El paseo marítimo de Gandia está a punto de cambiar de cara. No para añadir más chiringuitos ni ampliar el asfalto, sino para algo menos habitual en primera línea de playa: convertirse en un espacio diseñado para hacer frente al calor. El municipio valenciano arranca las obras de su primer refugio climático en la fachada litoral, una intervención que se enmarca en una tendencia urbana cada vez más extendida en España y que en este caso da el salto —por primera vez— hasta la orilla del mar.
Un proyecto pionero junto al Mediterráneo
La actuación se desarrollará en el entorno del paseo marítimo Neptú, entre las calles Castilla-La Mancha y Castilla León, en las inmediaciones de la calle Aragón. El presupuesto asciende a 363.923 euros, con un plazo de ejecución previsto de tres meses, y ha sido adjudicada a la empresa CYCA. El inicio de los trabajos se ha programado deliberadamente para finales de septiembre, una decisión estratégica para no solapar las obras con los meses de mayor afluencia turística.
Lo que hace singular esta iniciativa no es solo su ubicación. Mientras que la mayoría de los refugios climáticos en España se ubican en el interior de las ciudades — bibliotecas, centros cívicos, museos, mercados, piscinas o parques con sombra —, Gandia lleva el concepto hasta la primera línea de playa, un espacio expuesto al sol durante horas y frecuentado por miles de personas cada verano.
"El proyecto responde al objetivo de avanzar hacia una ciudad cada día más sostenible y generar espacios urbanos más amables que contribuyan a mejorar la salud y el bienestar de la ciudadanía." - Maite Alonso, coordinadora general de Urbanismo del Ayuntamiento de Gandia
Más árboles, más sombra, más ciudad
Las obras contemplarán una transformación profunda del entorno. La actuación más visible será la duplicación del arbolado existente, tanto en la calle Aragón como en el propio paseo marítimo, lo que en la práctica significa pasar de una zona con escasa cobertura vegetal a un corredor de sombra real. A eso se suma la ampliación de la plataforma superior para crear una nueva zona de estancia y descanso, con espacios ajardinados, bancos y nuevo mobiliario urbano.
La accesibilidad también protagoniza el proyecto: se instalarán nuevas escaleras y una rampa accesible que facilitará el tránsito a personas con movilidad reducida, una deuda histórica en muchos paseos marítimos españoles que se construyeron sin pensar en este tipo de necesidades.
"La intervención permitirá mejorar el confort térmico del espacio, mejorar la accesibilidad, mejorar la integración paisajística y la calidad urbana de la primera línea de la playa." - Maite Alonso, coordinadora general de Urbanismo del Ayuntamiento de Gandia
El calor cambia los hábitos de los turistas
Detrás del proyecto hay también una lectura turística y económica. El cambio climático está provocando que las olas de calor sean cada vez más intensas y frecuentes , y eso tiene consecuencias directas en la forma en que los visitantes disfrutan de la playa. La regidora de Turismo, Balbina Sendra, lo explica con datos concretos: durante los episodios de temperaturas extremas, los turistas reducen su actividad en las horas centrales de la tarde y concentran gran parte de ella en horario nocturno. En otras palabras, el calor está reescribiendo el guión del verano en la costa mediterránea.
"Los refugios climáticos son una herramienta de seguridad, sostenibilidad y accesibilidad." - Balbina Sendra, regidora de Turismo del Ayuntamiento de Gandia
Sendra ha subrayado además la necesidad de continuar con una modernización planificada y estratégica de la fachada marítima, adaptada al carácter peatonal que adquirió este espacio tras su transformación en 2021. Aquella reforma ya supuso un punto de inflexión para el paseo; este nuevo refugio climático aspira a consolidar el camino iniciado entonces.
Un proyecto piloto con vocación de modelo
España ha sido uno de los primeros países en convertir la idea de los refugios climáticos en una política urbana estable. Barcelona fue la ciudad pionera, adaptando una red de espacios cotidianos para que funcionaran también como lugares de confort térmico, de modo que el refugio climático dejó de ser una respuesta improvisada para convertirse en una infraestructura pública de cuidado. Gandia quiere ahora escribir su propio capítulo en esa historia, pero con una diferencia sustancial: lo hace al borde del mar, allí donde el sol pega con más fuerza y donde la gente llega precisamente a disfrutar del calor.
El nuevo espacio se plantea explícitamente como un proyecto piloto y una primera actuación de adaptación de la primera línea de playa al escenario climático actual y futuro. Si funciona, podría convertirse en el modelo que otros municipios costeros necesitan imitar. Porque la pregunta ya no es si el calor va a cambiar la manera de vivir las playas españolas, sino cuántos ayuntamientos estarán preparados cuando eso ocurra.

