La Comunitat Valenciana y la Región de Murcia han decidido sumar fuerzas. El vicepresidente tercero de la Generalitat y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras y Recuperación, Vicente Martínez Mus, y el consejero de Infraestructuras y Desarrollo Territorial de Murcia, Jorge García Montoro, se reunieron para trazar una posición conjunta frente al Gobierno de España: los plazos del Corredor Mediterráneo se tienen que cumplir. Sin excusas y sin más demoras.
Una obra que avanza, pero no lo suficiente
El Corredor Mediterráneo nació como proyecto en 1987 con la ambición de unir Algeciras con la frontera francesa mediante una línea ferroviaria de alta velocidad. Casi cuatro décadas después, la infraestructura sigue inconclusa, y los datos que rodean su ejecución son tan elocuentes como incómodos: actualmente el 84% del trazado se encuentra en obras, frente al 45% registrado en 2016, pero solo el 36% de la infraestructura está ya en servicio, un porcentaje que permanece prácticamente estancado respecto a los últimos chequeos. Mucho movimiento de tierra, pocos trenes circulando.
Varios de los hitos previstos para 2023, 2024 y 2025 se han desplazado nuevamente hasta 2026, 2027 o incluso más allá, mientras otros continúan sin calendario definido. Es decir, los retrasos no son nuevos, pero siguen acumulándose. Y eso tiene consecuencias muy concretas para millones de ciudadanos: el territorio que recorrerá este corredor acoge a casi 15 millones de personas, aproximadamente el 30% de la población española. Para ellos, viajar en tren entre grandes ciudades del arco mediterráneo puede seguir siendo, hoy por hoy, tan lento como coger un autobús. Los trayectos actuales en tren entre Murcia y Barcelona duran más de 9 horas, similar a ir en bus.
Una reunión, una exigencia compartida
En este contexto de promesas incumplidas, el encuentro entre Martínez Mus y García Montoro no fue un mero acto de cortesía institucional. Ambos responsables revisaron el estado de ejecución del corredor, identificaron las asimetrías entre tramos y fijaron una hoja de ruta común para presionar al Ejecutivo central. El mensaje fue claro y sin ambigüedades.
"Una mayor certidumbre respecto a los calendarios de ejecución" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras y Recuperación de la Comunitat Valenciana, y Jorge García Montoro, consejero de Infraestructuras y Desarrollo Territorial de la Región de Murcia
Ambos consejeros también pusieron el foco en los desequilibrios internos de la infraestructura. La configuración del corredor no será homogénea mientras sigan pendientes proyectos estratégicos en determinados nodos ferroviarios, advirtieron. Dicho de otro modo: de nada sirve que algunos tramos estén listos si otros actúan como tapones que impiden que el conjunto funcione.
El túnel de Valencia, el gran cuello de botella
Si hay un punto donde la preocupación se concentra con especial intensidad, ese es Valencia. Martínez Mus fue rotundo al respecto, calificando como "especialmente preocupante"
"La situación del túnel pasante de València, una infraestructura considerada fundamental para aumentar la capacidad ferroviaria, mejorar la conexión entre los distintos corredores y garantizar la plena funcionalidad del eje mediterráneo tanto para el transporte de viajeros como de mercancías." - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras y Recuperación de la Generalitat Valenciana
El túnel pasante no es un capricho técnico. Es, en la práctica, la llave que permitiría separar definitivamente el tráfico de viajeros del de mercancías en uno de los nodos más saturados de la red. Actualmente están en estudio las alternativas de trazado del túnel pasante y en obras el canal de acceso al mismo, dos actuaciones imprescindibles para separar definitivamente el tráfico de viajeros y mercancías y aumentar la capacidad ferroviaria del corredor. Sin él, Valencia seguirá siendo el punto de fricción que lastra la fluidez de todo el eje. En caso de no salir adelante en los plazos establecidos, Valencia volverá a ser "el semáforo de Europa".
Tramos críticos en Murcia y el horizonte que se aleja
La Región de Murcia tampoco sale bien parada del diagnóstico. Las previsiones sitúan la llegada de la infraestructura al tramo Murcia-Almería entre 2028 y 2029, pues el soterramiento de Lorca y el tramo Lorca-Pulpí condicionan los plazos previstos. Puntos críticos como el tramo Almería-Granada, el túnel pasante de Valencia o la conexión entre Tarragona y Castellón siguen siendo los principales obstáculos del proyecto.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha afirmado que el Corredor Mediterráneo será una realidad en 2027 y que estará "en pleno funcionamiento" para ese año. Sin embargo, los expertos coinciden en que el tramo desde Almería hasta la frontera con Francia sí estará en servicio para 2027, pero no el conjunto de actuaciones que se extienden hasta Algeciras, que actualmente se encuentran en fase de estudio. La brecha entre el discurso oficial y la realidad sobre el terreno es, precisamente, lo que Valencia y Murcia han decidido ya no tolerar en silencio.
Coordinación autonómica como palanca de presión
Más allá de la exigencia al Gobierno central, el encuentro también sirvió para reforzar la cooperación entre ambas comunidades en aquellas infraestructuras de titularidad autonómica ubicadas en los términos municipales fronterizos. Una señal de que, ante la lentitud del Estado, las autonomías optan por avanzar por su cuenta donde pueden y unir voces donde no pueden actuar solas.
La Comunitat Valenciana y la Región de Murcia han acordado mantener la colaboración institucional y seguir trabajando de forma coordinada. Los aplazamientos, la falta de un calendario definido y la ausencia de una conexión plenamente interoperable con la red europea continúan lastrando el potencial de esta infraestructura. En un contexto en el que Adif estima que el desarrollo del corredor propiciará un incremento del PIB del 2,2% hasta 2030 y fomentará la creación de empleo , el coste de cada retraso no es solo logístico: es económico, social y, cada vez más, político.


