Un paseo por un parque verde sin estornudos, sin antihistamínicos de urgencia y sin mirar el móvil para consultar el nivel de polen. Ese es, en parte, el horizonte que persigue la Generalitat Valenciana con una iniciativa que va bastante más allá de plantar árboles sobre el territorio arrasado por la DANA de 2024. Los parques inundables metropolitanos previstos en el barranco del Poyo y en el antiguo cauce del Túria incorporarán senderos hipoalergénicos y medidores de polen en tiempo real, convirtiéndose en los primeros espacios de este tipo en España.
Un acuerdo entre salud y territorio
El comisionado para la Recuperación, Raúl Mérida, se reunió con las representantes de la Asociación Valenciana de Alergología e Inmunología Clínica (AVAIC), Carolina Perales y Mónica Aleixos, para presentar el proyecto y abrir una línea permanente de colaboración. El resultado fue un acuerdo para integrar criterios de salud ambiental desde el propio diseño de los parques, no como un añadido de última hora, sino como parte estructural del proyecto.
El contexto no es menor. El macroproyecto de los parques inundables abarca una superficie de 1.485 hectáreas y contempla la creación de más de 72 kilómetros de recorridos verdes y fluviales para crear una infraestructura de escala metropolitana, vinculada a las cuencas del Poyo y del Túria. En condiciones normales funcionarán como zonas de recreo, corredores ecológicos y áreas agrícolas compatibles, mientras que durante episodios de lluvias intensas actuarán como áreas de expansión controlada del agua, reduciendo la presión sobre núcleos urbanos. Un proyecto de esa envergadura, ahora, también tendrá en cuenta a ese 20% de la población que sufre polinosis —la sensibilización clínica a los alérgenos del polen.
"Queremos que estos parques sean un referente nacional no solo por su capacidad para aumentar la seguridad frente a futuras inundaciones, sino también por integrar criterios innovadores de salud pública y calidad de vida" - Raúl Mérida, comisionado para la Recuperación de la Generalitat Valenciana
Itinerarios diseñados para no estornudar
La idea de los senderos hipoalergénicos parte de un principio sencillo pero con un impacto cotidiano enorme: evitar en determinadas zonas del parque la plantación de especies con alto potencial alergénico. En la Comunitat Valenciana, los pólenes más problemáticos son los de gramíneas —las hierbas comunes—, cupresáceas como cipreses, cedros y enebros, olivo y plataneras. Elegir bien qué se planta y dónde puede marcar la diferencia entre un paseo agradable y una tarde con los ojos llorosos.
Mérida recuerda que la propia DANA actuó como detonante de esta reflexión: "La dana de 2024 provocó un incremento de problemas respiratorios y reacciones alérgicas asociadas a la proliferación de determinados hongos y alérgenos atmosféricos", razón por la que la recuperación del territorio se entendió también como una oportunidad para diseñar espacios más saludables. El objetivo, según subrayó el comisionado, es crear itinerarios más seguros y confortables para las personas sensibles al polen sin renunciar a la riqueza paisajística y ambiental de estos espacios. No se trata de un parque aséptico, sino de uno más pensado.
Datos en tiempo real para planificar la salida al parque
La segunda gran novedad son los medidores de polen. Su función será monitorizar en tiempo real la concentración atmosférica de los principales alérgenos del entorno, con la información volcada hacia la ciudadanía para que quienes padecen alergias respiratorias puedan planificar sus actividades al aire libre según las condiciones del momento. Porque, como señala Mérida, los picos de alergia al polen se concentran habitualmente entre abril y junio, pero no responden a un calendario fijo: las condiciones meteorológicas los desplazan y modulan constantemente.
Los dispositivos que se instalen en estos parques pasarán a integrarse en la Red Valenciana de Vigilancia y Control de la Contaminación Atmosférica (RVVCCA), que realiza análisis del aire en tiempo real y transfiere la información al Centro de Control de la Calidad del Aire, dependiente de la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras y Territorio. Además, se incorporará un nuevo medidor a la red aerobiológica gestionada por AVAIC, que ya cuenta con estaciones en Castellón, València (Hospital Clínico), Xàtiva, Alcoi, Alicante, Elche, Elda, Orihuela y Pego.
Un modelo de recuperación que mira más allá del hormigón
Lo que hace singular a este proyecto no es solo su escala — más de 150 millones de euros para alargar el antiguo cauce del Turia y desarrollar una infraestructura similar en L'Horta Sud — sino la voluntad de integrar disciplinas que raramente se sientan en la misma mesa: ingeniería hidráulica, urbanismo, ecología y ahora también alergología. Esta solución basada en la naturaleza responde a un cambio de enfoque: pasar de combatir el agua a convivir con ella de forma planificada y segura.
La colaboración entre la Generalitat y AVAIC abre una vía que podría replicarse en otras ciudades españolas. Si los parques inundables del área metropolitana de Valencia logran demostrar que un espacio verde puede ser simultáneamente una defensa ante riadas, un corredor ecológico, un refugio climático y un entorno amigable para personas con alergias, el modelo tendrá argumentos de sobra para ser exportado. La recuperación de un territorio castigado como pocas veces se ha visto en España se convierte, así, en un laboratorio a cielo abierto.


