Cuando llega una ola de calor, la mayoría de los conductores piensa en protegerse del sol o en mantener el habitáculo fresco con el aire acondicionado. Sin embargo, pocos son conscientes de que el coche también sufre las consecuencias de las temperaturas extremas. Un vehículo expuesto durante horas a más de 40 grados puede alcanzar fácilmente los 60 o incluso 70 grados en su interior, mientras que numerosas piezas mecánicas trabajan muy por encima de las condiciones ideales.
Lo preocupante es que muchos de los problemas que aparecen en verano no se deben únicamente al calor, sino a pequeños descuidos que se repiten año tras año. Desde revisar mal los neumáticos hasta utilizar incorrectamente el aire acondicionado, son errores que parecen inofensivos pero que pueden terminar en una avería costosa o incluso aumentar el riesgo de accidente.
Estos son los cinco fallos más comunes que casi todos cometen durante una ola de calor y que conviene evitar antes de emprender cualquier desplazamiento.
No comprobar la presión de los neumáticos cuando suben las temperaturas
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la presión de los neumáticos apenas cambia durante el verano. En realidad ocurre justo lo contrario.
El aire del interior del neumático se expande con el calor y la presión puede variar respecto a la que tenía cuando se revisó semanas atrás. Si además el vehículo circula por un asfalto que supera ampliamente los 50 grados, el esfuerzo que soportan las ruedas aumenta considerablemente.
Circular con una presión incorrecta acelera el desgaste, incrementa la distancia de frenado y puede favorecer un reventón en casos extremos. Por eso, los especialistas recomiendan revisar la presión de los neumáticos siempre con los neumáticos en frío y ajustarla a los valores indicados por el fabricante del vehículo.
No está de más aprovechar esa comprobación para inspeccionar el dibujo de las ruedas y detectar posibles grietas o deformaciones, especialmente si los neumáticos ya tienen varios años de uso.
Encender el aire acondicionado al máximo nada más arrancar
Es una reacción automática. Entrar en un coche que parece un horno y poner el climatizador a la temperatura más baja posible.
Sin embargo, este gesto no consigue enfriar antes el habitáculo y obliga al sistema de climatización a realizar un esfuerzo mucho mayor desde el primer momento.
Lo más eficaz consiste en abrir puertas o ventanillas durante unos segundos para expulsar el aire extremadamente caliente acumulado en el interior. Una vez renovado ese aire, el climatizador puede trabajar de forma mucho más eficiente.
También conviene evitar diferencias excesivas entre la temperatura exterior y la interior. Mantener el aire acondicionadoalrededor de los 23 o 24 grados suele ofrecer un buen equilibrio entre confort, consumo de combustible y funcionamiento del sistema.
Olvidarse de revisar los niveles del motor
El calor extremo pone a prueba todos los sistemas de refrigeración del vehículo. Aun así, muchos conductores no revisan el nivel del líquido refrigerante antes de iniciar un viaje largo. Si este líquido es insuficiente o presenta un deterioro importante, el motor puede alcanzar temperaturas peligrosas en muy poco tiempo.
Lo mismo ocurre con el aceite del motor. Durante el verano trabaja bajo un mayor estrés térmico y resulta esencial que se encuentre en buen estado y dentro del nivel recomendado.
Una simple comprobación visual antes de salir puede evitar averías muy costosas relacionadas con el sobrecalentamiento del motor, uno de los problemas más habituales durante los episodios de calor intenso.
Dejar objetos expuestos dentro del coche
Puede parecer un detalle menor, pero el interior de un vehículo estacionado al sol alcanza temperaturas extremadamente elevadas en apenas unos minutos. Botellas de plástico, dispositivos electrónicos, baterías externas, medicamentos, gafas graduadas o incluso encendedores pueden deteriorarse con rapidez debido al calor.
Además, algunos objetos pierden completamente su utilidad cuando permanecen durante horas a temperaturas tan elevadas. Los medicamentos pueden alterar su composición, los móviles reducen el rendimiento de la batería y ciertos aerosoles pueden llegar a deformarse o reventar.
Siempre que sea posible, conviene retirar estos elementos del coche o guardarlos en lugares menos expuestos al sol, aunque ninguna zona del habitáculo permanece realmente fría durante una ola de calor.
Esperar a que aparezca una avería para abrir el capó
Muchas personas solo se acuerdan del estado del coche cuando aparece un testigo de avería en el cuadro de instrumentos. Sin embargo, el verano es precisamente el momento en el que más recomendable resulta realizar una revisión preventiva, aunque sea muy básica.
Comprobar visualmente si existen fugas, observar el estado de las correas, verificar que no haya restos de líquido bajo el vehículo o asegurarse de que la batería no presenta signos de corrosión puede ayudar a detectar pequeños problemas antes de que se conviertan en una reparación importante.
Este tipo de inspecciones apenas lleva unos minutos y puede evitar quedarse tirado en plena carretera durante un desplazamiento vacacional, cuando las altas temperaturas complican todavía más cualquier incidencia mecánica.
El calor también pasa factura al consumo y a la seguridad
Las olas de calor no solo afectan al estado del vehículo. También influyen directamente en la conducción. El cansancio aparece antes, la capacidad de concentración disminuye y la fatiga aumenta cuando el habitáculo no mantiene una temperatura adecuada. A ello se suma que el uso continuado del aire acondicionado puede incrementar ligeramente el consumo de combustible, especialmente en trayectos urbanos.
Además, el asfalto muy caliente modifica el comportamiento de los neumáticos y de la frenada, por lo que conviene aumentar la distancia de seguridad y evitar maniobras bruscas durante las horas centrales del día.
Si el viaje va a ser largo, planificar paradas frecuentes, hidratarse correctamente y evitar conducir en los momentos de mayor insolación puede marcar una diferencia importante tanto para el conductor como para el propio vehículo.
Unos minutos de prevención pueden ahorrar cientos de euros
La mayoría de las averías que aparecen durante una ola de calor no se producen de forma repentina. En muchos casos son la consecuencia de pequeñas negligencias acumuladas que pasan desapercibidas hasta que las temperaturas extremas ponen al límite el funcionamiento del coche.
Revisar la presión de los neumáticos, comprobar los niveles del motor, utilizar correctamente el aire acondicionado, evitar dejar objetos sensibles al calor en el interior y realizar una revisión del coche antes de un viaje son gestos sencillos que requieren muy poco tiempo.
En plena temporada estival, cuando millones de conductores utilizan el coche para desplazarse por vacaciones o escapadas de fin de semana, estas precauciones pueden evitar averías inesperadas, mejorar la seguridad vial y reducir gastos que, en muchos casos, serían perfectamente evitables.


