Había barro incrustado entre los hilos de seda, deformaciones que alteraban la forma original de las piezas y manchas que el tiempo y el agua habían sellado sobre tejidos de tres siglos de antigüedad. Así llegaron al taller del Institut Valencià de Conservació, Restauració i Investigació (IVCR+i) los textiles litúrgicos de la Parroquia de San Juan Bautista de Chiva, arrastrados por la riada que el 29 de octubre de 2024 cambió para siempre el paisaje de buena parte de la Comunitat Valenciana. Ahora, meses después, esas piezas han sido devueltas a la vida.
El IVCR+i, organismo dependiente de la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades, ha concluido los trabajos de conservación y restauración de un conjunto de cinco ornamentos religiosos que forman parte del patrimonio histórico, artístico y devocional de esta localidad valenciana. Las piezas recuperadas son una casulla bordada, un collarín, un manípulo, una bolsa de corporales y un cubrecáliz, elementos que hasta el día de la catástrofe se usaban en la liturgia católica y que, tras la dana, quedaron gravemente comprometidos.
Seda del siglo XVIII bajo el lodo
No todas las piezas tienen el mismo origen ni la misma historia. El manípulo, la bolsa de corporales y el cubrecáliz fueron confeccionados durante el siglo XVIII en tejido de seda moaré espolinada —una técnica textil de gran complejidad— con aplicaciones de galones e hilos metálicos plateados. Hablamos de objetos que han sobrevivido guerras, epidemias y siglos de uso litúrgico, solo para ser derrotados, casi, por el barro de una riada. La casulla y el collarín, por su parte, pertenecen a un terno litúrgico de principios del siglo XX, elaborado en raso de seda bordado con hilos metálicos, cordoncillos y lentejuelas doradas con motivos florales, vegetales y ornamentales.
La dana dejó una huella profunda en el patrimonio cultural valenciano. La riada afectó a 564 bienes de interés cultural y de relevancia local, con especial impacto en iglesias, ermitas y patrimonio etnográfico. El patrimonio religioso no escapó a los estragos: iglesias de municipios como Paiporta o Alaquàs sufrieron inundaciones que dejaron criptas y suelos cubiertos de lodo, requiriendo una limpieza especializada para evitar daños mayores. En ese contexto, los ornamentos de Chiva representan un caso paradigmático: piezas de uso cotidiano en la liturgia que, al mismo tiempo, son testigos materiales de siglos de historia.
El caso más difícil: la bolsa de corporales
De todas las intervenciones, la más compleja fue la de la bolsa de corporales. Esta pieza, usada para guardar el corporal —el lienzo que se extiende sobre el altar durante la misa—, presentaba importantes acumulaciones de suciedad, deformaciones estructurales y un avanzado deterioro de los materiales internos que le proporcionaban rigidez. El agua no solo mancha: también deforma, pudre y desintegra. Los cartones interiores, empapados durante la riada, tuvieron que ser reemplazados íntegramente por materiales de conservación con pH neutro, más estables y adecuados para la preservación a largo plazo.
En el caso de la casulla y el collarín, la complejidad era de otro tipo. Para acceder a las zonas dañadas fue necesario desmontar parcialmente ambas piezas, estabilizar los tejidos originales y reconstruir su estructura. Un trabajo de precisión quirúrgica que exige tanto conocimiento histórico como dominio técnico.
Restaurar sin alterar: el principio de mínima intervención
El equipo técnico del IVCR+i aplicó en todo momento criterios de mínima actuación y respeto por los materiales originales, una filosofía que guía la restauración patrimonial contemporánea y que busca intervenir lo justo para preservar lo máximo. Los trabajos incluyeron microaspiración y limpieza mecánica controlada para retirar restos de barro, tratamientos físico-químicos sobre los elementos metálicos, limpiezas acuosas monitorizadas, alineación de fibras textiles, eliminación de deformaciones y consolidación de las zonas debilitadas mediante costuras de restauración y soportes específicos.
Cada decisión, por pequeña que pareciera, tenía consecuencias sobre tejidos que llevan décadas o siglos respondiendo al paso del tiempo. Limpiar demasiado puede ser tan dañino como no limpiar nada.
Un esfuerzo institucional de largo alcance
Esta actuación no es un caso aislado. La Generalitat Valenciana ha destinado más de seis millones de euros a la recuperación y puesta en valor del patrimonio cultural dañado por la dana y las inundaciones registradas en la Comunitat Valenciana el 29 de octubre de 2024. La consellera de Educación, Cultura y Universidades, Carmen Ortí, ha subrayado el compromiso del Consell con la restauración de los bienes culturales afectados, a lo que se suma cerca de un millón de euros adicional para actuaciones de emergencia.
Las ayudas están destinadas a subvencionar la restauración y revitalización de Bienes de Interés Cultural (BIC), Bienes de Relevancia Local (BRL), bienes muebles del patrimonio cultural valenciano inventariados y otros asimilados, así como el equipamiento de museos y colecciones museográficas del Sistema Valenciano de Museos que hayan sufrido daños como consecuencia de la dana.
Los textiles litúrgicos de Chiva son ahora, de nuevo, lo que siempre fueron: testimonio vivo de una comunidad y su fe a lo largo de los siglos. Su recuperación no es solo un logro técnico; es también un acto de memoria colectiva. Porque restaurar un manípulo del siglo XVIII o una casulla bordada no es simplemente devolver brillo a un objeto antiguo: es impedir que una riada borre, de paso, parte de lo que somos.


