El agua no es solo un recurso natural en la Comunitat Valenciana: es la línea que separa la cosecha de la ruina. Con esa convicción de fondo, el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, inauguró el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos y reclamó para esta profesión un lugar central en las decisiones que marcarán el porvenir del campo valenciano.
La cita reúne a más de 300 asistentes y 48 ponentes en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, concretamente en el Auditorio Santiago Grisolía del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe. El evento está impulsado por la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos y el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante (COIAL). Bajo el lema "Diseñando la nueva era de los sistemas vivos", el congreso prevé tres jornadas de trabajo estructuradas en 12 sesiones temáticas, además de ponencias, debates y encuentros entre profesionales, empresas, investigadores e instituciones.
El agua, en el centro del debate
Barrachina no escondió la urgencia del problema hídrico. En una región donde la huerta ha sobrevivido durante siglos gracias a sistemas de riego que son patrimonio cultural —las acequias medievales de Valencia llevan funcionando más de 700 años—, la disponibilidad de agua sigue siendo la variable más determinante de la ecuación agrícola. Y, según el conseller, los ingenieros agrónomos son imprescindibles para resolverla.
"Nuestros regantes llevan décadas aprovechando mejor cada gota de agua, pero ninguna eficiencia basta cuando falta el recurso. Los trasvases son obras de ingeniería que sostienen cultivos, empleos y pueblos y su gestión necesita el conocimiento técnico de profesionales" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
En esa línea, Barrachina defendió infraestructuras como el trasvase Tajo-Segura y el Júcar-Vinalopó como palancas esenciales para atender las necesidades hídricas de las zonas agrícolas de la Comunitat. Más allá de los grandes trasvases, el conseller apostó también por la modernización de regadíos, la reutilización de aguas depuradas y la incorporación de tecnologías que mejoren la eficiencia hídrica. Una agenda técnica que, subrayó, no puede avanzar sin el concurso de los profesionales reunidos en València.
"Las administraciones necesitamos el conocimiento de los ingenieros agrónomos para tomar mejores decisiones. En una tierra como la nuestra, donde el agua condiciona buena parte de la actividad agrícola, contar con criterios técnicos resulta especialmente importante" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
De la semilla a la mesa: una profesión que lo atraviesa todo
Si hay algo que el conseller quiso dejar claro es que la ingeniería agronómica no vive solo en los laboratorios ni en los despachos. Barrachina destacó que esta disciplina está presente en toda la cadena que va de la semilla a la mesa: desde el diseño de industrias alimentarias y la modernización de regadíos hasta la aplicación de la biotecnología y la inteligencia artificial a los procesos productivos. La transformación digital y la aplicación de la inteligencia artificial en la toma de decisiones agronómicas han dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad a la hora de monitorizar cultivos y predecir comportamientos fisiológicos o incidencias climáticas.
El congreso, de hecho, plantea doce temas de debate que incluyen la transformación digital, la gobernanza del agua, la optimización de sistemas biológicos, las energías renovables y bioenergías, la sanidad vegetal, las nuevas bioindustrias y las habilidades y talento para la nueva era profesional. Un programa que refleja hasta qué punto la agronomía ha dejado de ser una disciplina puramente rural para convertirse en un campo de intersección entre ciencia, tecnología y política.
Plagas, investigación y colaboración institucional
Barrachina también puso el foco en la sanidad vegetal, uno de los flancos más vulnerables del sector agrario en un contexto de cambio climático que facilita la aparición de nuevas plagas y enfermedades. La sanidad vegetal contará con una sesión propia en el congreso, en la que participarán, entre otros, Antonio Vicent, presidente del Panel de Sanidad Vegetal de la EFSA y coordinador del Centro de Protección Vegetal y Biotecnología del IVIA, y Vicente Dalmau, jefe del Servicio de Sanidad Vegetal de la Generalitat Valenciana.
"Invertir en investigación es anticiparse a los problemas, mejorar la capacidad de respuesta ante nuevas amenazas fitosanitarias y poner a disposición de nuestros agricultores herramientas cada vez más eficaces" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
En el plano institucional, el conseller recordó que el Consell colabora activamente con el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante para analizar los costes reales de las inversiones agroalimentarias y la formación de precios en la cadena alimentaria. En esa colaboración también se están explorando las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial, una herramienta que empieza a permear todos los eslabones del sistema agroalimentario.
Jóvenes, tecnología y un campo que necesita relevo
El cierre del discurso de Barrachina apuntó al horizonte generacional. El campo valenciano —como el de toda España— afronta un problema estructural: el envejecimiento de sus agricultores y la escasa incorporación de jóvenes al sector. La tecnología, lejos de ser la amenaza que algunos temen, puede ser precisamente el anzuelo que atraiga a nuevas generaciones hacia una actividad que combina tradición y vanguardia. La robótica, la biotecnología, la digitalización y la gestión del agua son, según el conseller, los grandes vectores de oportunidad profesional para los agrónomos del futuro.
"El campo necesita jóvenes agricultores, pero también ingenieros capaces de ayudarles a desarrollar explotaciones viables y competitivas", señaló Barrachina, quien confió en que del congreso salgan propuestas concretas trasladables a explotaciones, industrias y administraciones. El propio congreso se presenta como un foro para anticipar el futuro del ejercicio profesional del ingeniero agrónomo y diseñar una hoja de ruta con el horizonte del año 2030. Una fecha que, en el sector agrario valenciano, suena a promesa y a desafío al mismo tiempo.


