Hay productos que van más allá del mercado. La tomata valenciana —ese tomate de forma apuntada, carne tierna y sabor inconfundible que lleva generaciones en las huertas valencianas— tuvo este jueves su primer gran reconocimiento institucional. La Asociación de Productores y Comercializadores de la Tomata Valenciana celebró la primera edición de sus premios, un acontecimiento al que la Conselleria de Agricultura quiso poner voz propia.
Un producto de huerta que es también patrimonio cultural
M.ª Àngels Ramón-Llín, directora general de Producción Agrícola y Ganadera, fue la encargada de inaugurar el acto y no escatimó en referencias al peso cultural del producto. La tomata valenciana no es simplemente un tomate: es un símbolo de la agricultura de proximidad, del conocimiento transmitido entre generaciones y del vínculo entre el territorio y la mesa. Un argumento que, lejos de sonar retórico, tiene detrás cifras concretas.
La Asociación está formada actualmente por 27 miembros, de los cuales 21 son agricultores, y entre ellos figura la Universitat Politècnica de València (UPV), que además acoge la sede de la entidad. En conjunto, los productores asociados cultivan alrededor de 18 hectáreas de Tomata Valenciana, con una producción anual aproximada de dos millones de kilogramos. No es una producción industrial, pero sí lo suficientemente significativa como para que el sector reclame —y obtenga— visibilidad.
La Tomata Valenciana constituye un producto estrechamente vinculado a la horticultura tradicional de la provincia de Valencia y destaca por sus características de forma, textura y sabor. Su cultivo requiere un importante grado de especialización y continúa estando basado en buena medida en el conocimiento y experiencia acumulados por los agricultores.
"La tomata valenciana es mucho más que un producto de la huerta: es tradición, es territorio, es cultura y es el resultado del trabajo de muchas personas que, generación tras generación, han sabido mantener vivo un oficio esencial para nuestra agricultura" - M.ª Àngels Ramón-Llín, directora general de Producción Agrícola y Ganadera de la Generalitat Valenciana
La Marca CV, escudo frente a la competencia desleal
En su intervención, Ramón-Llín puso también en valor la Marca CV como herramienta de diferenciación y confianza para el consumidor. Creada en 1998 por la Generalitat Valenciana, la marca CV tiene como objetivo la protección de productos agrarios y agroalimentarios del ámbito territorial de la Comunitat Valenciana, estableciendo un mecanismo de distinción técnica y comercial de aquellos productos con valores peculiares de tipo cualitativo, sociocultural o económico. Esta distinción protege la singularidad del producto, evita competencias desleales y facilita su identificación en los lineales, además de buscar estabilizar los precios y garantizar la rentabilidad de la producción.
La Tomata Valenciana es uno de los productos más genuinos de la agricultura valenciana. Única por su sabor, propiedades nutricionales y características morfológicas —de forma apuntada y carne muy tierna y sabrosa—, se cultiva principalmente en las comarcas del sur de Castellón, Valencia y norte de Alicante, tanto al aire libre como protegida. Un perfil diferencial que, precisamente, justifica la existencia de un reconocimiento como estos premios.
Premios para visibilizar un sector que no siempre ocupa titulares
¿Por qué hacen falta premios para un tomate? Quizá porque los productos tradicionales tienen la mala costumbre de darse por supuestos hasta que desaparecen. La directora general felicitó a la asociación organizadora por impulsar una iniciativa que, según subrayó, "contribuye a dar visibilidad al sector y a reconocer el esfuerzo de quienes trabajan para mantener la calidad y el prestigio de este producto".
Las variedades de Tomata Valenciana cultivadas por los agricultores de la asociación provienen de comarcas como L'Horta, el Camp del Turia, la Ribera Alta, la Ribera Baixa, l'Alt Palància y La Canal de Navarrés. Un mapa disperso por buena parte de la geografía valenciana que habla de la profundidad de su arraigo. Proyectos surgidos en el seno de la Asociación están permitiendo poner en valor el tomate valenciano y promocionar su cultivo como alternativa rentable para muchos agricultores valencianos.
Ramón-Llín incidió también en la necesidad de combinar tradición e innovación, y animó a seguir promoviendo el consumo de productos de proximidad como una forma de sostener la actividad agraria y la vitalidad de los municipios rurales. Un discurso que, en el fondo, apunta a algo tan concreto como urgente: que el campo valenciano tenga futuro, y que ese futuro pase también por el tomate de toda la vida.

