Hay historias que duermen en cajones, entre cartas amarillentas y fotografías sin fecha. La exposición 'Un vacío en Nueva York', de la artista valenciana Silvia Martí Marí (València, 1966), ha llegado al Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) para abrir esos cajones y preguntarle al presente qué sabe realmente sobre los miles de valencianos que, durante las primeras décadas del siglo XX, cruzaron el Atlántico en busca de un futuro en Estados Unidos. La muestra puede visitarse hasta el 6 de octubre en la sala 1 del centro.
Un duelo íntimo que se convierte en memoria colectiva
El origen de todo es personal. El fallecimiento de Margarita Catalina Ripoll Hansen, tía de la artista y última representante de una rama familiar instalada en Nueva York desde 1916, fue el detonante de una investigación que acabó siendo mucho más que un homenaje familiar. Martí Marí tiró del hilo de su propia historia y encontró al otro lado a cientos de valencianos cuya memoria casi nadie había recuperado.
El título de la exposición funciona en dos niveles: alude al vacío que deja una persona querida cuando muere, pero también al vacío historiográfico que rodea a toda una generación de emigrantes. Lejos de intentar reconstruir una historia completa, la propuesta trabaja con las lagunas, los silencios y las discontinuidades que toda memoria familiar contiene. No es un archivo exhaustivo, sino una conversación abierta con el pasado.
"Durante mi última estancia de investigación en 2024 volví a recorrer muchos de los itinerarios que había compartido con mi tía Margarita. Antes de convertirse en esculturas, fotografías o instalaciones, muchas de las obras empiezan siendo una experiencia física en el espacio" - Silvia Martí Marí, artista
La muestra fue presentada el lunes 5 de octubre por la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, junto al director-gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV), Nicolás Bugeda, y la propia artista. Para Alonso, la exposición "es una oportunidad para profundizar en el conocimiento de nuestra historia, conocernos mejor como sociedad y reconocer nuestras raíces, dentro y fuera de nuestras fronteras, concretamente en el continente americano".
Objetos que se convierten en escultura, recuerdos que se convierten en arte
La exposición se articula a través de fotografía, escultura, archivo e instalación. La primera sala se centra en la memoria familiar de la artista; la segunda amplía el foco hacia una dimensión colectiva. En ese recorrido, los objetos cotidianos adquieren un peso nuevo: el turrón que cruzaba el océano enviado por los familiares, los capazos de palma, el skyline de Nueva York intervenido por la mirada de quienes lo habitaron desde la nostalgia. Los recuerdos se convierten en obras de arte y los gestos de cuidado o reparación se transforman en formas de producir sentido.
Martí Marí no se ha limitado al archivo heredado. Ha escuchado a otros emigrantes, ha caminado las calles de Nueva York y ha construido un relato que reconoce tanto a quienes se fueron como a quienes se quedaron. "Para mí en esta historia son tan importantes los que se van, como los que se quedan, los que vuelven y los que no", explica la artista.
La 'Little Spain' del barrio 14 y la pastelería que llegó al videoclip de Bad Bunny
La investigación de Silvia Martí Marí ha sacado a la luz episodios sorprendentes. Uno de ellos es La Nacional, una cooperativa fundada en aquella época para apoyar a los nuevos emigrantes llegados de España. Hoy funciona como restaurante y punto de reunión en torno a la calle 14 de Manhattan, una zona que las autoridades neoyorkinas han reconocido oficialmente como 'Little Spain'. Un barrio español en el corazón de Nueva York, casi desconocido para la mayoría.
Pero quizás el hallazgo más inesperado sea el de Valencia Bakery, una pastelería fundada por inmigrantes valencianos originarios de Tárbena —el pueblo natal de la artista—. En los años 50 llegó a contar con 27 sucursales repartidas entre Nueva York, Nueva Jersey y Puerto Rico, y se convirtió en un referente para la comunidad hispana, especialmente la puertorriqueña. Hoy sigue operando con cinco establecimientos. Y su historia dio un giro inesperado cuando sus pasteles personalizados aparecieron en el videoclip de 'Un verano en NUEVAYoL', canción de Bad Bunny: un producto nacido de la emigración valenciana del siglo XX, recogido por el mayor exponente del reguetón contemporáneo.
Guastavino y los 15.700 nombres grabados en Ellis Island
La exposición también reivindica la figura de Rafael Guastavino, el arquitecto valenciano que con su ingenioso sistema de bóveda tabicada dio forma a algunos de los espacios más icónicos de la arquitectura estadounidense, exportando una tradición constructiva milenaria muy frecuente en el área mediterránea. Entre sus obras figura precisamente el Great Hall de Ellis Island, la sala de registro por la que llegaban los inmigrantes para entrar en Estados Unidos. La paradoja es poderosa: un valenciano diseñó las bóvedas del edificio por el que entraron miles de valencianos al país. Más de mil edificios en Estados Unidos parten de las innovaciones de Guastavino , pero su vínculo con la historia emigratoria valenciana rara vez se había contado de esta manera.
Una de las instalaciones más impactantes de la muestra rinde homenaje a los 15.700 valencianos que emigraron hacia Norteamérica desde todas las comarcas valencianas y cuyos nombres quedaron registrados en el Great Hall de Ellis Island. Nombres que pasaron por aquellas bóvedas de ladrillo valenciano y que durante décadas permanecieron en el olvido. La exposición, en definitiva, no solo recupera una memoria: la devuelve, con toda su materialidad y su peso, al lugar que siempre debió ocupar.

