Vivir con dolor durante siete años. Esa es la media que soportan quienes padecen dolor crónico en la Comunitat Valenciana, una condición que no solo duele, sino que agota, aísla y, con demasiada frecuencia, queda mal atendida por un sistema sanitario que hasta ahora carecía de una estrategia común. La Conselleria de Sanidad ha dado un paso decisivo para cambiar esa realidad con la aprobación del Plan para la Atención Integral e Interdisciplinar a las Personas con Dolor de la Comunitat Valenciana, un documento que por primera vez establece un marco unificado para prevenir, detectar, tratar y hacer seguimiento del dolor en todas las etapas de la vida.
Un problema de salud pública que afecta a más de un millón de personas
Las cifras hablan por sí solas. El dolor crónico afecta al 26,1% de la población adulta valenciana, lo que se traduce en más de un millón de personas. Quienes lo padecen no solo conviven con él durante una media de siete años, sino que lo hacen con una intensidad media de 7 puntos sobre 10, y el 64,3% describe su dolor como intenso o muy intenso. No es una molestia menor: es una carga constante que atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana.
El dato valenciano encaja con la tendencia nacional. El dolor crónico afecta al 25,9% de la población adulta española, lo que supone más de 9 millones de personas en todo el país. La Comunitat Valenciana, con su 26,1%, se sitúa ligeramente por encima de esa media, lo que subraya la urgencia de una respuesta estructurada.
Y las consecuencias van mucho más allá del sufrimiento físico. Más del 20% de los afectados presenta cuadros depresivos asociados. Casi el 65% sufre alteraciones del sueño. Y el 28,6% ha necesitado una baja laboral durante el último año. El dolor crónico es en este momento uno de los principales motivos de baja laboral en España. En la Comunitat Valenciana, este impacto tiene nombre, apellidos y consulta médica pendiente.
Una hoja de ruta para dejar de improvisar
El plan, que inicia ahora su fase de implantación, propone un modelo orientado a la cronicidad, centrado en la persona y sostenido sobre tres pilares: continuidad asistencial, coordinación entre niveles sanitarios y participación multidisciplinar. En la práctica, esto significa acabar con la fragmentación que obliga a muchos pacientes a repetir pruebas, explicar su historial una y otra vez o esperar meses para ser derivados a una unidad especializada.
"Una hoja de ruta común para ofrecer una atención al dolor más accesible, coordinada y adaptada a las necesidades de cada persona" - Ana Isabel Teijelo, directora general de Atención Hospitalaria de la Conselleria de Sanidad de la Comunitat Valenciana
La sanidad pública valenciana cuenta actualmente con 23 Unidades del Dolor, que en 2025 atendieron un total de 62.649 consultas. Una cifra relevante, pero insuficiente si se tiene en cuenta que detrás de cada consulta hay, en muchos casos, años de espera y derivaciones fallidas.
Atención Primaria, en el centro del cambio
Uno de los ejes más relevantes del plan es el refuerzo del papel de la Atención Primaria. La atención primaria es el servicio de referencia para los pacientes con dolor crónico. El plan recoge esa realidad y la convierte en una palanca de cambio: cada centro de salud contará con un profesional referente en dolor, figura que hasta ahora brillaba por su ausencia en la mayoría de los centros.
Además, se establecerán protocolos comunes, criterios homogéneos de derivación e interconsultas entre Atención Primaria, servicios hospitalarios y unidades especializadas. La novedad más llamativa son las llamadas Unidades de Afrontamiento Activo del Dolor en Atención Primaria, equipos integrados por médicos de familia, enfermería, psicología y fisioterapia que ofrecerán intervenciones basadas en el ejercicio terapéutico, la educación sobre el dolor, el apoyo psicológico y el autocuidado. No se trata solo de recetar: se trata de enseñar a vivir mejor con una condición que, en muchos casos, no tiene cura definitiva.
Los más vulnerables, en el foco
El plan presta especial atención a quienes más lo necesitan. En el ámbito domiciliario, se mejorará el abordaje del dolor desde las Unidades de Hospitalización a Domicilio, con especial foco en personas mayores, pacientes con pluripatología, dependencia, cronicidad compleja o en situación de final de vida.
"Pone especial atención en las personas más vulnerables para que el abordaje del dolor contribuya a preservar su autonomía y mejorar su calidad de vida, también en el entorno domiciliario" - Ana Isabel Teijelo, directora general de Atención Hospitalaria de la Conselleria de Sanidad de la Comunitat Valenciana
En el ámbito pediátrico, el documento prevé protocolos específicos y profesionales referentes en los centros, con el objetivo de garantizar una transición segura hacia la atención adulta. El plan contempla además valorar la creación de una Unidad Multidisciplinar de Dolor Pediátrico de referencia autonómica para los casos más complejos, una figura aún inexistente en la comunidad. En España, el 37,3% de los estudiantes entre 8 y 16 años sufre alguna forma de dolor crónico , lo que convierte la atención pediátrica en una prioridad que no puede seguir esperando.
Evaluación continua para que el papel no quede en papel
Uno de los riesgos habituales de los planes sanitarios es que se presenten con fanfarria y se olviden en un cajón. El plan valenciano intenta blindarse contra ese riesgo con un sistema de evaluación anual que incluirá indicadores sobre accesibilidad, coordinación asistencial, formación, calidad percibida e impacto clínico y funcional. La Comisión Autonómica para la Atención al Dolor coordinará el seguimiento general, mientras que los comités de las Agrupaciones Sanitarias Interdepartamentales supervisarán su aplicación sobre el terreno.
El proceso de elaboración también merece mención: el documento ha sido redactado con la participación de profesionales de Atención Primaria, especialistas de las Unidades del Dolor, representantes del ámbito académico y social, asociaciones de pacientes y entidades del tercer sector. Rara vez un plan sanitario nace con tanta cocina compartida. Si la implantación es fiel a ese espíritu colaborativo, más de un millón de valencianos podrían notar, por fin, que su dolor también importa al sistema.


