático y la expansión del comercio global están abriendo las puertas de Europa a plagas y patógenos que antes jamás habrían prosperado aquí. Para hacerles frente, quince institutos de investigación y organizaciones de ocho países europeos acaban de unirse en un proyecto sin precedentes.

Un escudo científico de 6 millones de euros

El proyecto se llama PhytoPRISM y cuenta con una dotación de 6 millones de euros dentro del programa de investigación Horizonte Europa. Su objetivo es tan ambicioso como necesario: dotar a las autoridades europeas de sanidad vegetal de una plataforma capaz de analizar y optimizar estrategias de control a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, desde el instante en que una plaga toca tierra extranjera hasta su gestión a largo plazo en el territorio.

En ese consorcio tiene un papel destacado el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), con una presencia especialmente significativa: Antonio Vicent, coordinador del Centro de Protección Vegetal del centro valenciano, también es presidente del panel de Sanidad Vegetal de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Pocas personas en Europa tienen una visión tan completa del problema.

"Los cítricos son el cultivo frutal más importante de la Comunitat Valenciana y de gran parte del Mediterráneo, y la creciente introducción de nuevas plagas y patógenos representa un desafío cada vez mayor para el sector. PhytoPRISM permitirá desarrollar herramientas basadas en la evidencia científica para mejorar la gestión de estos riesgos fitosanitarios y reforzar la seguridad del comercio internacional", explica Antonio Vicent, coordinador del Centro de Protección Vegetal del IVIA y presidente del panel de Sanidad Vegetal de la EFSA

El problema de actuar en parcelas

Hasta ahora, Europa ha combatido las plagas agrícolas con un enfoque fragmentado: cada medida fitosanitaria funcionaba de forma aislada, como si los organismos invasores respetasen compartimentos estancos. La realidad, claro está, es muy distinta. Un insecto no entiende de protocolos administrativos ni de fronteras entre departamentos técnicos.

PhytoPRISM pretende romper con esa lógica y construir, por primera vez, una estrategia integral que analice toda la cadena de producción y distribución de mercancías: desde los países de origen de los productos importados hasta los campos de cultivo europeos. Es, en esencia, pasar de apagar fuegos a construir cortafuegos.

Casos reales y formación para el futuro

El proyecto no se quedará en la teoría. La nueva plataforma se desarrollará en colaboración con autoridades fitosanitarias, agricultores, gestores forestales y asesores técnicos, y se pondrá a prueba con casos reales de plagas y patógenos de gran relevancia en Europa. Así, los resultados no serán solo académicos, sino directamente aplicables sobre el terreno.

Además, PhytoPRISM incluirá programas de formación, cursos en línea y herramientas específicas para la planificación de emergencias. La idea es que los países europeos estén mejor preparados cuando llegue la próxima amenaza, porque la experiencia demuestra que llegará. No se trata de si habrá una nueva plaga, sino de cuándo y con qué capacidad de respuesta se recibirá.

Menos químicos, más inteligencia fitosanitaria

El proyecto también encaja en una tendencia más amplia de la política agrícola europea: reducir el uso de fitosanitarios de síntesis. Uno de los objetivos explícitos de PhytoPRISM es disminuir esa dependencia química, aumentar la eficiencia de las medidas de control y adaptar mejor las estrategias agrícolas a un clima que ya no es el de hace dos décadas.

El proyecto ejemplifica, además, el fortalecimiento de la cooperación científica entre el Reino Unido y la Unión Europea dentro del programa Horizonte Europa, una relación que, tras el Brexit, no era en absoluto garantizada. Que investigadores de ambos lados del Canal de la Mancha vuelvan a trabajar codo con codo en un proyecto de esta envergadura tiene también un valor político que va más allá de la agronomía.

Al final, lo que está en juego no es solo la naranja en el mercado o el olivo en la ladera. Es la capacidad de Europa para alimentarse a sí misma con garantías, en un planeta que se calienta, que comercia sin pausa y que, de vez en cuando, importa sin querer amenazas que nadie pidió. PhytoPRISM apuesta por la ciencia como primera línea de defensa, antes de que el daño sea irreversible.