Construir una fábrica de chips sin tener ingenieros que la operen es como levantar un hospital sin médicos. Con esa lógica, la Generalitat Valenciana ha enviado un mensaje claro a Bruselas: las grandes inversiones en semiconductores deben ir acompañadas, de manera obligatoria, de un Plan de Talento y Cualificaciones. La propuesta forma parte de la contribución que el Gobierno valenciano ha presentado a la consulta pública abierta por la Comisión Europea sobre la futura Chips Act 2.0, la nueva estrategia con la que la Unión Europea pretende reforzar su capacidad para diseñar, fabricar y desarrollar semiconductores.
Europa quiere más chips, pero ¿tiene quién los fabrique?
El contexto no deja mucho margen para la complacencia. La Unión Europea concentraba en 2025 alrededor del 10% de la capacidad mundial de fabricación de semiconductores, una cifra que contrasta con la ambición de convertirse en un actor global de referencia. La demanda mundial de semiconductores podría duplicarse hasta 2040, mientras que el segmento destinado a inteligencia artificial y centros de datos podría multiplicarse por once. Ante ese horizonte, Europa se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿tiene el talento humano necesario para sostener ese crecimiento?
La Chips Act 2.0, propuesta por la Comisión en junio de 2026, introduce nuevas medidas para impulsar la industria de chips, reducir dependencias estratégicas y apoyar la producción avanzada en la UE. La UE sigue dependiendo de terceros países en ámbitos clave como el diseño y la fabricación de semiconductores, y su capacidad de producción es limitada y está geográficamente muy concentrada. Es en ese escenario donde la Generalitat decide tomar la palabra.
La propuesta valenciana: sin ingenieros, no hay industria
La contribución está coordinada por la Dirección General de Ciencia e Investigación de la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades, con la participación de la Vicepresidencia Segunda y de la Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio. Su planteamiento central es que Europa no puede permitirse el lujo de invertir miles de millones en fábricas y tecnología si al mismo tiempo descuida la formación de los profesionales que las harán funcionar.
"Europa necesita transformar su capacidad científica y tecnológica en actividad económica e industrial real, y para ello es imprescindible conectar formación, investigación, innovación e industria dentro de una misma estrategia. Consideramos imprescindible que cada gran inversión en semiconductores tenga que presentar un Plan de Talento y Cualificaciones." - Rafael Sebastián, director general de Ciencia e Investigación de la Generalitat Valenciana
Para dar forma a esa idea, la Generalitat propone que los futuros proyectos estratégicos europeos en este ámbito incorporen compromisos concretos de formación y atracción de talento, y que se creen instrumentos específicos para financiar iniciativas educativas de gran escala. Entre las figuras que plantea figuran campus especializados en semiconductores, redes universitarias europeas, programas de doctorado industrial, centros de Formación Profesional avanzada y proyectos de recualificación profesional orientados a las necesidades reales de la industria.
No se trata, además, de una propuesta hecha desde la teoría. La Comunitat Valenciana ya cuenta con el Campus Internacional de Semiconductores, una iniciativa en la que participan la Generalitat, el Valencia Silicon Clúster, la Universitat Politècnica de València y la Universitat de València. Un laboratorio real del modelo que ahora se propone exportar a escala europea.
De la investigación al mercado: cerrar la brecha que frena a Europa
Uno de los talones de Aquiles históricos de la ciencia europea es su dificultad para transformar investigación de excelencia en productos, empresas e inversiones. La Generalitat lo señala directamente en su contribución y plantea medidas concretas para reducir esa brecha: facilitar el acceso de startups y pymes a infraestructuras europeas de investigación, plataformas de diseño y centros tecnológicos, e impulsar una red europea de transferencia de tecnología que acompañe el proceso desde el laboratorio hasta el mercado.
La primera Ley de Chips permitió financiar líneas piloto, centros de competencia y proyectos industriales considerados únicos en Europa, aunque Bruselas admite que la región continúa dependiendo del exterior en diseño y fabricación avanzada. La propuesta valenciana apunta exactamente a ese eslabón perdido.
Las regiones, de espectadoras a protagonistas
La contribución defiende también un cambio de modelo en la gobernanza europea de los semiconductores. Las denominadas European Semiconductor Regions of Excellence deben dejar de ser un título honorífico para convertirse en instrumentos reales de desarrollo industrial, capaces de conectar empresas, universidades, centros tecnológicos y administraciones públicas. La apuesta por la cooperación entre regiones europeas permitiría desarrollar capacidades complementarias en ámbitos tan diversos como el diseño de chips, la fotónica, la electrónica de potencia, la automoción, la inteligencia artificial aplicada o la formación especializada.
La lógica es sencilla: ninguna región europea puede competir sola con los grandes polos asiáticos o estadounidenses, pero una red de territorios especializados y coordinados sí puede hacerlo.
La industria como motor: del coche eléctrico al hospital del futuro
El cuarto eje de la propuesta valenciana apunta a aprovechar la fortaleza de los grandes sectores industriales europeos —automoción, energía, telecomunicaciones, salud o fabricación avanzada— como palanca para impulsar la producción local de semiconductores. La idea es identificar las necesidades tecnológicas de esas industrias y transformarlas en oportunidades concretas para las empresas del ecosistema de chips. Dicho de otra forma: que la demanda existente, en lugar de alimentar importaciones, impulse la producción propia.
Para la Comunitat Valenciana, todo esto no es solo política industrial europea en abstracto. En los últimos años, el territorio se ha consolidado como uno de los polos europeos con mayor actividad en torno al sector de los semiconductores, y la aprobación de una Chips Act 2.0 ambiciosa representaría una oportunidad directa para atraer inversión, generar empleo cualificado y reforzar su posicionamiento en los grandes programas europeos de innovación. La pregunta ahora es si Bruselas escuchará la voz de las regiones con la misma atención que presta a las grandes corporaciones.


