Hay decisiones presupuestarias que se miden en euros y otras que se miden en personas. La Conselleria de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana acaba de conceder más de 8,5 millones de euros en ayudas para financiar inversiones en centros de servicios sociales, en una convocatoria que cubre todo el ciclo de vida de una infraestructura: desde el primer plano técnico hasta el último mueble colocado en una sala de día.
Un esfuerzo inversor que se distribuye en cuatro líneas
Las subvenciones, dirigidas a entidades locales y organizaciones sin ánimo de lucro, se articulan en cuatro grandes bloques que acompañan cada fase del desarrollo de un centro social. La lógica es sencilla: no sirve de nada tener terreno si no hay proyecto técnico, ni un proyecto si no hay dinero para construir, ni un edificio si no tiene equipamiento. Por eso la convocatoria financia todo el proceso de principio a fin.
El punto de partida es la planificación. La Generalitat ha destinado más de 513.000 euros a 15 entidades locales para la redacción de proyectos de construcción y reforma de centros. Son los planos, los cálculos estructurales, los informes de accesibilidad: la documentación técnica sin la cual ninguna obra puede comenzar. Un gasto invisible para el ciudadano, pero imprescindible.
"Estas ayudas permiten acompañar a las entidades en todas las fases necesarias para el desarrollo de una infraestructura social, desde la redacción del proyecto técnico hasta la construcción, reforma y equipamiento de los centros" - Borja Ottobrino, director general de Infraestructuras Sociosanitarias de la Generalitat Valenciana
Seis nuevos centros y decenas de reformas en marcha
El bloque más llamativo es el de nueva construcción: 2,47 millones de euros para crear seis nuevos recursos de servicios sociales que reforzarán la red de centros sociosanitarios en la Comunitat Valenciana. No es un dato menor si se tiene en cuenta que, según datos de la propia conselleria, la red valenciana llegó a perder residencias y plazas durante años. Hoy cuenta con 337 residencias y cerca de 29.000 plazas, y el objetivo para 2026 es alcanzar las 345 y superar las 37.000 entre residencias y centros de día.
Junto a la nueva construcción, hay también una apuesta decidida por lo que ya existe. Se han concedido 3,51 millones de euros a 40 entidades para obras de ampliación, mejora, modernización, adaptación y reparación de centros ya en funcionamiento. Reformar tiene su propio valor: mantener operativo un recurso que atiende a personas mayores o con discapacidad es, en muchos casos, tan urgente como abrir uno nuevo.
Finalmente, la línea de equipamiento ha movilizado 2,17 millones de euros para 50 entidades —locales, mancomunidades y sin ánimo de lucro—, destinados a adquirir mobiliario, maquinaria y equipamiento informático tanto para centros nuevos como para los ya existentes. Porque un edificio renovado sin los medios adecuados sigue siendo un edificio a medias.
El contexto: una apuesta social en cifras récord
Estas ayudas no llegan de forma aislada. La Conselleria de Servicios Sociales, Familia e Infancia cuenta en 2026 con un presupuesto de 2.731 millones de euros, un 5,5% más que en el ejercicio anterior y la mayor inversión social registrada en la historia de la Comunitat Valenciana. En ese marco general, los 8,5 millones de esta convocatoria representan una pieza concreta y práctica: el dinero que se materializa en ladrillos, rampas de acceso y ordenadores sobre una mesa.
La Conselleria trabaja además en la ejecución de 24 nuevas infraestructuras sociosanitarias que aportarán más de 1.800 plazas públicas a la red asistencial, con una inversión superior a 132 millones de euros financiada con fondos europeos y recursos propios de la Generalitat. Las ayudas ahora concedidas engranan con esa estrategia más amplia de modernización del sistema.
Los colectivos beneficiados son los que habitualmente más dependen de que las infraestructuras funcionen bien: personas mayores, personas con discapacidad, personas con problemas de salud mental y otros grupos atendidos por los servicios sociales. Para ellos, que un ascensor esté operativo, que una sala tenga luz natural o que el software de gestión sea moderno no son detalles: son condiciones que determinan su calidad de vida cada día. En eso consiste, al final, invertir en infraestructura social: en convertir el presupuesto en dignidad cotidiana.


