La historia de Ana María Lajusticia no se entiende solo en términos de suplementos o de éxito empresarial. Se entiende desde la constancia, el rigor y una forma muy personal de divulgar la ciencia cuando casi nadie hablaba de nutrición en España. Ahora, su legado se puede recorrer en primera persona en la exposición itinerante Una vida conCiencia, que se puede visitar desde hoy y hasta el sábado en el Centro Comercial Arena de Valencia.
En Valencia Extra hemos acudido a verla. Entre manuscritos originales, fotografías inéditas, libros mecanografiados en su Olivetti, cajas de cartas respondidas a mano y la evolución de una marca que acaba de cumplir 46 años este mes de enero, la muestra dibuja el retrato de una mujer que nunca quiso ser famosa, pero que cambió la forma en la que varias generaciones entendieron el magnesio, el colágeno y, sobre todo, la salud.
Allí conversamos con su nieta, Lara Feliu, embajadora de la marca y técnica en nutrición, que asume hoy la responsabilidad de proteger el rigor científico que definió a su abuela y, al mismo tiempo, acercarlo a las nuevas generaciones. Hablamos del boom actual de la suplementación, del papel de su padre en la construcción empresarial del proyecto, del reto de conectar con el público joven y del lado más humano de una científica que, pese a todo, jamás dejó de comer pastel los domingos.

La exposición llega a Valencia en un momento en el que el magnesio vuelve a estar de moda. ¿Cómo crees que viviría tu abuela este auge de la suplementación y también la desinformación en redes?
Creo que estaría bastante incómoda. Cuando empezó a estudiar el magnesio, tuvo muy claro que no podía presentarlo como un milagro. Ahora da la sensación de que cualquier suplemento sirve para todo, y no es así. Mi abuela siempre defendía que cada persona debe tomar lo que realmente necesita, sin excesos y dentro de un estilo de vida saludable. La suplementación no sustituye a una buena alimentación ni a unos hábitos equilibrados. A ella le preocupaba que se banalizara algo que tiene que ver con la salud. Su objetivo siempre fue ayudar a las personas a encontrarse mejor, desde el conocimiento y la coherencia, no generar necesidades innecesarias.
Asumir su legado implica una gran responsabilidad. ¿Qué es lo que más te pesa —o más respetas— al continuar con su proyecto?
Siento mucho respeto. Mi abuela era extremadamente rigurosa. El rigor científico era la base de su vida. Yo soy técnica en nutrición, no soy química como ella, así que mi manera de comunicar es diferente, pero el rigor tiene que estar igual. Lo que más me preocupa es no perder ese punto que la hacía única. Ella hizo muchísimo por la nutrición en España y merece que se siga hablando de su trabajo con la misma seriedad.
Muchas personas la recuerdan como empresaria, pero tú matizas que no era exactamente así. ¿Cómo fue realmente el tándem con tu padre?
Mi abuela no se consideraba empresaria. La visión de negocio siempre fue de mi padre. Ella decía: “No hay que hacer negocio, hay que conseguir que la gente esté saludable”. Y mi padre le respondía: “Si no hacemos negocio, no podemos crecer y llegar a más personas”. Era un equilibrio muy bonito. Eso sí, hubo productos que no salieron al mercado porque ella no los consideraba alineados con sus valores. El rigor estaba por encima de todo.

Firmar con su nombre y su rostro fue una decisión muy innovadora para la época. ¿Fue también una forma de romper techos de cristal?
En muchos sentidos sí. Cuando empezó, no existían suplementos de magnesio ni de colágeno como los conocemos hoy. Muchas farmacéuticas no confiaron en ella. Era mujer y además defendía algo que no estaba de moda. Pero si le preguntabas, ella nunca hablaba de techos de cristal. Decía que con esfuerzo, estudio y constancia podías conseguir lo que quisieras. Ese era su mantra: la suerte no existe, existe el trabajo.
La exposición muestra manuscritos, cartas respondidas a mano y su evolución editorial. ¿Qué te emociona más de este recorrido?
Ver la evolución de la marca y comprobar que, después de 46 años, seguimos siendo fieles a lo mismo. Seguimos vendiendo lo que vendíamos hace décadas. Eso no significa que no evolucionemos, pero cuando algo funciona y tiene base científica, no hace falta seguir modas.
Precisamente, ¿cómo os estáis acercando a las nuevas generaciones sin perder esa esencia?
Es nuestro gran reto. Somos una marca con un nombre y una imagen muy reconocibles, pero también complejos para el público joven. Intentamos adaptar el lenguaje, estar en redes sociales, pero sin perder el rigor. No seguimos modas. Trabajamos con ingredientes que tienen estudios detrás. Además, escuchamos mucho: antes eran cartas, luego e-mails y ahora mensajes en redes. Tenemos un equipo de nutricionistas que responde todo. De ahí salen muchas decisiones de marca.
En la muestra también se percibe su faceta divulgadora. ¿Qué la hacía conectar tanto con la gente?
Su capacidad para simplificar conceptos complejos. Fue profesora de instituto y sabía explicar bioquímica para que cualquiera lo entendiera. Siempre se preguntaba el porqué de las cosas. Si algo estaba de moda, no le bastaba con decir que funcionaba: te explicaba el mecanismo. Por eso la gente confiaba en ella.

También hay un lado más personal en la exposición. ¿Qué crees que pensaría al verse protagonista de un homenaje así?
Le daría vergüenza. Nunca se consideró una persona influyente. Decía que ella no había inventado nada, que solo explicaba lo que ya estaba en la bioquímica. Pero precisamente esa manera de explicarlo fue lo que la hizo diferente.
Se ha hablado mucho de su longevidad. ¿Crees que su forma de entender la nutrición influyó en que viviera 100 años?
Sin duda. Llevaba un estilo de vida saludable, pero sin obsesiones. Los domingos siempre comíamos en su casa y nunca faltaba el pastel. Eso sí, lo equilibraba todo. Predicaba con el ejemplo: proteína, vitamina C, verdura, pescado… Si explicaba algo, lo aplicaba.
¿Cuál fue el proyecto en el que trabajó antes de fallecer?
Tenemos un lanzamiento muy importante previsto para 2026 que fue el último gran proyecto en el que trabajó. Lo tenía muy claro. Es algo que nos hace especial ilusión porque es, en cierto modo, su despedida profesional.
Para quien visite estos días la exposición en Arena Centro Comercial, ¿qué te gustaría que se llevara?
Que entiendan que no fue solo la “mujer del magnesio”. Fue una científica culta, una divulgadora incansable y una persona que estudió hasta el final de su vida. Y que su objetivo siempre fue el mismo: que la gente tuviera salud, porque con salud eres más feliz.
