El incendio de Bejís contaminó más que Valencia en un año: liberó 626.000 toneladas de CO₂

Un estudio calcula que el incendio generó un impacto climático equivalente al 0,22% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero de España

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Incendio en Bejís -  ROBER SOLSONA
Incendio en Bejís - ROBER SOLSONA
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¿Qué impacto tuvo el incendio de Bejís en el calentamiento global? Esta es la pregunta que han querido responder los investigadores del Instituto de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (ITACA) de la Universitat Politècnica de València (UPV), en colaboración con el Natural Resources Institute Finland (Luke). Para ello, han desarrollado una metodología que estima, con mayor precisión, las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por los grandes incendios forestales mediterráneos.

La respuesta es realmente sorprendente: el incendio de Bejís (en la provincia de Castellón) tuvo un impacto en el calentamiento global equivalente a 626.000 toneladas de dióxido de carbono, una cantidad superior a las generadas por la ciudad de Valencia en un año y cerca del 0,22% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero de España.

Unos datos que dejan negro sobre blanco cómo los incendios forestales “no solo generan pérdidas económicas, ambientales, sociales y emocionales, sino que también tienen un importante impacto climático”, señala Helena van den Berg Sesma, investigadora de Itaca-UPV y autora principal del estudio.

Cuando arde un bosque, parte del carbono almacenado durante años en árboles, arbustos y otra vegetación se libera de nuevo a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, la pérdida de masa forestal puede reducir temporalmente la capacidad del ecosistema para absorber CO2.

Incendio de Bejís en la zona de Alcublas
Incendio de Bejís en la zona de Alcublas

“El calentamiento global derivado del cambio climático favorece condiciones de mayor riesgo de incendio, mientras que los grandes fuegos pueden añadir gases de efecto invernadero a la atmósfera y reducir temporalmente la capacidad de absorción de carbono de los ecosistemas”, explica Edgar Lorenzo-Sáez, investigador de Itaca-UPV.

Por ello, los autores subrayan la importancia de afrontar los grandes incendios no solo desde la extinción, sino también desde la prevención, la adaptación al cambio climático y una gestión forestal sostenible.

Localizar las zonas que podrían generar mayores emisiones sería clave

El estudio, publicado en la revista científica Fire y que ha sido realizado por Helena van den Berg Sesma, Edgar Lorenzo-Sáez, Victoria Lerma-Arce y José Vicente Oliver-Villanueva, de Itaca-UPV, junto con Mauricio Acuna, del Natural Resources Institute Finland, hace hincapié en conocer la diversidad del paisaje. Para ello, han utilizado imágenes del satélite Sentinel-2 con información sobre la cantidad de biomasa existente antes del incendio, el tipo de vegetación y la intensidad con la que ardió cada zona.

Una información que, señalan, “permite representar de forma más realista paisajes donde conviven coníferas, matorral, vegetación herbácea y frondosas. Las áreas con presencia de coníferas, especialmente cuando coexistían con matorral y vegetación herbácea, fueron las que realizaron una mayor aportación. El estudio demuestra así que no basta con conocer cuántas hectáreas se han quemado para calcular la huella climática de un incendio: también hay que saber qué vegetación había, cuánta biomasa contenía y con qué intensidad ardió”.

Y es que conociendo esta información, la gestión forestal preventiva se podría localizar, especialmente, en las zonas y tipo de vegetación que podrían generar mayores emisiones en caso de un gran incendio; además de ayudar a reducir los incendios de alta intensidad. 

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