La Comunitat Valenciana apuesta por el talento como motor económico: formación, vivienda y empleo de calidad, claves para no perder profesionales

Camarero clausura en Sagunto una jornada sobre retos laborales en el Camp de Morvedre y defiende conectar formación con empresa.

Guardar

cc00d7a54ce9c3d890d19e54cbc26b67
cc00d7a54ce9c3d890d19e54cbc26b67
Añadir ValènciaExtra.com como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Activar ahora

Hay una paradoja que inquieta a muchas comarcas industriales españolas: generan empleo, atraen inversión y cuentan con tejido empresarial consolidado, pero siguen sin retener a los profesionales que necesitan. El Camp de Morvedre no es ajeno a ese dilema. La comarca cuenta con 40.600 trabajadores residentes frente a apenas 26.558 afiliaciones registradas en sus centros de trabajo, una diferencia de más de 14.000 personas que refleja hasta qué punto muchas familias dependen de desplazamientos laborales a otras zonas. Con ese telón de fondo, la vicepresidenta primera de la Generalitat Valenciana y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad, Susana Camarero, puso sobre la mesa en Sagunto un diagnóstico claro: sin talento, no hay futuro económico posible.

Una jornada para anticipar el mercado laboral del mañana

Camarero fue la encargada de clausurar la jornada 'Camp de Morvedre: territorio de talento', impulsada por la Asociación Empresarial del Camp de Morvedre (Asecam) con un propósito tan ambicioso como necesario: analizar los retos del mercado laboral en la comarca, adaptar la formación a las necesidades reales de las empresas y anticipar los nuevos perfiles profesionales que la inteligencia artificial, la digitalización y la transformación industrial están generando a un ritmo vertiginoso. El encuentro reunió a representantes de empresas locales, entidades sociales, universidades y administraciones públicas, un cruce de actores que rara vez comparten mesa pero que, en este caso, tienen objetivos comunes.

"La captación y retención del talento resultan factores estratégicos para generar oportunidades de futuro para las empresas y favorecer el desarrollo económico de la Comunitat Valenciana" - Susana Camarero, vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad de la Generalitat Valenciana

La reflexión no es baladí. En un momento en que la automatización redefine oficios enteros y la demanda de perfiles digitales supera con creces la oferta de graduados especializados, la pregunta ya no es solo cuántos empleos se crean, sino qué tipo de empleos y si quienes pueden ocuparlos están preparados —y dispuestos— a quedarse.

Conectar las aulas con los centros de trabajo

Uno de los ejes centrales del discurso de Camarero fue la desconexión que todavía persiste entre el sistema educativo y el tejido productivo. La consellera apostó por "construir puentes entre las aulas y los centros de trabajo, facilitar las prácticas y diseñar itinerarios formativos conectados con la realidad industrial", una demanda que las empresas llevan años trasladando sin que la respuesta institucional haya sido siempre ágil.

Para la titular de Empleo, la formación "debe responder a las necesidades reales del mercado laboral y anticiparse a los perfiles profesionales que serán más demandados", lo que implica trabajar de forma coordinada con empresas, ayuntamientos, centros de formación profesional y universidades. El mensaje de fondo es que la orientación profesional y la intermediación laboral no pueden seguir siendo servicios residuales: deben convertirse en palancas activas de política económica.

Y hay un matiz importante en su planteamiento: ese esfuerzo no puede ignorar a nadie. Ni a los jóvenes que buscan su primera oportunidad, ni a las personas desempleadas que necesitan reorientar su trayectoria, ni a quienes quieren mejorar sus competencias profesionales. Un enfoque inclusivo que cobra especial relevancia en una comarca donde el paro juvenil ha repuntado con fuerza: los menores de 25 años sumaron 81 desempleados más solo en septiembre de 2026, un incremento del 25,80%.

El talento también necesita donde vivir

Atraer profesionales cualificados a una comarca no depende únicamente de ofrecer un buen salario. Camarero lo sabe y lo dijo con claridad: para que los profesionales quieran venir y quedarse en la Comunitat Valenciana es necesario "generar empleo de calidad, facilitar el acceso a la vivienda, además de contar con buenas comunicaciones y oportunidades de desarrollo personal y profesional". La vivienda, en ese sentido, no es un problema social desligado de la política económica: es una condición indispensable para la competitividad territorial.

Es una ecuación que muchas ciudades medianas de Europa ya han aprendido a la fuerza: el talento se desplaza donde puede vivir bien, no solo donde puede trabajar bien. Y el Camp de Morvedre, con su tejido industrial en expansión y su posición estratégica al norte del área metropolitana de Valencia, tiene argumentos para competir en esa carrera, aunque todavía con deberes pendientes.

Una comarca industrial con ambición de futuro

Camarero valoró la capacidad del Camp de Morvedre para consolidar una industria capaz de generar actividad económica, reforzar la competitividad y facilitar nuevas inversiones. Y los datos acompañan ese optimismo: el tercer trimestre de 2026 ha registrado máximos históricos de empleo en la comarca, según el análisis elaborado por Comisiones Obreras. La estabilidad contractual también mejora: de los afiliados al Régimen General, el 66,83% cuenta ya con un contrato indefinido a jornada completa.

Pero el crecimiento en cifras absolutas no basta si no se traduce en bienestar real para los vecinos de la comarca. Ese fue el último mensaje de la vicepresidenta: "Invertir en talento es invertir en competitividad, empleo y futuro", y la Comunitat Valenciana cuenta con los ingredientes necesarios —empresas con capacidad de crecer, centros formativos con conocimiento y personas con ganas de trabajar— para que esa inversión dé sus frutos. El reto es convertir esa potencialidad en un proyecto común, donde la formación, la empresa y la institución dejen de hablar idiomas distintos y empiecen, por fin, a construir juntos.