Cuando una dana golpea una comarca, los daños visibles —coches arrastrados, calles encharcadas, bajos inundados— acaparan toda la atención. Pero hay una capa menos visible, igual de urgente: la red sanitaria que sostiene a miles de vecinos en su día a día. La Conselleria de Sanidad de la Comunitat Valenciana ha restablecido por completo la actividad asistencial en los municipios afectados por la dana Adam, con la reapertura de los consultorios auxiliares de Piles y Els Poblets como último eslabón de esa recuperación.
Dos consultorios que vuelven a abrir sus puertas
El de Piles retomó la actividad el primer día; el de Els Poblets, al día siguiente. Ambos habían tenido que cerrar temporalmente tras sufrir los efectos directos de las inundaciones. Antes de reabrir, fue necesario completar tareas de limpieza, reparación de daños estructurales y reposición del material afectado por el agua. La celeridad con la que técnicos de la Conselleria y los respectivos ayuntamientos trabajaron codo con codo permitió que el proceso se resolviera en cuestión de días. Los vecinos de ambas localidades ya son atendidos de nuevo en sus centros sanitarios habituales, sin necesidad de desplazarse a otros municipios.
En el capítulo farmacéutico, la situación está prácticamente normalizada. Solo permanecen cerradas las oficinas de farmacia de Oliva playa y de Miramar, mientras que las farmacias de guardia de todos los municipios afectados mantuvieron su actividad con normalidad desde el primer momento de la emergencia, sin ninguna interrupción en el servicio.
Cincuenta expertos contra los riesgos invisibles del agua
Las inundaciones no solo destrozan infraestructuras; también dejan tras de sí una amenaza silenciosa: pozos contaminados, aguas estancadas que se convierten en criadero de vectores, cadenas de frío alimentarias rotas, redes de abastecimiento comprometidas. Para hacer frente a ese escenario, la Dirección General de Salud Pública movilizó a unos cincuenta expertos en epidemiología, seguridad y salud ambiental que han trabajado en múltiples frentes de manera simultánea.
Su labor ha incluido la coordinación permanente con los ayuntamientos y los gestores del abastecimiento para detectar posibles incidencias en las redes y garantizar la calidad del agua potable. También se han evaluado los riesgos derivados de aguas estancadas, la contaminación de pozos y las zonas de suministro de agua de consumo humano, así como la necesidad de actuaciones de control de vectores —mosquitos y otros insectos que proliferan tras las inundaciones—. Paralelamente, los técnicos han identificado los establecimientos alimentarios afectados, valorando el estado de los productos, las instalaciones y la cadena de frío para determinar qué condiciones deben cumplirse antes de que puedan retomar su actividad con plenas garantías sanitarias.
Además, los expertos han elaborado y difundido recomendaciones específicas dirigidas a la ciudadanía para que las tareas de limpieza de viviendas y locales se realicen con seguridad, evitando riesgos adicionales para la salud.
Más de un millón de SMS y 3.500 citas reprogramadas
Uno de los impactos más cotidianos de una emergencia meteorológica es la disrupción de la agenda médica. Revisiones, pruebas diagnósticas, consultas hospitalarias programadas con semanas de antelación: todo queda en suspenso cuando el temporal obliga a paralizar la actividad. En este caso, la alerta generada por la dana Adam obligó a reprogramar más de 3.500 citas en los departamentos de salud de Dénia y de Gandia, dos de los de mayor actividad asistencial de la provincia de Valencia. De ese total, 1.900 correspondían a atención primaria y las 1.600 restantes a atención hospitalaria.
Para que ningún paciente quedara sin información, la Conselleria desplegó un operativo de comunicación a gran escala: se enviaron más de un millón de SMS con el objetivo de garantizar a quienes tuvieran cita durante los días de alerta que sus visitas serían reprogramadas automáticamente si no podían acudir por culpa de las lluvias o las inundaciones. Una medida que, más allá de la logística, transmitía un mensaje sencillo pero necesario en medio del caos: el sistema sanitario seguía ahí.
La dana Adam se suma así a una larga serie de episodios meteorológicos extremos que periódicamente sacuden el litoral mediterráneo valenciano. La dana de Valencia de 2024, con 233 muertos, fue la peor catástrofe natural del siglo en España, un precedente que ha marcado profundamente la forma en que las administraciones afrontan ahora cada nueva emergencia. La rapidez con la que se ha recuperado la normalidad sanitaria en la zona afectada por Adam refleja, al menos en parte, que algunas lecciones han comenzado a integrarse en los protocolos de respuesta.

