El Museo de Bellas Artes de València desafía el mito: ¿quién fue realmente María Magdalena?

El MuBAV acoge hasta febrero de 2027 una exposición con casi 70 obras del Barroco que revisa la figura de María Magdalena más allá del estereotipo.

 - Actualizado a 03/11/2026 15:14

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Exposición Magdalena. Ni santa ni pecadora
Exposición Magdalena. Ni santa ni pecadora
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¿Santa o pecadora? Ni una cosa ni la otra, o quizá las dos a la vez, dependiendo del siglo y del pintor que sostuviera el pincel. El Museo de Bellas Artes de València (MuBAV) abre al público la exposición Magdalena. Ni santa ni pecadora, una muestra que permanecerá hasta el 14 de febrero de 2027 y que se propone desmontar uno de los mitos visuales más poderosos y persistentes de la historia del arte occidental.

Casi setenta pinturas, esculturas y obras sobre papel, reunidas desde destacadas instituciones eclesiásticas, museos y colecciones privadas de España e Italia, conforman un recorrido que no busca solo contemplar obras maestras del Barroco, sino preguntarse cómo y por qué se construyó una imagen que durante siglos redujo a una mujer compleja a una única etiqueta.

Un proyecto de largo alcance

El proyecto lleva la firma de Pablo González Tornel, director del propio MuBAV y comisario de la exposición, quien la ha descrito como "una de las exposiciones más ambiciosas del museo sobre la cultura del Barroco". No es una afirmación ligera: para articularla han sido necesarias más de una veintena de instituciones colaboradoras, entre ellas los Musei Capitolini de Roma, las Gallerie Nazionali d'Arte Antica y la Pinacoteca Nazionale de Bolonia, junto a referentes nacionales como el Museo Nacional del Prado, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Patrimonio Nacional y la Biblioteca Nacional de España. También participan colecciones corporativas como la Colección Epiarte o la Colección BBVA, e instituciones eclesiásticas tan singulares como la Catedral de Sevilla, la diócesis de Valladolid o el Monasterio de la Cartuja de Granada.

Los nombres de los artistas reunidos hablan por sí solos: José de Ribera, Artemisia Gentileschi, Pedro de Mena, Domenico Tintoretto o Guercino comparten espacio con algunas de las piezas más significativas de los fondos propios del museo. González Tornel ha subrayado que la muestra "continúa el trabajo del Bellas Artes en exposiciones como Intacta María o Fieramente humanos", consolidando así una línea de reflexión historiográfica que el centro lleva desarrollando durante los últimos años a partir de sus fondos permanentes, enriquecidos recientemente con importantes adquisiciones y legados.

"Como educadora, creo que ese es el mejor uso de un museo: ayudarnos a entender cómo hemos aprendido a mirar." - Carmen Ortí, consellera de Educación, Cultura y Universidades de la Generalitat Valenciana

La fabricación de un mito

La primera sección de la exposición aborda algo que pocas veces se explica en los museos: cómo se fabrica una figura cultural. María Magdalena no es un personaje unitario extraído de los evangelios, sino el resultado de siglos de acumulación de relatos, a veces contradictorios, a menudo interesados. Obras como Cristo y la mujer adúltera de Van Dyck, las representaciones de la samaritana de Carlo Maratta y José Camarón, o la Resurrección de Lázaro de Pietro Novelli ilustran cómo distintos episodios bíblicos acabaron fusionándose en una sola figura.

La difusión medieval de la Leyenda Dorada fue determinante en ese proceso: convirtió a Magdalena en evangelizadora de la Provenza y ermitaña de la gruta de Sainte-Baume, cerca de Marsella, añadiendo capas de leyenda sobre una base ya de por sí compleja. La exposición también explora la tensión entre su imagen y la de la Inmaculada Concepción: si la Virgen encarnaba la ausencia absoluta de pecado, Magdalena representaba algo más humano y, a su manera, más esperanzador: la posibilidad de comenzar de nuevo.

La santa de la Contrarreforma: penitencia como arma política

El núcleo central de la muestra está dedicado a la Magdalena penitente, esa figura que la Contrarreforma católica convirtió en emblema de la redención y en respuesta visual a las tesis protestantes. Entre las obras que vertebran esta sección destaca la Magdalena penitente de Domenico Tintoretto, procedente de los Musei Capitolini de Roma, que dialoga con las interpretaciones de José de Ribera y Luca Giordano, permitiendo seguir la evolución iconográfica a través de distintos contextos culturales y geográficos.

En escultura, el protagonismo recae sobre Pedro de Mena, cuya Magdalena penitente es considerada uno de los hitos absolutos de la escultura española. Junto a ella, la escultura de Pedro Duque Cornejo procedente de la Cartuja de Granada, restaurada expresamente para esta ocasión, amplía el diálogo entre materia y devoción.

Pero quizá la presencia más comentada sea la de Artemisia Gentileschi, representada aquí con su obra Magdalena como la Melancolía. Gentileschi (1593-1656) es una pintora italiana que siguió la trayectoria estilística de Caravaggio y que en las últimas décadas se ha convertido en un modelo de luchadora por los derechos femeninos. Fue la primera mujer en ser admitida en la Academia de Arte y Diseño de Florencia, donde solo entraban los más grandes artistas de su época. Su presencia en esta exposición no es anecdótica: durante toda su proyección artística, Gentileschi rinde homenaje a la figura femenina protagonista, donde la heroicidad y la superación definen su presencia en la pintura.

"Una mujer pintora que se abrió camino en un mundo de hombres y que hoy comparte sala con los grandes nombres de su tiempo." - Carmen Ortí, consellera de Educación, Cultura y Universidades de la Generalitat Valenciana, sobre Artemisia Gentileschi

Magdalena, filósofa cristiana

La exposición culmina con una sección que propone la lectura más rupturista de todas: María Magdalena no como pecadora redimida ni como santa extática, sino como figura del conocimiento, la contemplación y la libertad individual. Las composiciones de Albani, Guercino, Procaccini o Juan Bautista Maíno la presentan como una suerte de filósofa cristiana, a medio camino entre Heráclito y Demócrito, mujer de libros e intelectual refinada.

Este cierre encuentra su pieza más singular en el retrato de Madeleine de l'Aubespine, de Jean Decourt, incorporado recientemente a las colecciones del MuBAV. Una Magdalena moderna, fuerte e independiente que dialoga con los desnudos de Girolamo Sciolante da Sermoneta y Pietro Negri, en los que dos mujeres reclaman, como ella, la autonomía de su propia persona. Es un final que no cierra, sino que abre: como si la exposición entera fuera una invitación a preguntarse qué otras figuras históricas han sido simplificadas, reducidas a una etiqueta cómoda, y qué revelarían si se les devolviera toda su complejidad.