Los colegios e institutos valencianos reciben los informes de diagnóstico de más de 87.000 alumnos para afinar su planificación educativa

La Conselleria de Educación entrega a los centros los resultados de la Evaluación de Diagnóstico 2025-2026, con una novedad: la dimensión emocional en matemáticas.

 - Actualizado a 05/10/2026 09:01

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Un lápiz y una calculadora
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¿Cómo sabe un colegio si sus alumnos aprenden bien matemáticas o si sus dificultades con el idioma van más allá del esfuerzo individual? La respuesta, al menos en parte, llega ahora en forma de datos. La Conselleria de Educación, Cultura y Universidades de la Comunitat Valenciana ha puesto a disposición de los centros educativos los informes de la Evaluación de Diagnóstico del curso 2025-2026, una radiografía competencial de más de 87.000 estudiantes que permitirá a equipos directivos y docentes tomar decisiones pedagógicas con evidencias reales sobre la mesa.

La Evaluación de Diagnóstico, regulada por la LOMLOE y de carácter censal —es decir, obligatoria para todos los centros sostenidos con fondos públicos—, se aplica en 4.º de Educación Primaria y en 2.º de Educación Secundaria Obligatoria, los dos momentos clave del trayecto escolar donde conviene tomar el pulso al sistema antes de que las brechas se consoliden. Este curso han participado más de 87.000 alumnos y alumnas de la Comunitat Valenciana, con pruebas realizadas durante los meses de mayo y junio.

Los informes recogen los resultados en competencia matemática y competencia lingüística, esta última evaluada en tres lenguas: valenciano, castellano y primera lengua extranjera —inglés o francés—. No es un ranking entre centros ni una nota que figure en el expediente del alumno; la ley expresamente prohíbe que los resultados se utilicen para clasificar escuelas. Su función es otra: devolver a cada centro un espejo fiel de sí mismo.

Digital, ágil y contextualizada

Un año más, las pruebas se han realizado íntegramente en formato digital. La Comunitat Valenciana figura entre las pocas comunidades autónomas que aplican esta evaluación de forma completamente digitalizada, lo que agiliza la gestión del procedimiento y permite obtener y analizar la información de manera más eficiente. Desde que se implantó esta modalidad telemática, la logística se ha simplificado considerablemente para los centros.

Pero los datos brutos, sin contexto, pueden engañar. Por eso los informes van más allá de los resultados y incorporan un análisis detallado de los factores de contexto que pueden condicionar el rendimiento: el Índice Socioeconómico y Cultural (ISEC), el género, la condición de migrante y la repetición de curso en ambas etapas educativas. La idea es evitar que un centro con alumnado especialmente vulnerable sea leído, sin más, como un centro con malos resultados. La equidad, en definitiva, también se mide.

La novedad: las emociones también cuentan en matemáticas

Si hay un cambio que distingue esta edición de las anteriores, es la incorporación del llamado sentido socioafectivo en la competencia matemática. Se trata de un componente nuevo, alineado con el currículo vigente, que va más allá de si el alumno sabe resolver una ecuación o interpretar una gráfica.

Este nuevo elemento analiza aspectos como la confianza del alumnado en sus propias capacidades matemáticas, su perseverancia ante los problemas difíciles, su disposición a afrontar retos y sus expectativas respecto al aprendizaje de las matemáticas. La pregunta de fondo es relevante: ¿puede un estudiante que sabe matemáticas pero que las teme rendir igual que otro con idénticos conocimientos pero con mayor autoconfianza? La evidencia educativa sugiere que no.

La incorporación de esta dimensión emocional ofrece, por tanto, una visión más completa del desempeño matemático real del alumnado y de los factores personales que influyen tanto en el aprendizaje como en su implicación cotidiana con la asignatura.

Una herramienta para mejorar, no para sancionar

La LOMLOE propone la evaluación de diagnóstico como un instrumento cuyo objetivo es recopilar información sobre el sistema educativo mediante la valoración de las competencias adquiridas por los estudiantes en relación con su contexto socioeconómico y familiar. En ese marco, los informes que ahora llegan a los centros no son el final del proceso, sino el principio: el punto de partida para que los claustros reflexionen colectivamente sobre sus prácticas de enseñanza y diseñen actuaciones concretas ajustadas a las necesidades reales de su alumnado.

En un sistema educativo donde los datos sobre el aprendizaje han tardado décadas en llegar de forma sistemática a quienes más los necesitan —los propios docentes—, la consolidación de una herramienta como esta supone un paso significativo. La Evaluación de Diagnóstico se convierte, así, en uno de los pocos instrumentos del sistema que pone cifras, contexto y matices en manos de quienes tienen que tomar decisiones día a día en las aulas valencianas. El reto ahora es que esa información se transforme en acción.