Valencia planta cara a la caña invasora: 56,4 millones para limpiar los cauces que agravaron la tragedia de la DANA

La Generalitat inicia reuniones con 12 municipios para eliminar la Arundo donax en cuatro cuencas fluviales y renaturalizar 53 términos municipales.

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La imagen se repitió en miles de vídeos y fotografías tras la DANA del 29 de octubre de 2024: puentes atascados, barrancos convertidos en muros de cañas arrastradas por la corriente, agua que no podía avanzar y que terminó saliéndose de los cauces con consecuencias devastadoras. Ahora, la Generalitat Valenciana ha dado el primer paso oficial para que esa escena no se repita: ha comenzado una ronda de reuniones con los municipios afectados para poner en marcha la mayor operación de limpieza de caña invasora y renaturalización de cauces vista en la Comunitat.

Una planta que figura entre las más peligrosas del mundo

No es una mala hierba cualquiera. La caña común (Arundo donax) se encuentra en el listado de las cien especies exóticas invasoras más peligrosas del mundo de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN). Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y es una de las plantas de reproducción más rápida y agresiva del entorno mediterráneo. Su presencia masiva en los barrancos valencianos llevaba años siendo señalada como un problema, pero fue la tragedia de la DANA la que convirtió el debate en urgencia.

Entre los motivos para erradicarla no solo se encuentra que es invasora y que impide que crezca la flora autóctona de ribera: su abundancia de materia vegetal hace que, en caso de crecida, las cañas bloqueen el discurrir del agua, haciendo más graves las inundaciones. Habituales son las imágenes de los ojos de los puentes sobre los ríos cegados por miles de cañas arrastradas por la corriente. Lo que antes era una advertencia técnica se convirtió, en octubre de 2024, en catástrofe visible.

Y la historia no ha terminado ahí. Las intensas lluvias y la posterior barrancada arrastraron grandes masas de cañaverales invasores que no habían sido retiradas de los cauces, quedando sus restos depositados en parcelas agrícolas. Los cañaverales se fragmentaron en miles de trozos actuando como esquejes, y han arraigado rápidamente desarrollándose de forma silenciosa pero imparable entre los propios cultivos. La DANA, paradójicamente, dispersó el problema en lugar de resolverlo.

56,4 millones y 53 municipios: el plan que arranca ahora

El comisionado para la Recuperación, Raúl Mérida, y la directora general de Recuperación y Reconstrucción, Sandra Castillo, han iniciado una ronda de contactos con los ayuntamientos implicados. En esta primera fase, las reuniones se han celebrado con doce municipios de la cuenca del Turia: Sot de Chera, Gestalgar, Bugarra, Pedralba, Quart de Poblet, Calles, Domeño, Loriguilla, Chulilla, Villamarxant, Benaguasil y Ribaroja del Túria. Se trata, según ha explicado la propia Generalitat, de una primera toma de contacto para abordar los detalles técnicos de las actuaciones previstas.

Las reuniones continuarán en los próximos días con los municipios situados en las cuencas de los barrancos del Poyo, Magro y Picassent. Posteriormente, cada ayuntamiento recibirá un análisis individualizado de los trabajos que se desarrollarán en su término municipal. En total, el proyecto afectará a 53 términos municipales, lo que da la medida de la escala de una intervención que no tiene precedentes cercanos en la región.

La inversión prevista para esta primera fase asciende a 56,4 millones de euros, íntegramente a cargo de la Generalitat. El objetivo declarado es doble: eliminar la caña invasora de los lechos de ríos y barrancos, y sustituirla por vegetación autóctona de bosque de ribera que mejore la capacidad de infiltración del suelo ante futuras avenidas de agua.

Más que limpiar: devolver el cauce a la naturaleza

El concepto de renaturalización va más allá de arrancar cañas. Donde hoy crece la Arundo donax, un monocultivo invasor que consume grandes cantidades de agua y deja poco espacio a la biodiversidad, la Generalitat pretende recuperar el bosque de ribera autóctono: sauces, álamos, tarays y otras especies que, además de fijar el suelo, funcionan como esponjas naturales capaces de absorber parte del caudal en episodios de lluvia intensa. La capacidad de la caña común para colonizar grandes superficies y su resistencia a condiciones climáticas adversas la convierten en una amenaza directa para la biodiversidad y para la viabilidad económica del sector agrícola valenciano. Eliminarla no es solo un acto de restauración ambiental; es también una apuesta por la resiliencia frente al cambio climático.

La ronda de reuniones municipales que acaba de arrancar es, en realidad, el inicio de un proceso largo y técnicamente complejo. Cada tramo de cauce tiene sus particularidades, cada municipio tiene sus tiempos y cada barranco guarda sus propias cicatrices de la DANA. Que la Generalitat haya optado por sentarse con los ayuntamientos antes de actuar habla de una voluntad de coordinación que, en anteriores episodios de emergencia, no siempre fue tan evidente. Lo que está en juego no es solo la limpieza de unos cauces: es la posibilidad de que la próxima tormenta encuentre unos barrancos preparados para absorberla, en lugar de convertirla en tragedia.