Una iglesia-fortaleza del siglo XIII vuelve a la vida: la Generalitat Valenciana invierte más de 1,3 millones en salvar el patrimonio de la Plana Alta

La Generalitat destina 1,3 millones a restaurar patrimonio cultural en seis municipios de la Plana Alta, con foco en la iglesia BIC de Torreblanca.

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Hay edificios que no son solo piedra. Son memoria colectiva, identidad de un pueblo y, a veces, la razón por la que alguien decide quedarse a vivir en él. Esa es la apuesta que lleva tres años haciendo la Generalitat Valenciana en la comarca de la Plana Alta, donde ha invertido 1.314.943 euros en ayudas para la restauración y conservación del patrimonio cultural de seis municipios, a través de la línea de la Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Presidencia para la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural valenciano.

Seis municipios beneficiados, cuatro de ellos en riesgo de despoblación

Entre 2024 y 2026, las subvenciones se han repartido entre Cabanes, Sierra Engarcerán, Vilafamés, Vilanova d'Alcolea, les Coves de Vinromà y Torreblanca. El dato que quizás más llama la atención es que cuatro de estos seis municipios tienen menos de 1.000 habitantes. No es un detalle menor: refleja una política deliberada de dirigir los recursos hacia los pueblos más expuestos al vaciamiento demográfico, donde conservar un edificio histórico puede marcar la diferencia entre la vitalidad y el abandono.

José Antonio Redorat, director general de Administración Local, visitó recientemente Torreblanca para comprobar sobre el terreno el avance de una de estas intervenciones. Durante su visita, vinculó explícitamente la recuperación del patrimonio con la lucha contra la despoblación rural.

"La recuperación del patrimonio histórico es una de las herramientas más eficaces para combatir la despoblación, porque actúa sobre varios factores a la vez: genera actividad económica, refuerza la identidad local, mejora la calidad de vida y aumenta el atractivo de los municipios para vivir, emprender y visitar" - José Antonio Redorat, director general de Administración Local de la Generalitat Valenciana

La iglesia-fortaleza de Sant Francesc: ocho siglos de historia que recuperar

El caso más emblemático de esta ronda de ayudas es el de la iglesia de Sant Francesc de Torreblanca, que recibe una subvención de 149.998,28 euros para trabajos de consolidación y mejora de la accesibilidad. La iglesia se construyó a finales del siglo XIII y fue fortificada por el obispo de Tortosa a principios del siglo XV. Integrada en el recinto defensivo medieval de la localidad durante la Reconquista, fue sede parroquial hasta la construcción de la iglesia de San Bartolomé, en el siglo XVII.

Su historia no ha estado exenta de episodios dramáticos. En 1397 se produjo el saqueo y quema de Torreblanca a manos de los berberiscos, que se llevaron un cuantioso botín que incluía la custodia de esta iglesia y población cautiva. Siglos después, en 2007 el conjunto fue reconocido como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento.

Pero el tiempo y las decisiones constructivas han pasado factura. El problema estructural del edificio tiene un origen muy concreto: la cubierta original de madera fue sustituida en algún momento por bóvedas, lo que incrementó considerablemente las cargas sobre los muros y provocó grietas visibles en los paramentos exteriores. A eso se suman importantes problemas de humedad que, de no atajarse, pueden comprometer incluso las pinturas murales interiores del templo.

Una intervención quirúrgica sobre la piedra histórica

El proyecto contempla trabajos de consolidación estructural mediante el cosido de grietas con inyecciones de cal hidráulica y varillas de fibra de vidrio, además de actuaciones específicas para frenar las humedades por capilaridad. Asimismo, se ejecutan mejoras en la impermeabilización de la cubierta y en la evacuación de aguas pluviales, junto a labores de limpieza de paramentos y eliminación de vegetación y materiales incompatibles con la fábrica original del edificio.

Uno de los aspectos más relevantes de la actuación es, quizás, el que menos llama la atención a primera vista: la accesibilidad. La adecuación del acceso principal incluye la creación de un itinerario accesible con una rampa integrada en la topografía del entorno, lo que permitirá que el edificio pueda seguir utilizándose como espacio cultural inclusivo sin alterar su valor histórico. No se trata solo de restaurar el pasado, sino de garantizar que este edificio tenga futuro.

Las obras siguen los plazos previstos y estarán finalizadas en cuestión de semanas, momento en el que los vecinos podrán volver a disfrutar plenamente de uno de los espacios patrimoniales más representativos del municipio. El actual equipo de gobierno de Torreblanca reabrió el espacio de la iglesia de Sant Francesc y la ha convertido en un puntal clave de la vida cultural del municipio, con exposiciones y actividades que ya han demostrado que la historia bien contada puede llenar de vida hasta las piedras más antiguas.

El argumento de fondo, en definitiva, es que restaurar un muro del siglo XIII no es un gasto cultural: es una inversión en territorio. Cuando un pueblo cuida lo que tiene, manda una señal poderosa hacia dentro y hacia fuera. Y a veces, esa señal es suficiente para que alguien decida no marcharse.