Bolonia ha sido esta semana el escenario donde la Comunitat Valenciana ha dado un paso significativo en el tablero europeo. La Generalitat no solo presentó ante la Comisión Intermediterránea (CIM) de la Conferencia de Regiones Periféricas y Marítimas (CRPM) su modelo de gestión del agua y resiliencia climática, sino que también asumió la presidencia de este organismo, que agrupa a 44 regiones de ambas orillas del Mediterráneo, tras recibir el respaldo unánime de sus miembros.
Un modelo que se defiende con datos y con obras
La secretaria autonómica de Representación ante la Unión Europea y las Comunidades Autónomas y Acción Exterior, Ruth Merino, fue la encargada de exponer ante la CIM los avances impulsados en materia de resiliencia hídrica, adaptación climática y gestión sostenible del agua. Su intervención llegó en la segunda jornada del encuentro, dedicada a la Alianza por la Resiliencia Hídrica, de la que la Comunitat Valenciana forma parte activa.
"La respuesta a los desafíos derivados del cambio climático debe combinar sostenibilidad, competitividad y capacidad de ejecución" - Ruth Merino, secretaria autonómica de Representación ante la UE y Acción Exterior de la Generalitat Valenciana
La apuesta no es solo retórica. Merino desgranó medidas concretas: la creación de parques inundables como solución basada en la naturaleza para absorber el impacto de episodios extremos —algo que cobra un sentido especial en una región que ha sufrido en carne propia los estragos de la DANA— y el desarrollo del que se presenta como el Primer Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática de Europa, una iniciativa destinada a anticipar riesgos y mejorar la toma de decisiones para regiones e instituciones europeas.
Pero quizá el dato más llamativo sea el del agua reutilizada. La Comunitat Valenciana gestiona cerca del 40% de toda la reutilización de agua a escala nacional, un liderazgo que no pasa desapercibido en un continente donde, las catástrofes relacionadas con el agua provocaron el desplazamiento de cuarenta millones de personas en 2024 y causaron daños valorados en más de 480.000 millones de euros. La modernización de regadíos, el refuerzo de infraestructuras de depuración y la apuesta por la desalación completan un modelo que la Generalitat defiende como exportable.
La presidencia de la CIM: de participante a anfitriona
La Comisión Intermediterránea reúne a territorios de la ribera norte y sur del Mediterráneo con el objetivo de coordinar posiciones comunes ante la Unión Europea. La Generalitat Valenciana estará presidida por este organismo durante los próximos dos años tras recibir el respaldo unánime de las regiones miembro, en una designación formalizada en la Asamblea General celebrada en Bolonia, asumiendo el liderazgo de una red integrada por 44 regiones. No es un cargo menor: la nueva presidencia implica representar los intereses compartidos de las regiones mediterráneas en ámbitos clave como la competitividad, la cohesión territorial, la resiliencia climática y la cooperación entre territorios.
En paralelo, la directora general de Representación ante la Unión Europea y las Comunidades Autónomas, Raquel Aguado, subrayó durante la Asamblea General que la Comunitat ya lidera dentro de la propia CIM el grupo de trabajo dedicado a la resiliencia hídrica, y que participa activamente en la elaboración de posiciones comunes sobre iniciativas europeas como la Estrategia de Resiliencia del Agua y la futura revisión de la Directiva Marco del Agua.
Alicante, punto de partida de una agenda mediterránea compartida
El contexto que rodea estas negociaciones no es baladí. La resiliencia hídrica ocupa ya un lugar prioritario en la agenda política europea, tal y como ponen de manifiesto el Consejo Europeo, el Parlamento Europeo y el Comité Económico y Social Europeo, y la presidenta Von der Leyen anunció una nueva estrategia europea de resiliencia hídrica en sus orientaciones políticas para el período 2024-2029. Que Valencia se siente ahora en la cabecera de la mesa mediterránea no es casualidad.
Aguado también recordó la celebración en Alicante del I MED Regions Resilience Forum, un encuentro que reunió a representantes de varios países para avanzar en una agenda mediterránea compartida sobre resiliencia climática, gestión del agua y prevención de riesgos, y que culminó con la firma de la Declaración de Alicante. Ese foro fue, en cierto modo, el trampolín diplomático que precedió al reconocimiento obtenido esta semana en Bolonia.
La CRPM es una red de más de 150 regiones europeas que comparten desafíos comunes en términos de sostenibilidad, desarrollo territorial y gestión de sus entornos naturales. Dentro de esa red, la Comunitat Valenciana pasa ahora a encabezar la voz mediterránea precisamente en el momento en que Europa discute cómo garantizar que el agua —ese recurso que tantas veces se da por sentado— no se convierta en el gran talón de Aquiles del siglo XXI.


