Hay infraestructuras que, con el tiempo, dejan de ser solo ingeniería para convertirse en la columna vertebral de toda una economía. El trasvase Tajo-Segura es una de ellas. Con 47 años de historia y 286 kilómetros de recorrido, este acueducto sostiene la agricultura de buena parte del sureste español, desde la Vega Baja alicantina hasta los campos de Almería, pasando por gran parte de la Región de Murcia. Y ahora, su futuro vuelve a estar en el centro del debate político.
Los consellers y consejeros de Agricultura de la Comunitat Valenciana, Murcia y Andalucía se reunieron este martes para presentar un frente común en defensa del trasvase. A la mesa se sentaron Miguel Barrachina, titular valenciano de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca; Joaquín Buendía, su homólogo murciano; Ramón Fernández-Pacheco, por la Junta de Andalucía; y Lucas Jiménez, presidente del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS). El mensaje fue unívoco: el trasvase es estratégico y no puede sacrificarse.
El agravio del agua que va a Portugal
El argumento más contundente lo puso sobre la mesa Barrachina, y tiene el peso de las cifras. Durante el actual ciclo hidrológico, más de 11.400 hectómetros cúbicos del Tajo han sido enviados a Portugal en virtud de los acuerdos internacionales de caudales mínimos. Mientras tanto, el Gobierno central estudia reducir en otros 100 hectómetros cúbicos el agua destinada a Alicante, Murcia y Almería. La contradicción resulta difícil de ignorar.
"No tiene sentido enviar a Portugal un volumen muy superior al establecido y, al mismo tiempo, recortar el agua que necesita la huerta más productiva de Europa" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
Para entender la magnitud del problema, basta con un dato: esos posibles recortes podrían afectar a alrededor de 10 millones de árboles. No son parcelas abstractas en un mapa hidrológico; son naranjos, limoneros y hortalizas que alimentan mercados de media Europa y generan empleo en miles de familias del litoral mediterráneo.
Liétor: el canal herido en Albacete
La urgencia no es solo política. El canal del trasvase presenta daños en su paso por Liétor, en la provincia de Albacete, lo que ha obligado a interrupciones en el suministro. Barrachina exigió al Gobierno de España que acelere la reparación de esas averías y que el período durante el que no pueda trasvasarse agua se compense ampliando las transferencias más allá del 1 de octubre, una fecha que marca el inicio del nuevo año hidrológico. La Vega Baja, especialmente dependiente de estos recursos, es la zona que más presión acumula ante cualquier retraso.
Los agricultores de estas comarcas llevan décadas adaptándose a la escasez. Han invertido en riego localizado, automatización, digitalización y sistemas de precisión para extraer el máximo rendimiento de cada gota disponible. Ese esfuerzo tecnológico, reconocido internacionalmente, choca ahora con la incertidumbre sobre la continuidad de los recursos hídricos que lo hacen posible.
"Nuestra agricultura aprovecha cada gota de agua y lo hace con tecnología, precisión y eficiencia. Ese esfuerzo necesita seguridad en los recursos y reglas estables que permitan planificar" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
La demanda de un Plan Nacional del Agua
Más allá de la urgencia inmediata, los representantes de las tres comunidades coincidieron en reclamar algo más estructural: un Plan Nacional del Agua que supere la lógica de los intereses territoriales enfrentados y apueste por la interconexión de cuencas, la solidaridad interterritorial y la seguridad jurídica para agricultores y empresas del sector agroalimentario. Una política de Estado, en definitiva, que ningún ciclo de gobierno pueda desmantelar a golpe de decreto.
La demanda no es nueva, pero sí resulta más apremiante en el contexto del cambio climático. Las proyecciones apuntan a que el sureste peninsular será una de las zonas de Europa más afectadas por la reducción de precipitaciones y el aumento de temperaturas en las próximas décadas. En ese escenario, las infraestructuras hídricas dejan de ser una ventaja competitiva para convertirse en una necesidad de supervivencia.
"España necesita una política del agua que mire al conjunto del territorio y no enfrente a unos españoles con otros" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
La reunión de este martes no resuelve ningún conflicto, pero sí lo visibiliza con fuerza. Detrás de cada hectómetro cúbico que se debate en una comisión técnica hay cosechas, contratos de trabajo, pueblos que crecen o se vacían. Garantizar el agua, insisten desde las tres comunidades, es garantizar también el futuro de buena parte del tejido productivo del Mediterráneo español.

