Ochenta años después, cuatro fusilados del franquismo en Gandia vuelven con sus familias gracias a la prueba de ADN

La Diputación de València financia la identificación genética de cuatro represaliados enterrados en fosas comunes del cementerio de Gandia.

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Visita de Natàlia Enguix
Visita de Natàlia Enguix

Tenían nombres, tenían familias y tenían historias. Pero durante décadas, Manuel Castillo García, José Giner Gasent, Manuel Martín Collado y Antonio Orengo Damià fueron solo huesos anónimos bajo el suelo del cementerio de Gandia. Este sábado, en el claustro de las Escuelas Pías, sus restos volvieron por fin a manos de sus descendientes en un acto cívico cargado de emoción y significado histórico.

Una deuda de décadas saldada con ciencia y voluntad institucional

Los cuatro son los primeros represaliados identificados mediante análisis genéticos realizados por el laboratorio Citogen, dentro de un proceso financiado por la delegación de Memoria Democrática de la Diputació de València. La subvención asciende a 46.600 euros destinados específicamente a las pruebas de ADN, una cifra que se suma a los 40.000 euros que la Diputación ya había invertido en campañas de excavación en el cementerio local entre 2020 y 2021, así como en el análisis previo mediante georradar para localizar las fosas.

La vicepresidenta primera de la Diputació y responsable del área de Memoria Democrática, Natàlia Enguix, presidió el acto junto a la directora general de Atención a las Víctimas del Gobierno de España, Zoraida Hijosa, y el alcalde de Gandia, José Manuel Prieto. También estuvieron presentes el director de los trabajos arqueológicos, Miquel Mezquida, y la responsable local de Memoria Democrática, Alícia Izquierdo, además de los familiares de las víctimas.

"La reparación moral de las víctimas del franquismo y la Guerra Civil nos la debemos todos, sin ánimo de confrontar, tan solo de contar lo sucedido en unos años muy oscuros que no deben repetirse jamás." - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera y responsable de Memoria Democrática de la Diputació de València

Nichos sobre las fosas: el obstáculo que frenó las excavaciones

Recuperar estos restos no ha sido tarea sencilla. Los trabajos quedaron interrumpidos en junio de 2023 por informes técnicos que alertaban del riesgo de hundimiento, ya que se habían construido nichos sobre la zona de enterramiento. Es una imagen que resume bien la paradoja de la posguerra: la vida siguió, los cementerios crecieron, y los muertos incómodos quedaron literalmente sepultados bajo las nuevas capas de la normalidad.

Hasta ese momento se habían exhumado 24 cuerpos completos y restos parciales de otras tres personas. De los 62 fusilados de los que se tiene constancia documental y testimonial en Gandia, casi cuarenta permanecen aún sin recuperar. Según las estimaciones trasladadas durante el acto, todavía quedarían alrededor de 40 cuerpos sepultados bajo una fila de nichos del cementerio.

A la dificultad técnica se sumaron la paralización judicial de los trabajos y la saturación de los bancos de ADN, circunstancias que retrasaron el proceso de identificación. Un camino largo, plagado de obstáculos que no siempre fueron geológicos.

Activistas, sindicalistas y vecinos: el perfil de las víctimas

¿Quiénes eran estas personas? Como ocurre en la mayoría de las fosas comunes del franquismo, entre los represaliados de Gandia predominan activistas políticos y sindicales vinculados a las organizaciones que sostuvieron la Segunda República y el esfuerzo de guerra. Primero eran encarcelados en sus propias localidades, como la prisión de Oliva, y luego trasladados a las Escuelas Pías de Gandia, la prisión comarcal donde se tramitaban los procesos sumarísimos que acababan, con demasiada frecuencia, en condena de muerte.

La mayoría de los restos que aún se esperan encontrar bajo el cementerio gandiano pertenecen a vecinos de la comarca: personas de l'Alqueria de la Comtessa, Oliva, Simat, Tavernes, Xeraco y Xeresa, pero también de localidades más alejadas como Anna, Ontinyent y Beneixama. Una geografía del dolor que dibuja bien hasta dónde llegó la represión en esta franja del litoral valenciano.

Familias que no pararon de buscar

Alrededor de 2018 se constituyó la asociación de familiares, impulsada por descendientes de víctimas que buscaban romper décadas de silencio. Años de gestiones, de esperas y de frustraciones que este sábado encontraron, al menos en parte, su recompensa. La jornada reunió a nietos y nietas de las víctimas, que pudieron poner nombre a parte de los restos recuperados en las fosas del cementerio de Gandia.

El responsable del equipo arqueológico, Miquel Mezquida, advirtió de que no será posible identificar a todas las víctimas, aunque reafirmó el compromiso de continuar trabajando con las familias para llegar al máximo número posible de identificaciones. El Ayuntamiento ya tiene preparado el procedimiento administrativo para una nueva campaña de excavación, aunque su ejecución dependerá de la disponibilidad de recursos económicos y del apoyo institucional.

La vicepresidenta Enguix expresó su deseo de que "pronto puedan identificarse los restos de otras personas que también fueron represaliadas y enterradas en Gandia". Cuatro nombres devueltos a la historia no son el final, sino apenas el comienzo de una deuda que la sociedad española lleva demasiados años aplazando.