Hay asociaciones que existen sobre el papel y las hay que existen en la calle, con las manos en la masa —o en este caso, repartiendo alimentos— cada día del año. Ca la Mare, con sede en Catarroja, lleva desde 2014 siendo ese segundo tipo de organización: la que no cierra cuando arrecia el temporal, ni siquiera cuando el temporal lo destroza todo a su paso. La vicepresidenta primera de la Generalitat Valenciana y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad, Susana Camarero, visitó recientemente sus instalaciones para reunirse con su presidenta, Giovanna Rodríguez, y otros miembros del colectivo.
Una visita para escuchar, no solo para fotografiarse
El encuentro no fue un acto protocolario al uso. Camarero subrayó que el propósito principal era "conocer de primera mano las necesidades reales de las personas y seguir mejorando las respuestas públicas que ofrecemos desde las administraciones". En un momento en que la desconfianza ciudadana hacia las instituciones no atraviesa su mejor hora —especialmente en una comarca como l'Horta Sud, todavía herida por la dana—, este tipo de visitas de trabajo adquieren un peso simbólico que va más allá del apretón de manos.
La vicepresidenta destacó la importancia de establecer sinergias entre la Generalitat y las entidades sociales para favorecer la inserción laboral y la atención de los colectivos más vulnerables, con el objetivo de avanzar hacia una sociedad más inclusiva. Una declaración de intenciones que, en boca de una responsable política, solo cobra valor si va acompañada de compromisos concretos de financiación y colaboración con el llamado Tercer Sector.
Más de una década en primera línea de la exclusión social
Ca la Mare no es una entidad recién nacida al calor de una emergencia. Fundada en 2014, su labor cotidiana incluye el reparto diario de alimentos a personas en riesgo de exclusión social, pero su radio de acción va mucho más lejos: apoyo en trámites administrativos, orientación e inserción laboral, refuerzo escolar para menores y acompañamiento social y jurídico a familias vulnerables. Es, en definitiva, lo que los expertos llaman un recurso integral: un espacio donde alguien sin trabajo, sin papeles o sin saber muy bien a qué puerta llamar puede encontrar una respuesta.
"Ca la Mare fue un ejemplo de entrega y compromiso, manteniendo y prestando su ayuda incluso cuando sus propias instalaciones también resultaron afectadas por el temporal" - Susana Camarero, vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad de la Generalitat Valenciana
La dana los golpeó, pero no los detuvo
El capítulo más reciente —y quizás el más revelador del carácter de esta asociación— se escribió durante la dana del 29 de octubre de 2024, la catástrofe natural que asoló buena parte de la provincia de Valencia y convirtió municipios enteros de l'Horta Sud en escenarios de devastación. Ca la Mare se convirtió en uno de los principales puntos de ayuda humanitaria de la comarca, colaborando estrechamente con la Dirección General de Diversidad de la Generalitat en la distribución de alimentos, agua, productos de higiene personal, ropa, mobiliario y otros artículos de primera necesidad para las familias afectadas.
Lo que hace este episodio especialmente significativo es el detalle que la propia Camarero puso sobre la mesa: la sede de la asociación también resultó dañada por el temporal. Es decir, mientras sus propias instalaciones sufrían los efectos de la riada, sus voluntarios y responsables seguían en pie, atendiendo a quienes lo habían perdido todo. Pocas imágenes ilustran mejor el concepto de resiliencia comunitaria.
El Tercer Sector, un socio imprescindible que a menudo trabaja en la sombra
Camarero aprovechó la visita para reconocer y agradecer públicamente la labor de asociaciones como Ca la Mare, destacando que su aportación no se limita a la ayuda material, sino que incluye "acompañamiento, dignidad y oportunidades" para quienes más lo necesitan. El Consell reiteró además su compromiso de seguir fortaleciendo la colaboración con las entidades del Tercer Sector para ofrecer una atención más cercana, eficaz y adaptada a las personas y familias en situación de vulnerabilidad.
El reto, claro está, es que ese compromiso se traduzca en recursos sostenidos en el tiempo. Las entidades sociales como Ca la Mare rara vez escasean de voluntad; lo que escasean, con demasiada frecuencia, son fondos y reconocimiento institucional estable. La visita de la vicepresidenta es un gesto que va en la dirección correcta, pero el verdadero test llegará en los próximos meses, cuando la reconstrucción de l'Horta Sud exija no solo maquinaria pesada, sino también el tejido social que asociaciones como esta llevan más de una década construyendo.


