Pérez Llorca reivindica en el 9 d'Octubre una Valencia más fuerte, justa y con voz propia: "No pedimos privilegios, sino igualdad"

El president apela al esfuerzo colectivo en el Día de la Comunitat para reclamar servicios públicos, financiación justa y reconstrucción tras la Dana.

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Pérez LLorca.
Pérez LLorca.
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El presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, aprovechó el discurso institucional del 9 d'Octubre para trazar una hoja de ruta ambiciosa: una Comunitat con servicios públicos sólidos, economía competitiva, territorio seguro tras la devastadora Dana de octubre de 2024 y, sobre todo, una voz que se escuche con fuerza en Madrid. No fue un discurso de celebración al uso. Fue, en buena medida, un manifiesto.

La fecha no es menor. Cada 9 de octubre, la Comunitat Valenciana conmemora la entrada del rey Jaume I en Valencia en 1238, poniendo fin al dominio musulmán y sentando las bases del que sería el Reino de Valencia. Este año, la efeméride añadía un peso simbólico extra: el 750 aniversario de la muerte del Conquistador, el monarca que, siete siglos y medio después, sigue siendo el referente fundacional de la identidad valenciana.

"Tenemos el deber de avanzar como sociedad con la mirada hacia un legado que, siete siglos y medio después, todavía está fuerte y vivo" - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana

El legado de Jaume I como punto de partida, no de llegada

Pérez Llorca no usó la historia como escaparate, sino como palanca. Si Jaume I dejó un reino, el compromiso del actual Consell es dejar una Comunitat "más próspera, más segura y más unida". Y añadió una frase con vocación de lema: los valencianos lo han conseguido siempre "trabajando, sin hacer ruido, y sin pedir permiso para ser lo que somos". Una forma de reivindicar la identidad sin estridencias, en un momento en que el debate sobre el autogobierno y la financiación autonómica sigue sin resolverse.

El discurso del president articuló cuatro grandes prioridades. La primera, unos servicios públicos que estén a la altura de las necesidades reales de los valencianos: sanidad pública fuerte, educación de calidad y servicios sociales dignos. No son promesas abstractas; son los pilares que, en la práctica cotidiana, determinan si una familia puede confiar en el sistema o si debe buscarse la vida por su cuenta.

Jóvenes, vivienda y economía: el triángulo imposible que hay que resolver

La segunda gran prioridad apunta directamente a los jóvenes. Pérez Llorca fue explícito: la Comunitat debe ser un territorio donde la gente pueda "desarrollarse, trabajar, tener una vivienda y formar una familia". Una aspiración que suena razonable pero que, en el contexto actual de precios disparados y mercado laboral precario, resulta cada vez más difícil de materializar.

Para lograrlo, el president defendió que se necesita "una economía que facilite la vida a las familias y que no ponga trabas al tejido productivo", con una máxima que resume bien su visión política: "No hay bienestar sin prosperidad". El crecimiento económico no como fin en sí mismo, sino como condición necesaria para sostener lo público.

La sombra de la Dana y la exigencia de una financiación justa

Inevitable en cualquier discurso institucional valenciano de los próximos años: la Dana de octubre de 2024. La catástrofe que asoló la provincia de Valencia dejó una herida profunda, y Pérez Llorca la incorporó como argumento para reivindicar "una tierra más segura y protegida", avanzando en la reconstrucción y en la preparación del territorio ante futuros episodios extremos.

Pero la reivindicación más política llegó cuando el president situó la financiación autonómica en el centro del debate. La Comunitat Valenciana arrastra históricamente uno de los peores niveles de financiación per cápita de España, una situación que los sucesivos gobiernos de Valencia han denunciado sin que el problema haya encontrado solución duradera. Pérez Llorca fue contundente: exige "una financiación justa, el agua que requiere el campo valenciano, además de las infraestructuras y las inversiones imprescindibles para continuar creciendo". Y lo encuadró en un argumento difícil de rebatir: "No pedimos privilegios, sino igualdad y que se corrijan las injusticias".

Señas de identidad que no tienen dueño

El president también entró en el terreno más simbólico, pero no por ello menos relevante. Reivindicó que la Senyera, la lengua valenciana y las tradiciones "no tienen propietarios, son de todos", en una apelación a la unidad que evita apropiaciones partidistas de los símbolos compartidos. Un mensaje que, en el contexto de la política valenciana, tiene un destinatario claro aunque no se nombre.

En esa misma línea, defendió que los valencianos no necesitan "renunciar a nada para ser, al mismo tiempo, una parte esencial de España y de Europa". Una idea aparentemente sencilla, pero cargada de implicaciones: identidad propia y pertenencia nacional no son términos excluyentes, sino complementarios. El autogobierno, en palabras del president, es "la expresión contemporánea de esa voluntad colectiva" y, concluyó, "lo que queremos ser no se pide, se ejerce y se defiende".

El discurso cerró con un reconocimiento a las personas y entidades premiadas en la jornada, a quienes definió como "una guía y un ejemplo para ser mejores". Pequeño gesto protocolario, sí, pero también un recordatorio de que la identidad valenciana no se construye solo desde los despachos, sino desde el talento y el compromiso de quienes, día a día, la hacen real.