Hay tradiciones que sobreviven a guerras, decretos reales y siglos de olvido. La 'mocadorà' es una de ellas. Este martes, los gremios de Maestros Confiteros y de Panaderos y Pasteleros de Valencia llevaron hasta la sede de la Diputació de València ese símbolo vivo de identidad valenciana, cumpliendo así con el ritual que cada año antecede al 9 d'Octubre, el Día de la Comunitat Valenciana.
Un pañuelo lleno de historia
El presidente de la Diputació, Vicent Mompó, recibió de manos de Pedro García Coy, gerente del Gremio de Maestros Confiteros de Valencia, la tradicional 'mocadorà': un pañuelo que envuelve figuras de mazapán con forma de frutas y hortalizas de la huerta valenciana. Poco después, la delegación del Gremio de Panaderos y Pasteleros —formada por su presidente, Juanjo Rausell; el vicepresidente, Enric Canet; y la secretaria general, Laura de Juan— repitió el gesto también ante la vicepresidenta primera de la Diputació, Natalia Enguix.
Lo que parece un simple regalo artesano esconde, en realidad, siglos de historia y resistencia. La tradición de la 'mocadorà' se remonta al siglo XVIII y está estrechamente vinculada a la historia de la fiesta del 9 de octubre: cuando los Decretos de Nueva Planta prohibieron festejar la entrada de Jaume I en Valencia, los confiteros de la ciudad crearon dulces con la forma de los petardos prohibidos. Junto a ellos se fabricaron también frutas y hortalizas de mazapán, en referencia a la fertilidad de la huerta valenciana y a las hortalizas que los moros regalaron a la esposa de Jaume I, la reina Doña Violante de Hungría. La pólvora se transformó en azúcar. La protesta, en dulce.
El 'San Valentín valenciano'
La 'mocadorà' se regala el día de Sant Donís, patrón de los enamorados valencianos, que coincide con el 9 de octubre, el Día de la Comunidad Valenciana. Una doble celebración que convierte esta fecha en algo único: fiesta cívica e identitaria y, al mismo tiempo, el San Valentín propio de los valencianos. Sant Donís es especialmente conocido en Valencia por ser el patrón de los enamorados, de modo que los valencianos cuentan con dos días de los enamorados en el calendario: el 14 de febrero y el 9 de octubre.
Dentro del pañuelo van figuritas de mazapán con forma de frutas y hortalizas de la huerta valenciana —naranjas, tomates, calabazas— y, sobre todo, dos piezas estrella: la 'piuleta' y el 'tronador'. La 'piuleta' representa el petardo pequeño y el 'tronador' el grande y ruidoso, ambos recreados en mazapán como un acto simbólico de protesta cultural. Y la dimensión del fenómeno es considerable: se calcula que se emplean más de 70.000 kilos de mazapán para elaborar unas 200.000 'mocadoràs' cada año en las pastelerías valencianas.
Custodios de una tradición artesana
Los gremios que visitaron la Diputació no son meros participantes de esta tradición, sino sus principales guardianes. El Gremio de Maestros Confiteros cuenta con orígenes que se remontan a 1283, lo que lo convierte en una de las organizaciones profesionales más antiguas de Europa y en el referente indiscutible de la repostería artesana valenciana. Desde hace más de 45 años, la entidad organiza además el Concurs de Sant Donís, considerado el certamen de 'mocadorà' más antiguo de la Comunitat Valenciana, en el que participan establecimientos distinguidos con el Segell de Qualitat Artesana, que acredita la elaboración tradicional y la excelencia de los productos.
Mompó y Enguix agradecieron la visita de ambas delegaciones y pusieron en valor el trabajo de los profesionales del sector.
"Una tradición que forma parte de nuestra cultura, nuestra identidad y nuestra manera de celebrar el 9 d'Octubre" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València
El acto en la Diputació no es solo un protocolo institucional. Es, en cierta forma, el reconocimiento de que algunas tradiciones resisten precisamente porque hay quienes, año tras año, se afanan en mantenerlas vivas. Cuando un pañuelo con figuras de mazapán llega a las manos del presidente de la Diputació de València en vísperas del 9 d'Octubre, no llega solo como regalo: llega cargado de ocho siglos de historia valenciana que los artesanos de los gremios siguen amasando, literalmente, con sus propias manos.


