Más de 3.800 jabalíes retirados del campo valenciano en apenas unos meses. La cifra, que la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana ha alcanzado en lo que va de 2026, no es solo un dato administrativo: es la respuesta a una presión creciente que el jabalí ejerce sobre cultivos, carreteras y pueblos de prácticamente toda la Comunitat. Y detrás de ese número hay jaulas-trampa, cámaras de fototrampeo, drones nocturnos y una colaboración inédita entre técnicos públicos y cazadores.
Un operativo desplegado sobre el terreno
El dispositivo puesto en marcha por la Generalitat combina tecnología de vigilancia con medios físicos de captura. La red cuenta actualmente con 169 jaulas-trampa y siete capturaderos instalados en el territorio, complementados por 132 cámaras de videovigilancia, 238 cámaras de fototrampeo y un dron equipado con cámara térmica. Este último detalle no es menor: el jabalí es un animal de hábitos nocturnos y crepusculares, por lo que la visión térmica multiplica la capacidad de detección en las horas en que la especie está más activa.
Al frente de todas estas herramientas hay 39 profesionales —celadores de caza, técnicos, veterinarios, peones especializados y personal administrativo— que gestionan también 35 vehículos, un laboratorio veterinario, siete cámaras frigoríficas y varios almacenes distribuidos por la geografía valenciana. Un despliegue de envergadura que refleja la magnitud del problema.
De las más de 3.800 capturas registradas, más de 1.300 las ha realizado la empresa pública VAERSA mediante sistemas de trampeo, concentrando su actividad en las zonas de mayor presión: Xàbia-Dénia, La Valldigna, La Plana y La Safor. Cerca de 2.000 ejemplares más han sido extraídos por los propios cazadores, cuya colaboración resulta imprescindible en aquellos espacios donde el trampeo no basta. Para incentivar esa participación, los titulares de cotos de caza reciben 40 euros por cada jabalí cazado y retirado del medio natural bajo las condiciones de seguridad y trazabilidad fijadas por decreto.
La sombra de la peste porcina africana
Si la sobrepoblación de jabalí ya era un problema antes de 2025, la detección de la peste porcina africana (PPA) en Cataluña a finales de ese año ha añadido una urgencia sanitaria que cambia el peso de la ecuación. El 28 de noviembre de 2025, las autoridades españolas confirmaron la detección de dos jabalíes silvestres positivos con PPA en Cerdanyola del Vallès, marcando la primera aparición de la enfermedad en España desde 1994. La PPA es una enfermedad hemorrágica altamente contagiosa que afecta exclusivamente a suidos, carece de vacuna autorizada en la Unión Europea y constituye la principal amenaza sanitaria para el sector porcino global.
El brote detectado en Cataluña corre el riesgo de expandirse a otras comunidades autónomas, lo que podría tener graves consecuencias para el sector porcino español, poniendo en riesgo miles de millones de euros de una actividad estratégica que supone el 16% de la producción agraria nacional. En ese contexto, el control de las poblaciones silvestres de jabalí deja de ser solo una cuestión medioambiental para convertirse en una herramienta de salud animal con consecuencias económicas directas. El jabalí actúa como principal vector de dispersión del virus: sin un control eficaz, el patógeno encuentra un reservorio inagotable en la naturaleza.
La EFSA destaca la movilidad de los jabalíes como vector principal de dispersión a corto y medio plazo, mientras que el traslado de materiales contaminados y una bioseguridad insuficiente agravan el riesgo. En otros brotes registrados en Europa, la colaboración entre administraciones, cazadores y organizaciones científicas fue el factor decisivo para erradicar la enfermedad. El modelo que ensaya Valencia apunta precisamente en esa dirección.
El jabalí en cifras: un problema de escala continental
España alberga ya 2,4 millones de jabalíes, y la sobrepoblación se da no solo en el país, sino en toda Europa, con una población de entre 13,5 y 19,6 millones de ejemplares, aun cuando las capturas no dejan de crecer, llegando en España a los 450.000 por temporada, un incremento del 200% en los últimos 20 años. Los números ilustran la dificultad del reto: aunque se capture más que nunca, la especie mantiene su expansión.
Esta expansión genera problemas no solo por la transmisión de enfermedades, sino también por daños a la agricultura, conflictos por la llegada cada vez más frecuente al entorno urbano y, especialmente, el aumento de accidentes de tráfico, cuya tendencia no para de crecer, aumentando el 61% entre los años 2016 y 2022. Para quien vive en zonas rurales o conduce por carreteras secundarias en la Comunitat, el jabalí no es una abstracción estadística: es un riesgo real a pie de campo y al volante.
Más allá del jabalí: conejos, seguros y coordinación
El plan de gestión de fauna silvestre de la Generalitat no se limita al jabalí. La Vicepresidencia Tercera ha impulsado también la actualización del marco regulador del conejo de monte, con el objetivo de mejorar la respuesta frente a los daños agrícolas que genera esta especie y reforzar la coordinación entre agricultores, cazadores y administraciones.
Por su parte, la Conselleria de Agricultura ha recordado que el ejercicio pasado se alcanzó un récord histórico de inversión en seguros agrarios, con más de 37 millones de euros en ayudas directas a agricultores y ganaderos para la contratación de seguros, entre cuyas coberturas figura expresamente la protección ante daños causados por la fauna salvaje.
"Somos la comunidad autónoma que más dinero invierte en seguros agrarios, doblando a la segunda, a pesar de ser la peor financiada de todo el Estado" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
La apuesta valenciana combina, así, el control directo de poblaciones con una red de protección económica para quienes sufren las consecuencias de convivir con una fauna que desborda los límites del monte. Que más de 3.800 capturas en pocos meses no sean suficientes para dar por resuelto el problema dice mucho sobre la magnitud del desafío: el jabalí lleva décadas ganando terreno, y recuperarlo requiere tecnología, coordinación y, sobre todo, constancia.

