Hay carreteras que todo el mundo conoce, pero que nadie termina de arreglar. La CV-590, que une los municipios valencianos de Enguera y Anna, lleva años siendo una de esas vías en las que los accesos agrícolas se mezclan con el tráfico rodado y las intersecciones exigen más atención de la deseable. Eso podría estar a punto de cambiar. La Generalitat Valenciana ha dado el primer paso formal para transformar un tramo de 3,1 kilómetros de esta carretera con una inversión de 5,6 millones de euros, un proyecto que incluye la construcción de dos nuevas glorietas y una profunda reordenación de los accesos directos que hoy salpican ambos márgenes de la vía.
Un proyecto en la mesa de todos
El proyecto ha sido sometido a información pública mediante su publicación en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV), el trámite que abre la puerta a que ciudadanos, administraciones y entidades puedan consultar la documentación técnica y presentar alegaciones. No es un paso menor: es el mecanismo democrático que permite que quienes viven o trabajan junto a esa carretera tengan voz antes de que arranquen las máquinas.
La actuación es impulsada por la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, y el plazo de ejecución previsto una vez adjudicadas las obras es de doce meses. Un año, en definitiva, para transformar una de las conexiones más transitadas del interior de la comarca de La Canal de Navarrés.
Dos glorietas donde antes había puntos negros
El corazón del proyecto son dos rotondas que sustituirán a dos intersecciones que hoy obligan a los conductores a fiarse demasiado de su propia pericia. La primera se construirá en el entorno del kilómetro 51 de la CV-590, un punto que concentra movimientos de tráfico que la intersección actual no gestiona con suficiente seguridad. La segunda glorieta se levantará en el cruce con la CV-585, una vía que conecta con localidades del entorno y que hasta ahora se incorpora a la CV-590 en condiciones que los técnicos consideran mejorables.
Las glorietas no son solo estética viaria. El historial reciente de la CV-590 incluye varios accidentes registrados en distintos puntos del trazado , lo que refuerza la necesidad de intervenir en los nudos más conflictivos. Las rotondas, además, son una de las soluciones más contrastadas para reducir la gravedad de los siniestros: al eliminar los cruces en ángulo recto y obligar a reducir la velocidad, los impactos frontales —los más letales— se vuelven prácticamente imposibles.
El problema de fondo: demasiadas puertas abiertas a la carretera
Más allá de las glorietas, el proyecto aborda un problema estructural que comparten muchas carreteras secundarias valencianas: la proliferación de accesos directos desde fincas agrícolas y caminos rurales que convierten la calzada en una sucesión de puntos de incorporación imprevisibles. En una vía como la CV-590, donde tractores, turismos y vehículos de reparto conviven a diario, cada acceso sin regular es un riesgo latente.
El plan contempla eliminar y reordenar estos accesos mediante la adecuación de caminos paralelos y vías de servicio, de modo que los propietarios de las fincas colindantes mantengan su accesibilidad, pero a través de puntos controlados y diseñados para ello. No se trata de cerrar pasos, sino de reconducirlos hacia soluciones más seguras.
Firme, drenaje y señalización: la puesta a punto integral
El proyecto no se limita a las glorietas. Aprovechando la intervención, se renovará el pavimento en todo el tramo afectado, se mejorarán las condiciones de drenaje —un factor crítico en una zona propensa a lluvias intensas— y se actualizará la señalización horizontal y vertical. Son mejoras que, vistas por separado, podrían parecer menores, pero que en conjunto elevan sustancialmente el nivel de seguridad de toda la vía.
El presupuesto de 5,6 millones de euros sitúa esta actuación entre las inversiones viarias más relevantes del interior sur de la provincia de Valencia en los últimos años. Para municipios como Enguera —con algo más de 5.000 habitantes— o Anna —que no llega al millar—, disponer de una conexión más segura entre ambos núcleos no es un lujo: es una condición básica para la movilidad cotidiana de sus vecinos, para el acceso a servicios y para la actividad agrícola que vertebra la economía local. Cuando las obras concluyan, esos 3,1 kilómetros deberían dejar de ser un punto de tensión para convertirse, simplemente, en un tramo de carretera por el que circular con algo más de tranquilidad.


